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Sonno Profondo

Alfredo Bonzo on 15 septiembre, 2014 - 5:42 pm in Giallo, PELÍCULAS
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Crítica: Sonno Profondo, de Luciano Onetti

Título original: Sonno Profondo. Año: 2013. Duración: 66 min. País: Argentina. Director: Luciano Onetti. Guión: Luciano Onetti. Música: Luciano Onetti. Fotografía: Luciano Onetti. Reparto: Daiana García, Luciano Onetti. Productora: Guante Negro Films.

Durante la década de los 90 el cine de terror conoció su etapa más triste en muchísimo tiempo. Pocas producciones acertaban a llegar al público, y los que lo hacían eran títulos muy comerciales que lejos de crear afición tenían un peligroso efecto rebote, estaban dirigidos a un segmento muy joven que únicamente mataba el tiempo en las salas sin que revirtiera en el fomento de una afición que languidecía en el terreno underground del VHS y del incipiente DVD. He aquí que un señor con un nombre larguísimo de ascendencia india realizó una película cuya aparente sencillez trajo una nueva era al cine fantástico: M. Night Shyamalan dirigió en 1999 una cinta protagonizada por Bruce Willis llamada El Sexto Sentido (The Sixth Sense, 1999), una cinta que significó el renacimiento del cine de género para adultos, a partir de aquí hemos asistido a un sinfín de producciones que han renovado los géneros de mil y una maneras, ensanchando el aforo de una afición que no para de crecer.

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Igual que el cine de vampiros, o el de fantasmas -con las influencias venidas de Oriente-, muchos subgéneros han sufrido una reinvención necesaria y lógica, el cine de zombies ha cambiado enormemente desde los tiempos de Romero y su Noche de los Muertos Vivientes, agotada la fórmula del necrófago de paso lento y aspecto podrido. Un poco tarde le ha llegado el turno al giallo, subgénero que navegaba entre las aguas de lo policíaco y lo terrorífico. El giallo, nacido en Italia, circunscrito a la geografía transalpina, con algún que otro ramalazo fílmico fuera de sus fronteras, murió de puro agotamiento. El giallo, de formulación canónica, contaba con elementos sumamente precisos que fueron usados en una cantidad innumerable de títulos hasta que el público dejó de tener interés por historias de asesinos traumatizados que ejecutaban sádicamente a sus víctimas –eso sí, cada vez de una manera diferente- en medio de tramas oscuras y laberínticas. El giallo tuvo sus maestros y sus obras cumbres, también aquellos que denostaron al subgénero explotándolo al máximo y crearon obras olvidables y de poca calidad. De cualquier manera, el giallo vuelve a estar en las pantallas de los festivales especializados treinta años después de su eclosión como fenómeno comercial, pero este moderno giallo, o neo-giallo, que es como se le prefiere llamar, implica necesarias variaciones formales respecto a los originales italianos.

El neogiallo de Sonno Profondo

La producción belga Amer (2009) abre fuego con un estilizado revival del género amarillo italiano, un tríptico que reunía referencias más que evidentes a los títulos más señeros pero que estaba tamizado por un magistral uso de la iluminación y los sonidos, amén de una planificación sobresaliente. Tulpa (2012), de Federico Zampaglione, se acercaba al giallo más clásico, una historia sazonada con elementos sobrenaturales rodada de una forma más convencional. Berberian Sound Studio (2012) no era propiamente un giallo pero la cinta de Peter Strickland nos ofrecía un viaje por aquellas sonoridades que pululaban las cintas italianas de la época. De nuevo, los creadores de la citada Amer, Hélène Cattet y Bruno Frozani,  trajeron bajo el brazo The Strange Colour of your Body´s Tears (2013), cinta donde el tándem de realizadores se despacha a gusto con las texturas, sonidos e iconos del giallo creando un sinfonía de formas interesante y visualmente muy atractiva pero de aprehensión imposible debido al metalingüismo inherente a su propuesta, alejada de toda pretensión narrativa.

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La última obra giallo que ha llegado a nuestros reproductores domésticos, una vez que ha pasado el filtro y la gloria de un buen puñado de festivales, ha sido Sonno Profondo (2013), dirigida, producida y mil cosas más por  el argentino Luciano Onetti; el director hace las veces de hombre orquesta y su nombre está presente en prácticamente todos los títulos de crédito de este largometraje de poco más de sesenta minutos de duración. Onetti crea una pieza destacable, un ópera prima interesante en cuanto a la recreación de un género desde las tripas, indagando en sus interioridades y sacándolas a la luz en un carrusel de colores vintage, sonoridades disonantes y texturas que están a medio camino entre la nostalgia del giallo y una atmósfera cargante y enfermiza muy alejada de preciosismos estéticos como que precisamente inspiran –plagian- algunas de las referencias usadas para esta película, comenzando por el mismo título del largometraje Sonno Profondo, en referencia a Rojo Oscuro (Profondo Rosso, 1975), una de las películas más reconocidas de Dario Argento.

Luciano Onetti en Sonno Profondo busca enfatizar la enfermedad de la mente del asesino, explotar el morbo de los primeros planos del serial killer y de las víctimas, resalta la textura de una sangre que parece pintura acrílica y se explaya en momentos de carácter onírico y dudosa utilidad a la trama de la película. También intenta realizar un retrato costumbrista de la época del giallo mediante el uso del idioma italiano en todo momento, de fotografías aviejadas y de textos escritos en italiano. El idioma del audio de Sonno Profondo es el italiano, acompañado por subtítulos en inglés para el público internacional. Todo el aparataje estético y formal de Sonno Profondo muestra una factura impecable e indolente a la acusación de plagio pues Onetti se desvela como un investigador, un desenterrador de las esencias del giallo a  favor de su recuperación en forma de puzle narrativo para los tiempos que corren, distintos a aquellos que hemos mencionado antes en los que el giallo era sólo una forma de hacer negocio en lugar de hacer arte.

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El problema que presenta Sonno Profondo es parecido al que nos encontramos en la segunda cinta de los realizadores Hélène Cattet y Bruno Forzani: la carencia de una estructura narrativa sólida que cohesione todo un cúmulo de secuencias visualmente atractivas. Onetti se limita a insinuar, a ensoñar a veces, a crear vínculos entre subtramas  casi imposibles de seguir, salidas a un laberinto que no llevan a ninguna parte para aclarar una trama que Onetti no desea aclarar, ensimismado en el éxtasis visual de su producto. Por más secuencias que dedique a estimular al público para averiguar quién es el asesino, quienes son sus víctimas y las motivaciones de unos y de otros, la explicación, siempre a medias, llega tarde y el puzle no es que sea complicado de resolver, es que carece de contornos, únicamente  dispone de unas cuantas piezas maestras que no es posible ensamblar más que con la ayuda de la sinopsis oficial de la película y de unos cuantos visionados más.

Luciano Onetti, brillante compositor –él ha sido el responsable de las increíbles sonoridades de Sonno Profondo-, no ha sabido hilvanar una trama necesaria y fundamental –como en cualquier giallo que se precie- para atrapar al espectador, ni aún al más entregado al giallo, creando una historia que queda atrapada entre brumas tintadas de vintage y referencias miles. Este factor es la causa de la pérdida en el vacío de un esfuerzo descomunal, el de levantar un giallo desde sus entrañas y de intentar de buscar nuevos caminos para un subgénero que lamentablemente se muestra preso de sus convencionalismos pese a amplio rango de posibilidades estéticas que puede ofrecer.

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