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El problema no es la sirenita negra

Vivi D. on 6 julio, 2019 - 4:22 pm in REPORTAJES
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Ford Prefect también fue un rapero negro

Uno de mis personajes favoritos, como la Ariel de la película de animación de Disney, es pelirrojo en la obra original, un libro del 79 que muchos conoceréis y que se acabó convirtiendo en “una trilogía en cinco partes”. En 1997, después del éxito de Men in Black, a Disney se le ocurrió que sería una buena idea intentar adaptar al cine el libro de la Guía del Autoestopista Galáctico. La película no se estrenó hasta el año 2005. Lamentablemente, para entonces, Douglas Adams, el autor, que también participó en la adaptación del guion, estaba muerto y no pudo ver completado un proyecto con el que se rompió la cabeza durante años.

En 2005, la Guía ya no podía aprovechar el interés hacia la mezcla de ciencia ficción y comedia, que Men in Black había puesto en bandeja en el 97. Tampoco acababa de encajar del todo en lo que los espectadores menos familiarizados con la obra original, la mayoría, esperaban de una película de este género. En palabras del productor:

Hubo una combinación de cosas que fueron obstaculizando nuestra lucha por conseguir que el Autoestopista se hiciera… siempre había un desfase entre, por un lado, la idea de la gente de que iba a una superproducción de ciencia ficción con un gran presupuesto, con mucho espectáculo, y, por otra, el reconocimiento de que era una película más inteligente, más compleja, un poco más inglesa, un poco más irónica que las comedias taquilleras inglesas y americanas, y no conseguíamos sincronizar esas dos visiones, por lo que era difícil conectar con las necesidades de Disney.

Jay Roach (Austin Powers: Misterioso agente internacional, Trumbo, Borat)

Aun así, la película tuvo un éxito moderado de taquilla y, en general, buenas críticas.

Incluso yo, personalmente, creo que es una buena película de entretenimiento, pese que comparto la opinión de esta crítica, especialmente con lo que hicieron con Trillian, algo a lo que volveremos más adelante.

La Guía del Autoestopista Galáctico, no era en absoluto fiel al libro. Metieron varias subtramas que no estaban, quitaron otras y cambiaron muchos detalles. Entre ellos, uno de los que mayores críticas suscitó fue la apariencia del actor que daba vida a Ford Prefect, que para quien no lo sepa, es el pelirrojo del que hablaba antes. Y es que, Mos Def, el actor, es negro, al igual de Halle Bailey, la cantante de hip hop (otra cosa que comparten ambos) que va a interpretar a a Ariel en el live-action de La Sirenita.

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Ford Prefect (Mos Def) y Zaphod Beeblebrox (Sam Rockwell) tomándose unos detonadores gargáricos pangalácticos

A algunos aficionados esto les molestó mucho, otros mostraron un poco de recelo al principio, y tengo que decir, para ser justa, que a la mayoría se la sopló completamente, más que nada porque no había tanta gente a la que le importara una adaptación de un libro de los 70. Mos Def resultó ser un Ford Prefect perfecto, y para mi, ahora mismo es difícil no ponerle su cara al personaje cuando releo el libro de nuevo.

Lo que vengo a decir es que la cantidad de melanina del actor, o el color de su pelo, es un elemento bastante trivial que no justifica todo el cirio que se ha montado alrededor del asunto de la sirenita.

No digo que el aspecto externo no sea importante. Claro que lo es, pero el aspecto externo no es solamente el color de la piel o del pelo. El actor escogido para un papel no tiene que ajustarse de forma exacta a la descripción de la obra original, tiene que tener “cara de” y además tiene que moverse y actuar de tal manera que consiga transmitir la esencia del personaje. ¿Qué quiero decir con esto? Lo explico con un ejemplo.

Todo el que haya leído los libros de el Brujo, o haya jugado a los videojuegos, sabe que Yennefer es una hermosa hechicera de apariencia joven, pero también con una presencia que impone. Yennefer es una tía inteligente, seductora, ingeniosa y que puede partirte la cara. Quienes diseñaron al personaje para el videojuego lo captaron bastante bien. Tiene un rostro joven, pero unas facciones y un gesto que te recuerdan que Yennefer no es ninguna niña o jovencita inocente y que tiene el culo pelado de vivir, mucho más que Geralt.

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Todo eso hace que la elección de Anya Chalotra para el papel de Yennefer sea un completo desastre. Su apariencia externa es aniñada y frágil, y estaría genial si Yennefer jugara a parecer inofensiva y a ocultar a toda costa lo que es, pero no es el caso. Anya Chalotra podrá ser una buena actriz (no lo sé), podrá adaptar su acting a una pose acorde al carácter de la hechicera, pero su apariencia tirará por tierra la mayor parte de su trabajo. De hecho, un chiste recurrente entre algunos fans es sugerir que Geralt de Rivia se nos ha convertido en un pedófilo, debido a que Anya, de 23 años, aparenta ser incluso menor de edad.

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En cambio, Mos Def, aunque sorprenda a muchos, sí tenía por entonces una apariencia acorde a Ford Prefect. Esta es la descripción del personaje en la edición de Anagrama de 2013:

No era exactamente alto, y sus facciones podían ser impresionantes pero no muy atractivas. Tenía el pelo rojo y fuerte, y se lo peinaba hacia atrás desde las sienes. Parecía que le habían estirado la piel desde la nariz hacia atrás. Había algo raro en su aspecto, pero resultaba difícil determinar qué era. Quizás consistiese en que no parecía parpadear con la frecuencia suficiente, y cuando le hablaban durante cierto tiempo, los ojos de su interlocutor empezaban a lagrimear. O tal vez fuese que sonreía con muy poca delicadeza y le daba a la gente la enervante impresión de que estaba a punto de saltarles al cuello.

Mos Def, aun sin su pelo rojo hacia atrás, tiene cara de Ford Prefect. Incluso es bastante parecido, por que no es especialmente alto y tiene una nariz larga y un rostro anguloso que podría recordar un poco a esa apariencia que describe el libro. Pero sobre todo, su actuación transmite perfectamente la idea de que es un tío estrambótico que te va a saltar al cuello en cualquier momento. Podemos discutir sobre si Halle Bailey tiene cara de Ariel. Habrá quien diga que no y otros que crean que tiene un rostro perfecto para interpretar a una sirena. Al final, esa cuestión quedaría en un tema de qué referentes tenemos cada uno que hacen que el aspecto de una persona nos cuadre con una personalidad o un tipo de personaje muy concreto. Pero resulta que el debate nunca ha ido por ahí. El problema que la mayoría tiene con Halle es que la muchacha es negra y, en su mente, Ariel es una chica blanca de ojos azules y pelo rojo, porque Disney así lo quiso en su momento.

Pero ahora Disney quiere meter más actores negros en sus películas, y eso ha hecho. Seguramente porque espera que esto atraiga, como muchos decís, más gente a ver la película. Exactamente el mismo motivo que tuvo como resultado el cambio radical del personaje de Trillian en la Guía. Haced una pausa y releed las declaraciones de Jay Roach de antes ¿Ya? Perfecto.

Como veis, Adams estaba teniendo grandes problemas para adaptar el guión. Él no era precisamente el típico autor cascarrabias que renegaba del cine como Moore, él quería que su libro se llevara a la gran pantalla y era muy consciente de que este era hijo de la época en la que se escribió y que adaptar implica cambios. El problema que tenía es que montar una peli así significa que los productores van a poner mucha pasta y que quieren que les salga rentable. Así que no se trataba ya de mantener la esencia del libro o de hacer una buena película, se trataba de atraer a mucha gente al cine, y como ya dije en la anterior parte, eso suele significar dar de comer blandito al espectador, algo un poco difícil en este caso, teniendo en cuenta que la Guía juega a reírse del sentimentalismo barato y de tomarse la vida demasiado en serio, y precisamente Hollywood vive mucho de esas dos cosas. Este punto muerto parece que se resolvió en cuanto Adams estiró la pata en 2001. El guión cambió de manos, y al fin, pudieron deshacerse de ese señor pesado que jamás hubiera permitido que convirtieran a Trillian en la típica MarySue que solo sirve como excusa para generar conflicto y trama romántica. Con esto se pretendía atraer a más espectadores. Se hacía difícil pensar que una película así tendría éxito si no hacían nada para volverla más comercial, como convertir a una tía guay, aventurera y pasota, en una petarda llorona. Era una oportunidad excelente para desarrollar más a un personaje femenino que merecía algo más de protagonismo también en el libro, y que acabó convertida en un grano en el culo cargado de estereotipos rancios. ¡Toma arreglo! Por cierto, dato interesante:Trillian en el libro tiene piel morena, pelo negro y rizado, labios carnosos y ojos “ridículamente castaños”. Que Zooey Deschanel, que es todo lo opuesto a eso, la interpretara alejándose a todos los niveles del personaje original, no pareció importar a nadie.

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100trificos de Twitter explicando por qué las sirenas no pueden ser negras

La corrección política y su gemela malvada

¿Alguna vez habéis visto a alguien jactarse de ser políticamente correcto? Yo tampoco. Seguramente  porque eso suena a señora con rulos llamando a la policía cuando la diversión ajena hace demasiado ruido para ella.

Sin embargo, decir que eres políticamente incorrecto te da un aire de malote que está muy bien visto por algunos, pero para otros, es demasiado evidente que solo eres un pobre diablo desesperado por obtener atención. Declararse políticamente incorrecto es bastante parecido a teñirte el pelo de colorines o hacerte un tatuaje solo para diferenciarte de la masa. Irónicamente todo el mundo está haciendo justo lo mismo por el mismo motivo.

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¡HESTAN HARRUINANDO MINFANSIAA! [cries in incel]

Los tres casos son en realidad la misma forma en la que el capitalismo te ofrece una salida inofensiva a esas ansias de rebeldía que llevas dentro y con las que no sabes exactamente que hacer, porque en el fondo, jugártela de verdad por algo que crees justo no va mucho contigo.

La incorrección política existe de verdad, claro. Pero incorrecto políticamente, no eres tú, amigo, que haces un chistecito de negros que como mucho te va a reportar un par de insultos y acusaciones de racismo vía redes sociales. Incorrecto políticamente es Camilo de Ory, que va a comer cárcel por atreverse a bromear con el tratamiento que los medios de comunicación le dieron al caso de Julen, y no precisamente por ridiculizar a Juana Rivas, como también hizo, ni por otras muchas barbaridades que ha soltado. Va a ir porque jugó a hacer humor y crítica usando para ello un tema sensible para casi todo el mundo: la muerte de un niño pequeño. Quienes pagan por sus chistes o comentarios hirientes son gente normal y corriente, sin mucho dinero y que se meten con cosas tan sagradas en España como la moral cristiana, la monarquía o gente intocable de este país, no con mujeres, negros, ni personas LGTB. Nadie debería ir a la cárcel por hacer chistes de mal gusto, ni comentarios que ofendan a alguien, quien sea, así que sería bonito que antes de saltar por los ofendiditos, saltáramos por gente a la que meten en procesos judiciales de verdad.

Ahora sabemos que es la incorrección política ¿Pero qué es la corrección política?

Si tuviera que definirla de alguna forma diría que es la búsqueda activa de la minimización de las pérdidas por el boicot de ciertos colectivos, incluso de pretender su apoyo para obtener más beneficios. En este sentido la corrección y la incorrección son dos caras de la misma moneda. Antaño se trataba de azuzar la popularidad de una película o serie ofendiendo o evitando molestar excesivamente a los religiosos. El objetivo siempre era ese segmento del público que estaba entremedias, ese que consideraba a los ultrareligiosos unos pesados aguafiestas, pero que podían llegar a ofenderse mucho si te pasabas, poniendo a dos tios comiendose la boca. Hoy en día, en cambio, la mayor parte del público, se encuentra en esa franja dispuesta a admitir de buen grado, incluso a aplaudir, la inclusión de personas negras, LGTB o mujeres en roles que tradicionalmente le han sido vetados, pero que ni de coña profundizarán más allá ni tolerarán una crítica excesiva al statu quo ¿Veis por donde voy?

Da igual, siempre se ha tratado de hacer dinero. ¿Alguien creía de verdad que se trataba de otra cosa?

Por un lado, en cierta manera, es bueno ver que buena parte del público demanda más representación de ciertos colectivos bastante maltratados en la gran pantalla, y puede suponer algo positivo a algunos niveles. Por el otro, es estúpido reaccionar agradeciendo esas migajas a las grandes productoras, como si hicieran algo por amor al arte o a la inclusión de nadie. Incluso es peligroso, porque a veces perdemos de vista que lo más interesante para todos, incluido quienes buscan esta variedad, es quitarle el poder de influencia tan grande que tienen estas empresas sobre el imaginario colectivo. Pero es más fácil dar palmas a Disney, que escapar de la influencia de su marketing agresivo y darle una oportunidad a obras con un presupuesto y un alcance mucho más humildes.

Ninguna superproducción, jamás, ha roto ningún molde por si sola. Lo que han hecho todas las veces que se las ha tildado de revolucionarias, ha sido soltar algo que llevaba tiempo cocinándose en el cine, literatura o cómic alternativos, en el momento justo, cuando la mayoría de la sociedad está preparada para digerirlo al grito de “¡por fin!” y ante el lamento de los tres o cuatro trolls pajilleros anclados en el siglo pasado que no hacen más que alimentar las hordas de progresistas de salón deseosos de coronarse como los más modernos y cools del universo.

Porque seamos sinceros, de verdad ¿a quién narices creeis que engañais diciendo obviedades y aplaudiendo cosas que eran novedosas hace dos décadas? ¿Cómo puede ser que en pleno 2019 una major nos haya convencido de que poner una tia protagonista es un acto revolucionario?

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En serio, es como creerte el puto amo por sacar un 5 en lengua castellana

Pero entonces, volviendo a lo de la sirenita negra, ¿es esto bueno o malo? Pues joder, es muy sencillo: todas las decisiones que se toman a la hora de hacer un superproducción están orientadas a aumentar la recaudación o, como mínimo, a no afectarla negativamente. Entonces ¿por qué solo nos fijamos en ello cuando se les ve el plumero con lo de la inclusión? Al menos se le puede sacar un impacto positivo a ello. Sería bonito que nos fijáramos igual cuando impregnan de mensajes neoliberales a películas y series infantiles. ¿No queréis política en vuestro ocio, decís? ¿Qué coño creéis que os han estado haciendo tragar desde siempre, imbéciles?

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Bonus track:

Artículo de Vicisitud y Sordidez donde se explica qué es el objetivismo, quién fue Ayn Rand y cómo su filosofía impregna gran parte de la ficción actual: Ayn Rand: Cómo convertir a los freaks en una cuadrilla de gilipollas. Destacar que el artículo es anterior a la película Los Increíbles 2, que es aún más hardcore en este sentido.

Artículo, en inglés, de Andrew O’Hehir: Divergente y Los Juegos del Hambre como propaganda capitalista. Y aquí un resumen de este y otros artículos hablando de este tema en español.

Artículo de Canino sobre la guía en la que Ayn Rand explica cómo hacer películas pro-capitalistas para combatir la amenaza del comunismo, con un enlace al documento en pdf.

Y todo esto sin entrar en la propaganda ultrareligiosa cortesía de Las Crónicas de Narnia,  o mismamente, cualquier telefilm que echen alguna tarde en Antena3, financiado por alguna iglesia de las que hay por ahí. Algunos coméis ideología de todo tipo a punta pala y sin saberlo, mientras lloriqueais por una actriz negra o un personaje trans en un videojuego.

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1 Comments
  • 7 julio, 2019

    «…la misma forma en la que el capitalismo te ofrece una salida inofensiva…» A los guerreros de la justicia social les gusta este artículo. Me he reído. Una parrafada tras otra para acabar leyendo que si el capitalismo es Satán. Nunca ha existido Blade, ni Cyborg. Arriba el marxismo cultural.

    Tu Padre
    Responder

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