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R.I.P.

Fiebre de Cabina on 10 mayo, 2018 - 9:07 am in CORTOMETRAJES

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Crítica de R.I.P. un cortometraje de Albert Pintó y Caye Casas

Título: R.I.P. Año: 2017. Duración: 16′. País: España. Dirección: Caye Casas, Albert Pintó. Guion: Caye Casas, Albert Pintó. Música: Dani Trujillo. Fotografía: Andreu Adam Rubiralta. Reparto: Itziar Castro,  Carme Sansa,  Boris Ruiz,  Josep Maria Riera,  Olga Pey.

Albert Pintó y Caye Casas realizan el cortometraje R.I.P. (2017) junto a una interesante puesta en largo que se alzó con Gran Premio del Público en el Festival de Sitges 2017, la comedia Matar a Dios (2017). La producción casi simultánea de ambas obras cuenta con algunos denominadores comunes: el reparto en las labores de dirección de Pintó y Casas, la presencia de la imponente actriz Itziar Castro en sendos papeles protagonistas, y un afilado y hemoglobínico humor negro. Pintó y Casas ya cuentan con una dilatada andadura en el mundo del cortometraje, despuntando con la irónica pieza NADA S.A. (2014), pero ha sido la sinergia del éxito de las obras mencionadas anteriormente lo que ha puesto a estos realizadores en la primera línea de esa comedia negra española que parecía casi olvidada, y solo rescatada de vez en cuando, y de manera rutinaria, por Álex de la Iglesia.

Josep María Riera interpreta en R.I.P. a un marido al que los médicos han desahuciado, poniendo una fecha y hora para su muerte. Su esposa, Itziar Castro, es una mujer de marcado carácter matriarcal y dominador que quiere fiscalizar hasta el último minuto de la vida de su pusilánime cónyuge. El momento de la muerte llega, y como si de un milagro se tratase, el finado resucita, fastidiando el pomposo entierro, no solamente a su esposa, también a su madre (Carme Sansa), que quiere ver muerto y enterrado a su hijo para no quedar mal con sus amistades. La imposibilidad de mandar a la tumba al marido e hijo las lleva a acometer su asesinato con métodos tan sangrientos como truculentos, convirtiendo el costumbrismo de la primera parte del cortometraje en una alocada comedia gore al más puro estilo del Braindead (1992), mezclándolo con el negrísimo humor de La muerte os sienta tan bien (1992). Las paredes del cuarto donde el varón reposa en la cama se tiñen de rojo, se suceden las cuchilladas y el splatter fuera de plano, pero aún así, él sigue vivo, ¿rebeldía ante el rancio matriarcado de antaño o ante el nuevo matriarcado que marca nuestra época? Quizás las dos cosas, pero conociendo de antemano lo incisivo de Pintó y Casas, nos inclinamos por ver R.I.P. como un cortometraje que habla más de nuestros tiempos que de los antiguos: el paradigma del feminismo conocido como «el hombre bueno» es aquí un producto de la manipulación de las dos féminas que le son más caras y cercanas; él vive encorsetado en las estrictas normas impuestas por tan severo matriarcado, encontrando la única forma de negación en la propia muerte.

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La acción de R.I.P. transcurre casi en un único escenario, un vetusto dormitorio que combina un mobiliario clásico con un extraño crucifijo luminoso que preside el tálamo. La resurrección de difunto y su ulterior vida como zombi pasivo, que es acuchillado y eviscerado, se produce en el momento que el crucifijo emite unos espasmos eléctricos, apuntando a una intervención divina, a modo de realismo mágico. La fotografía del cortometraje, obra de Andreu Adam Rubiralta, nos muestra un dormitorio bañado en una paleta de luces verdosas, acentuando la sensación de agobio y sordidez, más aún cuando el personaje de Itziar Castro intenta rematar con un cuchillo de cocina a su marido y se produce una grave explosión gore, que irá in crescendo cuando el personaje de Carme Sansa opté por eviscerar a su hijo con una batidora de repostería, es entonces cuando los tonos verdosos se mezclan con el rojo sangre y el escenario se torna en surrealista.

El broche final de R.I.P. tiene lugar con nuestro protagonista enterrado vivo. El matriarcado, impotente ante tan sobrenatural suceso, opta por su ocultamiento, acallar la voz masculina y decretar que él fue bueno hasta el día de su muerte. Pintó y Caye no solo nos han hecho reír y disfrutar de una muy buena comedia gore, también la crítica social ha estado presente y nadie podrá decir que R.I.P. es un corto exhibicionista o de violencia gratuita, el mensaje entre líneas está ahí, y como sucede en una buena obra cinematográfica, cada uno podrá sacar el suyo, R.I.P. no dejará indiferente a ningún sector del público.

R.I.P. está nominado a los Premios Fugaz 2018 en las categorías de Mejor Actriz, Mejor Dirección de Arte y Mejor Maquillaje y Peluquería.

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