Crítica de Loft, de Kiyoshi Kurosawa
Loft. Año: 2005. País: Japón. Dirección: Kiyoshi Kurosawa. Guion: Kiyoshi Kurosawa. Reparto: Miki Nakatani, Reiko Haruna, Hidetoshi Nishijima, Koichi Kijima, Etsushi Toyokawa, Makoto Yoshioka.
Kiyoshi Kurosawa no es un autor para todos los gustos. Su prolífica carrera ha dejado algo muy claro, él tiene un estilo propio, quizás imitable, pero genuino en esencia. Loft (2005) recalca ese estilo lento, meditativo, de planos lejanos, seco y melancólico. Kairo (2001) fue la película que le descubrió al gran público, un J-Horror que rompía moldes frente al clasicismo del género y el anquilosamiento de las propuestas modernas; fue un título discutible en muchos de sus aspectos y hasta tramposo en su argumento, pero indudablemente trajo aire fresco a esta antigua tradición de horror nipona.
Loft también es una película inscrita en el género J-Horror. Pero además tiene una estructura narrativa compleja, con varias historias que solapan las vidas de los personajes, conduciéndoles a una inevitable tragedia. También es un drama romántico, repleto de necrofilia; el J-Horror siempre ha sido un género muy necrófilo y dado a los amores de ultratumba. Pero ante todo, Loft es una declaración de estilo con sus dos lánguidas horas de duración. Y ese estilo es puramente Kiyoshi Kurosawa, no solamente en sus formas, también las cuestiones de fondo que rodean al argumento.
Kairo era, en el fondo, una brutal crítica a la sociedad nipona y su extrema soledad, señalando a esa soledad individual como el detonante de una decadencia que el argumento del filme acelera de forma radical y errática. En Loft, los personajes también están aquejados por ese mismo mal, la soledad. Los cuatro protagonistas, en carne y hueso o en su forma espectral, están abocados a una eterna soledad, una continua búsqueda del amor y la compañía. Esa búsqueda aparece, no como una fuerza liberadora, si no como una maldición que los engulle a cada uno de una manera diferente.
Formalmente, Loft nos muestra espacios muertos, vacíos de belleza y armonía: salas forenses, casas anónimas, espacios naturales sin carisma. En estos escenarios los protagonistas presencian apariciones fantasmales y desarrollan sus propios psicodramas. Y estos psicodramas son la principal baza de Loft en cuanto a la entrada de emociones a nuestro inconsciente. Hay que recordar la escena de la sala forense en la que una cámara enfoca durante semanas a una camilla esperando que suceda algo. No sucede nada, pero la mente del espectador imagina cientos de cosas en pocos momentos. Loft es un recorrido por la mente torturada de los protagonistas en un marco de soledad y aislamiento, un duro bagaje para personajes que ya se creen acabados a pesar de su juventud y de otros que intentan alcanzar la inmortalidad vampirizando la emociones de los demás.
No busquemos fantasmas de jóvenes con rostros pálidos y cabellos lacios, ni sustos morrocotudos o apariciones espectrales. Kiyoshi Kurosawa juega con nuestra mente de otra manera. El metraje es extenso, el ritmo es lento, los personajes requieren atención, una atención que el espectador poco entrenado no prestará. Loft puede que no entre bien en un primer visionado, pero un segundo hará ganar muchos enteros a esta película.
Loft no es lo mejor de Kiyoshi Kurosawa. Para el que firma estas líneas, Cure (1997) podría ser su mejor título hasta la fecha, y no hablamos de un director poco prolífico precisamente, que solo en 2025 nos trajo la interesante Cloud (2025) y su auto-remake Serpent’s Path (2025). Pero Loft es una interesante pieza de J-Horror que explora nuevos territorios y se escapa del esquematismo y la simplicidad de las películas firmadas por Takashi Shimizu o Hideo Nakata, otrora nombres en alza, y ahora en lamentable decadencia.









