GUERRA CIVIL DE CASPA EN LA CANNON FILMS: LA PATÉTICA LEYENDA DE LAS DOS PELÍCULAS DE LA LAMBADA
Por qué el divorcio de Cannon Films nos regaló la mayor basura cinematográfica bidireccional de 1990
Voy a ser totalmente directo contigo: la historia del cine está llena de rivalidades legendarias, pero ninguna supera el nivel de delirio, sudor, testosterona caducada y laca que nos regaló la primavera de 1990.
INTRODUCCIÓN: EL SUEÑO DE UN VIEJO VERDE EN CANNES
Imagínate el escenario. Cannes, año 1989. El aire atufa a champán caro, ego para nada merecido y crema solar factor 50. Mientras Martin Scorsese y Jim Jarmusch intentaban vender arte, dos primos israelíes con la elegancia de un cuñado borracho en una boda rancia de Tel Aviv, estaban mirando a una bailarina brasileña mover las caderas en una discoteca abarrotada de babosos random.
Hablo de Menahem Golan y Yoram Globus. Los reyes de la Cannon Films. Los tíos que convirtieron a Charles Bronson en un monumento a la geriatría armada y a Jean-Claude Van Damme en una estrella internacional a base de patadas giratorias y bailes absurdos.
En ese preciso momento, la banda Kaoma sonaba en todas las emisoras del planeta con «Lambada». Un plagio absoluto de un tema del grupo boliviano de folklore llamado Los Kjarkas («Llorando se fue»), pero a Golan y a Globus eso les daba exactamente igual. Ellos solo vieron dos cosas: carne y dólares. Vieron a adolescentes frotándose en la pista y pensaron: «Esto es el nuevo Break dance, pero con más sudor y muchísima menos ropa».
Sin embargo, había un pequeño problema estructural: el matrimonio tóxico entre los primos había saltado por los aires. Cannon Films estaba en la ruina más absoluta tras haber financiado mamotretos como Superman IV O Masters del Universo y producciones de autor que a nadie le importaban. La empresa se dividió: Golan se creo en plan cabreo la 21st Century Film Corporation, mientras que Globus retuvo las migajas de Cannon.
¿Qué hace cualquier persona normal tras un divorcio empresarial? Repartirse las propiedades, quedar mal con los suegros y no volverse a hablar. ¿Qué hicieron estos dos chalados? Decidir que AMBOS iban a estrenar la película oficial de la Lambada EL MISMO DÍA.
Señoras y señores: bienvenidos a la Guerra de las películas sobre la Lambada de marzo de 1990.
Kaoma agarró un lamento andino de Los Kjarkas, le metió acordeón fiestero y pensó: «¡Genial, folclore de gratis!». Lo que no esperaban los franchutes es que la zampoña venía con abogados incluidos y terminaron pagando la fiesta de los Kjarkas hasta el último centavo
LA CARRERA HACIA EL ABISMO (PRODUCCIÓN A 300 KM/H sin frenos ni gasofa)
Esto no fue un rodaje convencional; fue un atraco a mano armada al séptimo arte. Ambos primos sabían perfectamente que las modas de baile duran exactamente lo que tarda el público en darse cuenta de que parecen un brote psicótico colectivo, pero el tequila es baratísimo y la dignidad nunca pagó las cuentas. Tenían semanas. Días.
- Globus (Cannon): Fichó a toda prisa al director de Danza de pasiones y bautizó su artefacto como ‘Lambada’ (a secas, con dos cojones). Ya de paso se quedo con los derechos de la palabra Lambada.
- Golan (21st Century): Compró los derechos de la canción original gabacha de Kaoma para marcar territorio y llamó a su criatura ‘The Forbidden Dance’ (El baile prohibido), porque meter la palabra «prohibido» en un cartel en 1990 vendía más que la cocaína.
Los guiones se escribieron, literalmente, en servilletas de cafetería. Se rodó a marchas forzadas como se hacia siempre en el estilo Cannon Films más puro y duro. Los operadores de cámara trabajaban 18 horas al día no para captar una iluminación artística, sino para evitar que se notase que los actores principales tenían la fluidez motriz de un armario de contrachapado.
Ahí tienes a Menahem Golan y Yoram Globus luciendo chándal de Cannon Films con el pechito inflado y cara de «acabamos de rodar tres películas B en el mismo fin de semana». Estas dos comadrejas te vendían la secuela antes de tener el guion, y esa sonrisa es la de quien sabe que Desaparecido en Combate 4 se financia sola.
‘LAMBADA’ (LA DE GLOBUS) O EL PROFESOR DE MATEMÁTICAS QUE SALVA EL GUETTO, LITERALMENTE, MOVIENDO EL BULLATE
Hablemos de Lambada (1990), la versión de Globus. Esta película es una obra maestra insuperable de la demencia guionizada.
- La Premisa: Kevin es un profesor de matemáticas que de día en un instituto pijo y un bailarín nocturno de Lambada en los garitos más mugrientos de Los Ángeles.
- El Conflicto: Los chicos del guetto están suspendiendo mates. ¿La solución de Kevin? Llevarlos al club nocturno para enseñarles ecuaciones cuadráticofestivas MIENTRAS MUEVEN LA CADERA. No me lo estoy inventando. Hay una escena donde el tío dibuja parábolas en el aire mientras se frota contra una chica vestida con pantalones de licra fluorescente.
- El Reparto: Eddie Peck. Un chaval con más laca en el pelo que talento interpretativo, cuya mayor aportación al cine de baile es parecer un maniquí al que le han aplicado una descarga eléctrica para hacernos creer que sabe bailar.
Es una película donde el peligro de las bandas urbanas se resuelve bailando. ¿Los Latin Kings y los Crips? Nada que no se solucione con un par de giros de pelvis y una lección magistral sobre el teorema de Pitágoras. Un delirio neoconservador envuelto en neón.
Fuego en el cuerpo fue tan apurada y descarada que Cannon la estrenó el mismo día que la competencia para exprimir el fenómeno antes de que se acabara la moda. Al final, el guion era tan flojo y los bailes tan tiesos que lo único pegajoso que dejó la película fue la vergüenza ajena
‘THE FORBIDDEN DANCE’ (LA DE GOLAN) O CÓMO SALVAR EL AMAZONAS MOSTRANDO TANGA
Si la versión de Globus era mala, la de Golan era una experiencia mística trascendental.
- La Premisa: Nisa (Laura Harring, sí, la mismísima chica de Mulholland Drive antes de que David Lynch la rescatase del anonimato) es una princesa tribal del Amazonas. Una multinacional petrolera quiere quemar su selva natal. ¿Qué hace la princesa? ¿Ir a la ONU? ¿Armar a la guerrilla? No. Viaja a Los Ángeles para participar en un concurso de baile en televisión y concienciar al mundo sobre la deforestación.
- La Lógica: Si los ejecutivos de la petroquímica ven a una indígena bailar en tanga en un programa de variedades de la noche, automáticamente firmarán la paz con la madre naturaleza. Greta Thunberg tendría que haber tomado notas.
- El Baile: Es inenarrable. Los actores no bailan Lambada; parece que están sufriendo un ataque de ciática severo mientras intentan no caer en la piscina de lefa de Golan por error.
(Meter a una princesa indígena a bailar Lambada de forma erótico festiva en Beverly Hills para salvar la selva amazónica, es el argumento más jodídamente subnormal de la historia. Ni el Amazonas se salvó de la deforestación, ni el público se salvó del calambre viendo a la gente perrear por el medio ambiente)
EL VIERNES 16 DE MARZO DE 1990 (EL DÍA DEL JUICIO)
Llegó el día. Las dos películas se estrenaron el mismo fin de semana. La prensa de Hollywood estaba en éxtasis, esperando ver cuál de los dos primos se coronaba como el rey supremo de la taquilla basura.
¿El resultado? La nada absoluta.
La gente acudió al cine el primer día por la pura curiosidad de la moda, pero a la media hora de proyección, el público descubrió la cruel verdad:
- Ninguna de las dos películas tenía el menor sentido narrativo.
- Para cuando se estrenaron, la canción ya sonaba a viejo y a esmegma del bueno.
- El baile no resultaba erótico: era sencillamente agotador de ver.
Ambas películas se estrellaron con una fuerza descomunal en taquilla. Costaron unos 6 millones de dólares cada una y no recaudaron ni para pagar los refrescos del equipo técnico. Los cines comenzaron a retirar los carteles al domingo siguiente para poner Pretty Woman o La caza del Octubre Rojo.
EL CADÁVER CALIENTE DE LOS AÑOS 80
La batalla de las películas de la Lambada fue el verdadero funeral de los años 80. Fue el momento exacto en que Hollywood dijo: «Vale, ya es suficiente de cardados, licra, sintetizadores y señores de cincuenta años dirigiendo producciones sobre la juventud».
Golan y Globus jamás volvieron a ser los mismos. Se destruyeron mutuamente en una carrera de ratas donde el premio final era un trofeo de plástico roto.
Pero nos dejaron este regalo. Dos películas que merecen ser vistas en una sesión doble de medianoche, con la dosis adecuada de cinismo y la luz apagada, para recordar la época en que dos tíos con un maletín podían convencer a un estudio de que las matemáticas y el ecologismo se podían resolver moviendo las nalgas al ritmo de un acordeón.










