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Ilsa la Loba de las SS

Alfredo Bonzo on 7 septiembre, 2015 - 3:25 pm in Cine de Terror, PELÍCULAS

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Crítica: Ilsa La Loba de las SS, con Diane Thorne

 

Título: Ilsa La Loba de las SS (Ilsa She Wolf of the SS). Año: 1974. Duración: 96 min. País: Estados Unidos. Director: Don Edmonds. Guión: Jonah Royston, John C.W. Saxton. Fotografía: Glenn Roland. Reparto: Dyanne Thorne, Gregory Knoph, Tony Mumolo, Maria Marx, Jo Jo Devile, George ‘Buck’ Flower, Rodina Keeler.

Podemos afirmar sin ningún género de duda que Ilsa la Loba de las SS (Ilsa, She Wolf of the SS, 1974), es el incunable de la Nazixplotation. Clásico entre clásicos, ha sido y sigue siendo imitado hasta la saciedad, copiando descaradamente sus personajes y ofreciendo nuevos repertorios de torturas y sadismos. La idea original de Don Osmond tuvo una gran éxito debido a dos causas principales: primero, gran la cantidad de desnudos que muestra la cinta, entre ellos el de la madura e impactante anatomía de Dyanne Thorpe (la Comandante Ilsa), segundo el componente sexual explícito en sus escenas de crueldad, desde un mero desnudo –la chica torturada en la cámara de descompresión- a cualquiera de las innumerables torturas genitales –la escena de la castración o el test que realiza a las prisioneras con un enorme vibrador- que se muestran a lo largo y ancho de un metraje intenso que no deja indiferente a ningún espectador. La película comienza con un manifiesto en el que se afirma que todo el contenido de Ilsa la Loba de la SS sirve a un solo propósito: denunciar las atrocidades nazis y evitar que vuelvan a ocurrir. La desfachatez del manifiesto que va pasando por la pantalla -mientras suena de fondo un discurso de Hitler- pudo aliviar la conciencia del público de la época después de una hora y media de brutalidades y sexo soft , pero está claro que el ánimo historiográfico de Ilsa la Loba de las SS era pura fachada, teniendo en cuenta el ánimo de explotación con el que se realizaban este tipo de producciones y sus pretensiones morbosas: sexo y sadismo, bien en un campo de concentración, en la selva amazónica -recordemos las cannibal movies italianas-, o el interior de un convento –nunexplotation-.

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El personaje que interpreta Dyanne Thorpe en Ilsa la Loba de las SS, es el de Ilsa Koch, comandante de un campo de experimentación médica cuya misión es usar a presos para averiguar cuáles son los límites de la resistencia humana. Paradójicamente, Ilsa siempre exhibe una actitud muy feminista y casi a contracorriente de la época en un cine dominado secularmente por el género masculino, afirmando con pruebas científicas –fruto de las torturas a las que somete a sus prisioneros- que la mujer es más resistente físicamente que el hombre y por ello se le debe conceder el honor de combatir a los enemigos de Alemania. Distinta en cuanto a sus sádicos objetivos fue el personaje real en el que se inspira la película, el de la auténtica Ilsa Koch, esposa del oficial Karl Koch, comandante del campo de prisioneros de Buchenwald. Si los desmanes de los oficiales nazis en el campo de prisioneros ya eran constitutivos de delitos de lesa humanidad, los caprichos de Ilsa entraban de lleno en terrenos  perversión y psicopatía profunda: la rubicunda esposa del comandante abusaba de guardias y prisioneros, más a estos últimos les examinaba al dedillo en busca de tatuajes de calidad artística que ordenaba arrancar de su piel para construir pantallas de lámparas y otros objetos con los jirones de piel tatuada. Ilsa Koch, que nunca se arrepintió de sus crímenes, se suicidó en la cárcel de Aichach en 1967. La diabólica vida de Ilsa como cómplice y torturadora de las atrocidades nazis fue llevada al cine en tres ocasiones, si bien Ilsa la Loba de las SS es la que más directamente incide en el retrato de este personaje aún desde una óptica que se aleja del realismo para ofrecer un inquietante espectáculo de sadismo, sexo y morbo. Las otras dos aproximaciones cinematográficas a su persona, aún de forma difusa y hasta tangencial fueron Pascualino: Siete Bellezas (Pasqualino: Settebellezze, 1975) y El Lector (The Reader, 2008).

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En nuestro país, Ilsa la Loba de las SS, fue clasificada con la famosa “S”, notación que indicaba lo inapropiado del contenido para menores de 18 años, pero aún así el público tuvo una gran accesibilidad para ver la película, y a pesar de que aquí y cualquier parte del mundo, muchos pudieran sentirse ofendidos por los brutales experimentos médicos de la comandante Ilsa, Don Osmond crea con Dyanne Thorpe un personaje icónico y difícil de igualar. Es la actriz norteamericana la que con su espléndida anatomía y su gesto autoritario insufla vida a una película que contó con sólo un set de rodaje y número de actores que apenas llegaría a las dos docenas. En Ilsa la Loba de las SS el uso de los elementos iconográficos nazis es tan potente que la figura de Ilsa tiene una cabida perfecta en tan complicado escenario. Su escote, su ropa interior negra de encaje, su fogosidad en las escenas de sexo, su manera de caminar entre los presos o sus aires de superioridad, la hacen dueña y señora de un microcosmos del horror donde poco cabe la esperanza, parafraseando a Dante Alghieri, aunque llegado el último cuarto de la película Ilsa sucumbe a la fuerza de la pasión sexual de forma inesperada a manos de uno de los presos del campo y los nazis son derrotados. Buceando entre los personajes secundarios de Ilsa la Loba de las SS destaca de forma singular el del General  Roehm (Richard Kennedy), un burócrata del Reich que disfrutará con las perversiones y los experimentos de Ilsa, y en última instancia se someterá sexualmente a la comandante. El aspecto del general no sólo es aterrador por la frialdad y amoralidad que escenifica con su uniforme negro, también su aquiescencia con Ilsa y su posterior traición, desenlace que nos remite a un episodio verídico del final de la Segunda Guerra Mundial: el desmantelamiento de los campos de exterminio para borrar toda evidencia del genocidio nazi.

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El visionado de Ilsa la Loba de las SS nos lleva a al terreno del puro exploit, a esa zona oscura del discurso cinematográfico en el que los matices de los personajes y del guión son aristas tan afiladas que necesariamente debemos entrar en un polarizado juego moral. Aplicado a la Nazixplotation, nos enseña que todos los nazis eran unos criminales genocidas, vestían de cuero negro y realizaban atroces experimentos médicos a mayor gloria de su Führer y de su patria. Aunque la dinámica narrativa de Ilsa la Loba de las SS parezca así  también hemos de admitir, y con muchísimas reservas, la existencia de dos ideas presentes en el guión que se cruzan y se ensamblan para conjuntar un alegato que hasta podríamos tildar de “progresista”, –con las enormes reservas que éste término y su aplicación a Ilsa la Loba de las SS debemos en cuenta -; verbigracia del nacionalsocialismo Ilsa se revela como una despiadada “supermujer” en el retorcido sentido Nietzscheano de la palabra, ese sujeto que ha olvidado toda normal moral impuesta y se siente libre para hacer lo que le plazca, y se empeña en demostrar que las féminas son superiores a los hombres pues su resistencia física queda fuera de toda duda. Usa a las mujeres como cobayas en sus brutales experimentos pero sólo para demostrar esa verdad que para ella es incuestionable, más cuando debe ejecutar la perversión sexual de su idolatrado General  Roehm. De hecho la perdición de Ilsa se produce por la traición de dos hombres, la de éste último y la de su amante, un insaciable semental americano recién ingresado en el campo de prisioneros.

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Ilsa la Loba de las SS contó con tres secuelas que nada tenían en común con su película matriz excepto la presencia de Dyanne Thorpe y el añadir un buen número de torturas al repertorio de su título matriz: Ilsa la Hiena del Harém (1976), Ilsa, la Tigresa de Siberia e Ilsa (1977), y una cinta de producción suiza que se cuenta como una secuela apócrifa de nuestra primera Ilsa, esta vez realizada por el prolífico director español Jess Franco y que llevó por título llsa (1977). Esta última, a pesar de su génesis apócrifa, también contó con Dyanne Thorpe en su papel principal. Si la saga de Ilsa la Loba de las SS fue concebida desde la exploitation, sólo ha sido la primera de las películas la que ha obtenido el reconocimiento de clásico, auténtica referencia de la Nazixploitation gracias a la fuerza de sus imágenes y al pulso que su protagonista ofrece al espectador, una encarnación del Mal, brutal y descarnado; pero Ilsa la Loba de las SS es una película que sin buscar la denuncia -aunque los productores así lo indicasen en sus títulos de crédito-, revive y exorciza desde el divertimento la memoria colectiva de un continente que en aquellos tiempos aún caminaba entre las bombas sin explotar que habían quedado en el suelo de sus ciudades.

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