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Los gemelos McNamara (I)

Mark Novoa on 7 mayo, 2019 - 6:44 pm in REPORTAJES
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Los gemelos McNamara: ebriedad de poder, karatecas canadienses paranoicos y grandes dosis de autofelatios.

Los gemelos McNamara, Mick y Martin, nacieron, vivieron y filmaron en Canadá. Vaya eso por delante.

Cuando Hollywood dice que sus películas se basan en una historia real, la pregunta obligatoria es ¿qué porcentaje? pero si uno observa a Mick McNamara, la mitad de la primera pareja de héroes de acción de Canadá, te preguntarás ¿es el 98 o el 2 por ciento de mierda de la pareja? Según Mick, las películas que hizo con su hermano Martin están basadas al 100% en la realidad. Al igual que los gemelos McNamara, sus filmes son el verdadero negocio y la realidad de la que hablan es tan solo un mundo estupefaciente en el que viven.

Los jóvenes cineastas independientes siempre han sido la fuerza que ha guiado al cine de género canadiense: desde el espíritu emprendedor y chapuzas de Sidney J. Furie en la década de los cincuenta hasta el hipster que hace lo que puede desde la casa de su abuela en Quebec, pasando por las películas irónicas de Chris Windsor y John Paizs en la década de los ochenta. Como los medios para producir una película son cada vez más baratos, nuevas generaciones de canadienses han sacado sus cámaras de vídeo digital para ofrecer su propia versión retorcida del cine de género canadiense.

Con frecuencia estos largometrajes están hechos por fanáticos de las películas casposas y mierderas. En estas películas de bricolaje compensan la falta de presupuesto o habilidades técnicas precisas y necesarias con entusiasmo puro y duro. Sin embargo, lo más importante es que estos esfuerzos podrían ser la expresión más pura del cine local. Sin la pretensión de contentar a un mercado internacional, las características del cine de serie B tomadas por estos jóvenes émulos de Cronenberg -que creen ser llamados a algo más grande que ellos mismos-, les llegan a tener como única opción disponible cualquier cosa gratuita: desde cabañas abandonadas, hasta los entornos de esos densos y muy canadienses bosques. Rara vez son reacios a demostrar que sus películas están ambientadas en Canadá o de que contienen tópicos netamente canadienses; tópicos que harían que cualquier persona de fuera de ese país se preguntase que WTF está pasando, solo para recibir el silencio sepulcral de un bosque de arces lleno de ardillas canadienses chingando.

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¡Marc Singer, Marc Singer, Maaaaarc Siiiiiiiiiiinger ! – ¡Cierra el pico Trudeauito y chinga más fuerte, que no llamamos la atención de ningún productor canadiense!

Pero ninguno de estos chavales habría hecho (ni siquiera intentado) una película con su limitado talento y bajo presupuesto si a su vez no les hubiese salido de los cojones realizar a los gemelos McNamara las primeras películas de cafre-acción canadiense. No fue porque se rodase allí Abraxas Guardián del Universo en los tórridos noventa, o porque en Canadá las facilidades fiscales fuesen la hostia en verso, o porque creyesen que aún estaba de moda el cine de artes marciales -a pesar de la saturación de ese cine por parte de Cannon Films y Chuck Norris-. Fue porque los gemelos McNamara abrieron el camino a futuras generaciones de canadienses sin puñetera idea de articular una historia en un film, solo para crear una tendencia parecida a un bonito “Moncayito” con lacito rosa que es lo que es: Una mierda maloliente pero “potitamente” presentada. 

“Muchas de las acrobacias que ves en nuestras películas, como cuando Martin y yo corremos a través del agua y las montañas, son absolutamente reales”. Así comienza uno de los gemelos McNamara a describir una escena de una de sus películas en la que un francotirador está disparando a los gemelos canadienses unas cincuenta balas reales más o menos. “Tengo un amigo que es francotirador. Confié en que usara su buen criterio para acercarse lo máximo posible a mi mano con balas reales. Más tarde, le pregunté cuan cerca estaba. Levantó dos dedos y dijo que tal vez centímetro y medio. Un poco más cerca y me habría agujereado la mano».

Mick y Martin, los gemelos McNamara, solo lanzaron dos películas al público: Twin Dragon Encounter (1986) y Dragon Hunt (1990). Los verdaderos entusiastas del cine de serie B, que pasamos la vida en busca de un verdadero Santo Grial de la pasión cruda y caraduras de bajo presupuesto, conocemos muy bien a este par de canadienses. En sus películas, los gemelos McNamara, conocidos como los Dragones Gemelos (Twin Dragons), se abren paso a través de pandillas de punkis sucios y francófonos, ninjas al por mayor y cazarrecompensas al estilo retro de TheRunningMan, utilizando tan solo su astucia y sus puños. Pero hay una trampa en todo esto ¿Los punkis, los ninjas y los cazarrecompensas son reales, o lo suficientemente reales como ellos juran que son al 100% sus películas? Los gemelos McNamara no lucharon contra tipejos infectos reales, pero sí que se han pasado las últimas tres décadas luchando contra el mal… o algo así. Yo que sé.

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Los gemelos McNamara inmersos en la acción de la película

Twin Dragon Encounter y Dragon Hunt formaban parte de una trilogía que contaría con una tercera parte, una tercera película de los gemelos McNamara que acabó en el mismísimo montón de mierda donde acaban todas explotation canadienses. Pandillas de malvados críticos de cine, distribuidores de cine amantes de Lucifer y el parné, además de pérfidos funcionarios del gobierno canadiense, han conspirado contra los gemelos McNamara desde principios de los años ochenta, según ellos. «Terminé la película», explica Mick, «pero decidí que no iba a distribuirla ni venderla. La estrenamos en 2003 de manera familiar y nos corrimos una buena juerga. Martin me preguntó por qué no vendíamos la película y le dije: ‘Estamos a punto de cerrar nuestros clubs. Lo hemos perdido todo. Nadie más sabe acerca de esta terrible conspiración. ¿Para qué venderla?»

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Ochenteramente necesarios. Bigotón canadiense incluido en el set.

Los gemelos McNamara abrieron su primera escuela de artes marciales en Ontario en el año 72. La llamaron de manera muy pedante el Club de Kung Fu delos Dragones Gemelos (Twin Dragons) y permaneció abierta muchos años antes de que se pusiese de moda el MMA (o Mixed Martial Arts). Además, capacitó a los estudiantes en una mezcla de estilos que incluyen Hung Gar, Chuy Li Fut y Kickboxing estadounidense. El club tuvo tanto éxito que los Dragones Gemelos pudieron expandirse y abrir más locales y con cada nueva escuela, su nombre y popularidad crecieron más y más. Sintiendo que estaban en la cúspide de algo grande, intentaron participar en películas, porque ellos molaban y la gente se lo decía todos los días, por tanto, su círculo más cercano de los gemelos McNamara NO podía estar equivocado. Sus primeros pinitos fueron en raquíticas películas canadienses o producciones estadounidenses rodadas en Canadá para ahorrar dinero en impuestos. Mick persiguió agresivamente a cualquier productor para participar en cualquier filme de cualquier género menos porno, claro. Con esta táctica, acabaron obteniendo un pequeño papel en la película TitleShot, protagonizada por Tony Curtis entre el 1978/79. En 1980/81, los gemelos McNamara tuvieron la gran oportunidad de su vida al participar en la película DirtyTricks, protagonizada por Elliot Gould y Kate Jackson (a su vez filmada en Montreal, todos sabemos por qué). Mick se sentía cada vez más frustrado por no interesar a nadie en la producción de una película personal y propia, para arrogarse ellos el papel principal. Después de años de ridiculizar la capacidad de actuación y de combate de Chuck Norris, Mick decidió que produciría y financiaría él mismo su propia película de acción, con dos cojones de mono ahumado y absolutamente ningún sentido autocrítico.

La frustración de los gemelos McNamara era comprensible. Telefilm Canada, una corporación controlada por el malvado gobierno canadiense era la única organización patrocinada por el estado que financiaba la producción de películas en Canadá en aquel momento, y era más que evidente que no pondrían ni un duro para el tipo de películas que Mick quería hacer. «Estaban asustados», dice Mick, «No son como los estadounidenses. Los canadienses son muy diferentes. Los tiempos han cambiado mucho, pero el gobierno de Canadá pensó que ya no se tenían que hacer este tipo de películas. Las películas de acción tienen muchas más posibilidades de ser vendidas que una película rollo cultural. Pero el gobierno canadiense siempre prefirió financiar películas culturales en su lugar «. Así que los gemelos McNamara miraron dentro de sus almas y acabaron endeudándose para hacer Twin Dragon Encounter por un total de 350.000 dolares (canadienses) en el 84, o eso dijeron en su momento. Mick financió la película por su cuenta al hipotecar algunas propiedades inmobiliarias de su familia, incluida la isla donde se filmó la película. O eso decían.

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Canadian Excelsior!

Mick puso la mayor parte del dinero para Twin Dragon Encounter, pero también se usó un resquicio en las leyes fiscales canadienses para obtener apoyo externo. Las llamadas coloquialmente como «películas canadienses como refugios fiscales» eran películas que no eran financiadas por el gobierno, pero que igualmente se beneficiaban de una ley que permitía a terceros el poder eximirse de muchos impuestos. Aquella jauja, por lo visto, fue de corta duración, más o menos desde mediados de los años setenta hasta finales de los ochenta. Básicamente durante el 1974 al 1981, fue del cien por ciento: dicho de otra forma, todo lo que ingresase el filme podría ser deducido a efectos fiscales. En 1981 o 1982, el gobierno canadiense llegó a la conclusión de que quizás se estaba abusando de la ley, así que la cambiaron y pasaron del cien por ciento hasta el cincuenta por ciento… Luego, la liquidación del cincuenta por ciento terminó en 1987. Así que justo al final de los años ochenta y parte de los noventa todo el mundo intentaba entrar en Canadá para terminar sus películas, por falta de presupuesto o por ahorrar pasta, antes de que la ley de la base fiscal desapareciese para siempre jamás.

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Imágenes de los joviales gemelos canadiénses atracando bancos para sus films.

Mick encontró un socio en Anthony Kramreither, un productor inútil de thrillers de bajo presupuesto como American Nightmare (1983) y Thrill kill (1984), y lanzó Twin Dragon Encounter directamente a vídeo en 1986. Decir que fue un éxito sería quedarse bastante corto. Twin Dragon Encounter generó un subgénero completo de películas ya que no existía ninguna película de acción canadiense en aquel momento. El director canadiense Ted Kotcheff, director canadiense dirigió First Blood (Rambo o Acorralado) en 1982, pero no se puede decir que sea un título canadiense porque su carácter norteamericano, pero cuatro años después los gemelos McNamara (inspirados en First Blood) comenzaron a trabajar en su propio proyecto cinematográfico de acción, convirtiéndose por ende en los primeros canadienses puros que hicieron una película de acción en Canadá, con argumento canadiense, en escenarios canadienses y tópicos canadienses. Esta era una película de acción trepidante que se despolla de otras películas de acción trepidantes, básicamente porque, según los gemelos McNamara, en Canadá los héroes son verdaderos héroes de acción y los de Hollywood son falsos, de plástico y con personalidades planas.

La autenticidad es fundamental para comprender a los gemelos McNamara y sus películas. No son solo hombres. Son hombres de verdad de pelo en pecho, del tipo que no tienen tiempo para las tonterías o los trucos de vodevil de Hollywood. Twin Dragon Encounter comienza cuando los hermanos salvan a una mujer de un grupo de campesinos (una especie de rednecks canadienses) en una escena de lucha que destaca no por su coreografía sino por su aspecto realista. Por ejemplo, los barridos de patadas de los gemelos son tan reales como los que hacían los actores con motion capture en el primer videojuego de MortalKombat. Twin Dragon Encounter y Dragon Hunt son una colección de momentos que harán que incluso el adicto a la acción más hastiado se estremezca y emocione.

«Le dije al director de Dragon Hunt, Charles Weiner, que deberíamos hacer la película y convertirla en un evento festivo gratuito para que nos ayudaran porque no teníamos ni tiempo ni dinero para organizar toda esta mierda», dice Mick McNamara. «La mayoría de los muchachos cuando se ponían a disparar, disparaban todos a la vez y eran fáciles de dirigir al tener mente colmena» Les solía decir a los actores que cuando se tratase de la cara, que intentasen no golpear con los nudillos o poner los dedos de los pies en la nariz o los dientes de los demás en las escenas de lucha”.

¿Qué podría salir mal para los gemelos McNamara?

Y que nadie se equivoque, a diferencia de las demás películas posteriores de acción del Canadá, Twin Dragon Encounter es un título absoluta y totalmente canadiense que reconoce plenamente cuyo rodaje transcurrió al norte de la frontera, tal vez como prueba de la clásica afirmación reiterada de que los Twin Dragons son los artistas marciales más famosos de todo Canadá, al igual que Al Dacascos de Hawai (por si los espectadores de fuera de allí no tuviesen ni puñetera idea de quien narices era). Filmada en la pintoresca Pointe Au Baril en Ontario, la película nunca pierde la oportunidad de tener una referencia local o una bandera canadiense ondulante, ya sea en el muelle de la isla donde se desarrolla el filme o como una pegatina en el parachoques de la impresionante colección de vehículos de los gemelos. Al igual que en el clásico «Psycho Pike”, también se cambia la tradición de rodar las películas en grandes urbes, y acaban pasando de la gran ciudad de Toronto a un entorno más salvaje donde las vacaciones están plagadas de peligros con pueblerinos redneck canadienses que acechan detrás de cada árbol. 

Sin embargo, aparte de aprovechar los entornos naturales de Canada, Twin Dragon Encounter explota todos los clichés del género: el homoerotismo casual e involuntario, los extravagantes diálogos sin sentido y la banda sonora midi ochentera proporcionada por la banda rockera del sur de Ontario, Billy Butt. Pero Twin Dragon Encounter está muy bien situado en el mismo universo cinematográfico de presupuesto anoréxico y egocéntrico como Deadly Prey y Miami Connection, una especie de cafre-demostración de las filosofías de los protagonistas que también rinde un patético tributo a su aparentemente lujoso estilo de vida. Como se interpretan a sí mismos, los gemelos McNamara pasan casi todo el tiempo mostrando su aparente riqueza y éxito, que va desde una infumable flota de vehículos deportivos, su propia isla privada, chicas canadienses en bikini e incluso furgonetas escolares de kung-fu para hacer exhibiciones de artes marciales donde les apetezca. Hasta la cabaña de troncos de la isla (que construyeron con sus propias manos los gemelos McNamara, por eso de que son hombres de pecho palomo) está cuidadosamente adornada con carteles de ellos mismos sin camisetas.

Y hasta aquí la primera parte. Queda mucho que contar de los gemelos McNamara: traiciones, batallas legales contra Jackie Chan y Miramax, mucho mirarse su propio ombligo y por supuesto grandes dosis de conspiraciones gubernamentales.

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Bienvenidos a Canadá, donde los bosques son verdes y exuberantes, los artistas marciales vienen en pack de dos y las chicas no están cosificadas.

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