CUANDO EL DEMONIO TE CAE GORDO PERO TERMINAS QUERIÉNDOLO COMO A UN HERMANO PEQUEÑO QUE METE MURCIELAGOS EN LEJIA COMO SI FUESE MENGUELE
(O cómo Steven Kostanski nos recuerda que el cine de serie B no ha muerto, solo estaba secuestrado en el sótano de la casa de tus padres esperando a que alguien lo rescate)
ADVERTENCIA PARA EL SETENTA Y NOU Y LAS DISTRIBUIDORAS:
Mira, Setenta y Nou, te voy a ser sincero. No me habéis mandado una copia de la edición coleccionista y tuve que soltar la guita. Ni una. Y no es que me queje, o bueno, sí, me quejo un poco, porque mola que te manden cosas gratis, pero tampoco os voy a hacer la pelota. Este artículo no está patrocinado, no me habéis pagado, no voy a hablar de la cuidada edición coleccionista que tenéis con una entrevista única, personal e inédita con Steven Kostanski, o el chulísimo póster reversible que también incluye, porque no me habéis invitado a un café siquiera y además nos hicisteis Ghosting. Y aún así voy a hablar de Psycho Goreman porque me sale de los mismísimos. Porque soy un puto mártir del periodismo cinematográfico. O un gilipollas con ganas de llamar la atención. Probablemente las dos cosas porque no son conceptos excluyentes. Así que esto es lo que hay: crítica independiente, sin cortapisas, sin presión de ningún tipo, y sin haber tenido que fingir una sonrisa mientras veía la peli en un visionado para la prensa con palomitas rancias y con el director a tu lado mirando tu reacción de reojo. Esto es puro amor al cine cutre. O puro vicio. Tú eliges.

UN PRÓLOGO QUE NO VIENE A CUENTO PERO AQUÍ ESTÁ
¿Alguna vez has tenido un mal día? Me refiero a uno de esos en los que todo te sale de puto culo. Pues bienvenido al club, la cuota la pagas con lagrimas. Un mal día es como un invitado pesado que no se va de tu casa, que empieza a oler a pescado pasado y al que no debes ofrecerle más café o tarta. Lo mejor es meterle una patada en el coxis, tratarlo con mala hostia y evitar que te diga que han cancelado otra vez tu actual serie favorita, solo para joderte más. Pues imagínate ser un demonio intergaláctico todopoderoso, señor de la destrucción, temido en cien galaxias, con un ejército de criaturas infernales de latex y gomaespuma a tus órdenes y de repente, por un despiste cósmico, te despiertan dos niños pequeños jugando con palas en tu tumba. Y no solo eso, sino que una niña encuentra de manera absolutamente random tú único punto débil, una piedra que se encuentra por casualidad, llamada “Gema de Praxidice” y te convierte en su esclavo. Y además te llama «Buenorro».
Eso es Psycho Goreman. Y si no has visto esta película, te estás perdiendo una de las experiencias más bizarras, entrañables y sangrientas que ha parido el cine de género en los últimos años. Pero ojo, no te confundas: esto es café para los muy cafeteros. Es una peli para los que crecimos viendo pelis de monstruos cutres en VHS, para los que recordamos con cariño las colas del videoclub de al lado de tú casa para alquilar algo mainstream como “Predator” y luego acabar trincando “Yo compre una moto Vampiro”, para los que aún pensamos que los efectos prácticos molan más que el CGI del último truñaco de Mongolan. Y también para los que tenemos un humor un poco retorcido y nos parece un descojono ver a un bicho morado con pinchos desmembrando gente mientras suelta chascarrillos.
Soy Mark Novoa y esto es Fiebre de Cabina. Abróchate el cinturón, que vamos a diseccionar la peli de este mismo bicho morado como si fuéramos un forense con mucha prisa y absolutamente ninguna profesionalidad.
Igualito que yo trabajando para esta web.
O para cualquier otro.
¿DE QUÉ VA ESTO? (SIN SPOILERS, QUE NO SOY UN MONSTRUO… BUENO, SÍ, PERO DE OTRO TIPO)
Imagínate que mezclas «The Gate» (esa peli ochentera con un joven Stephen Dorff y unos niños random que abren un portal al infierno en el jardín), «Little Monsters» (la de humor muy canadiense de Howie Mandel, no la de Lupita Nyong’o) y un episodio de los «Power Rangers» escrito por un tipo que acaba de fliparse muy mucho con «Hellraiser IV» y que se ha fumado unas cuantas pipas con base de coca y regadas con LSD del que vendía Alan Moore en su instituto a los diecisiete años. Pues eso es Psycho Goreman.
La historia comienza con dos hermanos: Mimi y Luke. Mimi es una niña… cómo decirlo sin que me demanden por delito de odio… es una personaja. Es una pequeña psicópata adorable con un carácter dominante y un vocabulario que haría sonrojar a un marino malhablado de esos de los Simpsons que llevaban bien la homosexualidad en alta mar. Su hermano Luke es más callado, más sensible, y básicamente hace de escudero de su hermana en todas sus locuras. Un día, jugando a algo que parece una mezcla de balón prisionero, Rollerball remake con aun menos presupuesto y sin John McTiernan comiendo cárcel por ella, y tortura infantil llamado “Bola loca”, Luke golpea el suelo mientras esta cavando por haber perdido y descubre una extraña piedra brillante. Y ya sabéis lo que pasa cuando descubres una extraña piedra brillante: o te conviertes en un superhéroe o despiertas a un antiguo mal cósmico.
O Neil Breen se hace una película de las suyas. Fateful Findings de 2013 para ser más exactos.
Pues aquí es lo segundo. La piedra resulta ser un mecanismo de contención que mantenía sellado a un ser llamado el Archiduque de las Tinieblas, pero que Mimi rebautiza, tras pensarlo mucho con su hermano, como «Psycho Goreman». Y como Dios es un niño (o niña, en este caso), Mimi encuentra una joya mágica que le permite controlar a Psycho Goreman y que a partir de ese momento se convierte en su esclavo personal.
Lo que sigue es una especie de buddy movie invertida: la niña psicópata intenta enseñar a su nuevo esclavo demoníaco ultrapoderoso a ser menos bandarras en la Tierra mientras él intenta recuperar sus poderes y dignidad para volver a hacer el cafre por el universo, dónde le esperan un montón de criaturas alienígenas y bichos raros con diseños que parecen sacados de unos cuantos cosplayers random de ciencia ficción de la Japan Week.
Pero ojo, que no todo es diversión. Resulta que Psycho Goreman (al que a partir de ahora llamaremos PG como ellos, que es más corto y parece un nombre de marca de supermercado cutre) tiene un pasado oscuro. Muy oscuro. Y hay un montón de seres interestelares de plastiquete que quieren matarlo, o usarlo, o matarlo para usarlo. Y mientras tanto, Mimi y Luke intentan que no les metan un broncazo sus progenitores, que son de esos padres excesivamente permisivos de película que están todo el día a la gresca y que no se pispan de nada hasta que es demasiado tarde.
LOS PERSONAJES: DE LO PEOR DE LA HUMANIDAD A LO MEJOR DEL INFIERNO
Mimi: la peor pesadilla de cualquier padre (y lo mejor del guion)
Si hay un personaje que polariza a la peña en esta película, esa es Mimi. Y lo entiendo. Mimi es insoportable. Mimi es el tipo de niña que en la vida real te darían ganas de ahogar con una almohada. Es mandona, caprichosa, egocéntrica, y tiene una labia que te deja paralizado. Pero al mismo tiempo, es el motor de la película. Sin Mimi, esto sería una historia de terror genérica con un monstruo aburrido y feo que se toma a si mismo excesivamente en serio. Con Mimi, es una comedia negrísima sobre el poder, la amistad y el poder de la amistad. La actriz que la interpreta, Nita-Josee Hanna, se come la pantalla entera. No sé si darle un premio o pedir una orden de alejamiento. Es como si una versión maligna de Pippi Calzaslargas se hubiera apoderado del cuerpo de una niña y hubiera decidido que su misión en la vida es joderle la existencia a un demonio interdimensional.
Y lo mejor es que la relación entre Mimi y PG funciona precisamente porque ella es tan horrible como ser humano. No hay sentimentalismo barato. No es el típico cliché de «Oh, qué bonito, la niña y el monstruo se hacen amigos». Hay una dinámica de poder pura y dura. Ella tiene una joya controladora que le somete, él obedece. Y punto. Pero a lo largo de la película, esa dinámica empieza a mutar, y ahí es donde la cosa se vuelve interesante.
Luke: el hermano que flipa con todo esto sin necesidad de drogas
Luke es el contrapunto. Es el personaje más normal de la película, que ya es decir. Interpretado por Owen Myre, Luke es el típico niño sensible que prefiere leer un cómic a jugar al fútbol. Y de repente se encuentra con que su hermana ha esclavizado a un demonio. Su reacción es la que tendría cualquiera con dos dedos de frente: «Esto es una locura, tenemos que devolverlo a su tumba». Pero como su hermana es una fuerza de la naturaleza imparable, no le queda más remedio que seguirle el juego.
Luke es el espectador dentro de la película. Es el que pone los ojos en blanco, el que intenta razonar, el que grita a la pantalla que la van a joder duro, el que dice «esto no puede acabar bien». Y por supuesto, no acaba bien. Pero su presencia es necesaria para que no nos olvidemos de que, en teoría, esto es una historia de niños y debería haber algún tipo de moralidad. Aunque la moralidad aquí es bastante cuestionable.
Psycho Goreman: el demonio que desea ser temido y acabó siendo un meme
Y luego está la estrella del show: Psycho Goreman. Interpretado físicamente por Matthew Ninaber (un tío con un cuerpo que parece esculpido por un dios del gimnasio) y con la voz de Steven Vlahos, PG es una maravilla del diseño de criaturas de latex del submundo de serie B. Es grande, es morado, tiene pinchos, tiene una cara que parece una mezcla entre un insecto y un bulldog, y cuando habla suena como si Constantino Romero se hubiese pimplado diez litros de anís del mono.
Pero lo mejor de PG es su personalidad. Porque PG es un demonio malvado. De verdad. Ha destruido planetas, ha masacrado civilizaciones, es el terror del universo. Pero ahora está sometido a los caprichos de una niña de diez años. Y esa contradicción es una mina de oro cómica.
Ver a PG intentar mantener su dignidad mientras Mimi le obliga a probarse ropa hortera o a quedarse sentado sin hacer nada hasta el día siguiente, es sencillamente maravilloso. Verlo matar a alguien de forma extremadamente violenta y luego tener que pedir disculpas porque Mimi dice que «no se mata sin permiso» es todavía mejor. PG es un personaje trágico en el fondo: un ser destinado a la destrucción total que se ve reducido a una mascota. Y sin embargo, a medida que avanza la película, empieza a desarrollar un cierto cariño por sus captores. O al menos, un cierto respeto. O al menos, deja de pensar en matarlos cada cinco segundos. Eso es amor, ¿no?

Los padres: el peligro de no prestar atención a tus hijos
Los padres de Mimi y Luke son el clásico matrimonio de película de terror que no se enteran de una mierda hasta que es demasiado tarde porque son unos pendencieros entre ellos todo el santo día. El padre (interpretado por Adam Brooks) es un gilipuertas algo simple, que trabaja en algo que no le importa a nadie y que pasa la mayor parte del tiempo intentando que su mujer no lo mate porque literalmente es un vago y maleante. La madre (Alexis Kara Hancey) es una mujer estresada que probablemente soñaba con una vida diferente antes de tener hijos y que ademas apenas soporta a su marido.
Su papel en la película es mínimo, pero cumplen su función: ser el contrapunto «normal» que no tiene ni idea de que en la fabrica de zapatos abandonada al lado de su casa, hay un demonio intergaláctico contando historias de como genocidaba a la people alienigena de no se que planeta, a sus hijos. Hay una escena en particular, cuando los padres se topan con PG, que aunque con cierto miedo, acaban comprando ropa cutre para el con una naturalidad absurda que es de lo mejor de la película. No voy a hacer spoilers, pero digamos que el padre es más duro que los clavos de un ataúd.
Los villanos: una galería de bichos de la hostia
Y luego está el resto del reparto interestelar. Porque PG no es el único bicho raro del universo. A lo largo de la película aparecen un montón de criaturas alienígenas con diseños que son una carta de amor a los muñecos de series de animación de los ochenta. Está un random que es una especie de insecto gigante con una corona y una voz grave que es tan rígido como el pestañeo de un farlopero. Está una guerrera espacial que parece sacada de un cómic de los noventa (Ya sabéis a que tipo de cómics me refiero. BOOOOOOOOOOOOBS), un cerebro de gomaespuma con ojos. Están los «templarios», que son unos bichos con armaduras brillantes gomosas que parecen los descartes de la película de He-Man de la Cannon, etcétera.
Todos estos personajes tienen un diseño artesanal, con trajes de látex, maquillaje, prótesis. Y eso se nota. Hay una textura, un peso, una realidad en estas criaturas que el CGI jamás podría igualar. Cuando ves a estos bichos moverse, sabes que hay alguien dentro del traje sudando como un pollo y dándolo todo. Y eso es cine, amigos.
EL ESTILO KOSTANSKI: CUANDO EL AMOR POR EL GORE Y LAS FIGURAS DE ACCIÓN SE CONVIERTE EN ARTE
Steven Kostanski es, para quien no lo sepa, uno de los miembros fundadores de Astron-6, ese colectivo canadiense que nos ha regalado maravillas como «Father’s Day», «The Void» o «Manborg» y del que espero grandes cosas en su remake de ¨Deathstalker¨. Si no has visto esas películas, hazte un favor y búscalas. Son el tipo de cine que te hace preguntarte «¿cómo han hecho esto con cuatro duros?» y «¿por qué no hay más películas así?».
Kostanski es un director que entiende el cine de género como pocos. Sabe que no hace falta un presupuesto millonario para crear mundos, solo hacen falta ideas, ganas y un equipo de gente que sepa trabajar el latex. En Psycho Goreman, Kostanski se ha ido al otro extremo: si en sus películas anteriores había un tono más claramente paródico, aquí hay algo más personal. Es como si hubiera dicho: «Voy a hacer la película que me habría gustado HACER cuando tenía diez años, pero con toda la violencia que no me dejaban ver entonces».
El resultado es una mezcla extraña y maravillosa. Por un lado, hay un tono de comedia familiar (familiar en el sentido de que los protagonistas son niños, no en el sentido de que sea apta para todos los públicos) con situaciones absurdas y diálogos ingeniosos. Por otro lado, hay escenas de violencia extrema, con desmembramientos, tripas, sangre a borbotones y muertes creativas. Es como si los Power Rangers hubiesen chingado con Braindead de Peter Jackson en plan Gang Bang y hubiesen tenido este hijo bastardo.
Y lo mejor de todo es que la violencia nunca es gratuita. Bueno, sí, es gratuita, pero es divertida. Es el tipo de violencia exagerada que te hace reír porque es tan cartoon, tan exagerada, que no puedes tomártela en serio. Es como ver a Tom y Jerry, pero con vísceras. Vísceras que te lanzan a la cara.

EL HUMOR: ENTRE LA BROMA INFANTIL Y EL CHASCARRILLO DEMONÍACO
El humor de Psycho Goreman es otro de sus puntos fuertes. Y también uno de los que puede echar para atrás a según qué público. Porque el humor aquí es muy particular. Hay chistes que son claramente para niños (juegos de palabras tontos, situaciones absurdas), pero hay otros que son para adultos (referencias a películas de terror, violencia explícita, y sobre todo, el contraste entre la inocencia de los niños y la maldad de PG).
Mimi tiene momentazos antológicos. Cuando conoce a PG por primera vez, su reacción no es de miedo, sino de fascinación y se nota. Luego, cuando descubre que puede controlarlo, empieza a darle órdenes como si fuera un perro. Es una mezcla de inocencia y maldad que solo puede existir en los niños (y en los psicópatas, pero bueno).
PG, por su parte, tiene un humor más seco. Sus intentos de parecer amenazador mientras obedece a una niña son constantes. «Soy el terror del universo. He aniquilado civilizaciones enteras. Y ahora me pides que… ¿baile?» Es el típico personaje que se toma a sí mismo demasiado en serio y eso lo hace más cómico.
Pero también hay humor más sutil, como las reacciones de los personajes secundarios. Los padres, los vecinos, los amigos del colegio… todos reaccionan a lo que pasa con una mezcla de incredulidad y resignación que es muy humana. Esa naturalidad ante lo sobrenatural es una fuente inagotable de comedia.
LOS EFECTOS PRÁCTICOS: UNA CARTA DE AMOR AL LÁTEX Y LA SANGRE FALSA
Vamos a hablar de lo que realmente importa: los efectos especiales. Porque en una película como Psycho Goreman, los efectos no son un adorno, son el alma. Y aquí hay alma a raudales.
Kostanski ha optado por efectos prácticos en prácticamente todas las escenas. Los monstruos son trajes, las muertes son maquillaje, la sangre es sangre falsa (y mucha). Esto le da a la película una textura que el CGI no puede igualar. Cuando ves a PG moverse, notas que hay un tío dentro del traje. Cuando ves una explosión de vísceras, notas que hay un equipo de gente detrás con mangueras de ketchup.
Hay una escena en particular, que no voy a desvelar, en la que un personaje es partido por la mitad de una forma particularmente creativa. Es una escena que dura varios segundos, en la que vemos los detalles de las tripas, los huesos, la sangre. Y es tan exagerada, tan absurda, que en lugar de dar asco da risa. Es el tipo de efecto que solo funciona si es práctico. Si fuera CGI, sería frío y artificial. Así, es cálido y cutre. Y lo cutre mola. También hay que destacar el diseño de los decorados y los objetos. La piedra que controla a PG, las naves espaciales (que parecen hechas con piezas de Lego gigantes), todo tiene un aire casero que encaja perfectamente con el tono de la película. Esto no es una superproducción de Hollywood, es una película hecha por fans para fans. Y eso se nota y se agradece. Es como debería ser el cine.
Más cine y menos productos.
– De acuerdo chicos, como somos una Sociedad Anónima del mal, tenemos que tomar decisiones drásticas. ¿Que es lo mejor de la vida?
– Aplastar enemigos, verles destrozados y oír el lamento de sus mujeres.
– MAL. Díselo tu, cerebro de felpa con ojos random numero tres.
– Ser Sionistas, provocar guerras y subidas de precios abusivas en los barriles de Brent para que todo se vuelva insostenible para el planeta Tierra.
– Tioooooooo, ¿Pero de que vas Bitter Kas? Seremos seres malvados de látex de ficción, pero ni nunca seremos unos hipócritas, ni nunca haríamos un plan tan estúpido, ridículo y de ciencia ficción como ese. Mejor levantemos el puño al cielo y quejémonos del Presidente de la Galaxia y sus políticas socialistas.
LAS REFERENCIAS: UN JUEGO DEL TESORO PARA FRIKIS
Si eres un cinéfilo de género, Psycho Goreman es un no parar de referencias. Desde las más obvias hasta las más sutiles, la película está llena de homenajes a todo lo que molón en los 80 y 90.
Para empezar, está la estructura de la película, que recuerda mucho a «The Gate» (1987), esa peli en la que unos niños abren un portal al infierno en su jardín porque si. También hay ecos de «Little Monsters» (1989), con ese monstruo que vive debajo de la cama y se hace amigo de un niño. Y por supuesto, está la estética de los Power Rangers o “SuperSentai”, con esos trajes de colores y esas peleas coreografiadas.
Pero también hay referencias más adultas. El diseño de PG recuerda a los cenobitas de Hellraiser, con esa mezcla de carne y metal. Algunas de las criaturas secundarias parecen sacadas de los cómics de Heavy Metal. Y el humor, como ya he dicho, tiene bastante de la irreverencia de Peter Jackson en sus primeras películas. Incluso hay referencias a videojuegos. La escena en la que PG lucha contra sus subordinados a la vez, recuerda a un boss fight de un juego de lucha. Y la forma en que se mueve, con esa mezcla de lentitud y potencia, es muy de personaje de arcade.
Kostanski no esconde sus influencias, las celebra. Y eso es lo que hace que la película funcione para los que estamos en el ajo. Es como estar en una convención de frikis y ver a tu amigo disfrazado de tu personaje favorito. Te sientes identificado, te sientes parte de algo.<
¿POR QUÉ FUNCIONA? (O POR QUÉ A MÍ ME GUSTA A PESAR DE TODO)
Vamos al meollo. Psycho Goreman no es una película perfecta. Tiene momentos en los que el ritmo decae, tiene diálogos que podrían ser más afilados, y tiene una trama que, si te pones muy tiquismiquis, es bastante simple. Pero a mí me gusta. Y me gusta por varias razones.
Primero, porque es honesta. No pretende ser más de lo que es. Es una película de serie Z con todas las letras, hecha con amor, con pasión, con ganas de divertir. No hay pretensiones de grandeza, no hay mensajes profundos, no hay crítica social. Es solo una historia de un demonio y una niña que se hacen amigos a base de violencia y juegos de mesa. Y eso, en un mundo donde todo tiene que ser épico y trascendental, es un soplo de aire fresco.
Segundo, porque es divertida. De verdad. Yo la he visto varias veces y en ambas me he reído a carcajadas. No es una comedia de chistes fáciles, es una comedia de situación, de personajes, de contrastes. Y el humor funciona porque los personajes se lo creen. Mimi se cree que es la dueña del mundo, PG se cree que es el terror del universo, y esa seriedad en medio del absurdo es la clave de todo.
Tercero, porque es una carta de amor al cine que ya no se hace. Vivimos en una época donde los efectos especiales son cada vez más digitales, más perfectos, más fríos, más sin alma. Ver una película como Psycho Goreman, con sus trajes de látex, sus maquillajes y sus tripas falsas, es como encontrar una reliquia. Es un recordatorio de que el cine puede ser artesanal, puede ser imperfecto, puede ser humano.
Y cuarto, porque tiene corazón. Debajo de toda la sangre, las vísceras y los chistes malos, hay una historia sobre la amistad, sobre la familia, sobre el hecho de que a veces los monstruos no son tan monstruos y los niños no son tan inocentes. La relación entre Mimi y PG evoluciona a lo largo de la película, y al final, sin hacer spoilers, hay un momento que es genuinamente emotivo. Sí, emotivo. En una película de un demonio morado que mata gente. Quién lo iba a decir.
LAS CRÍTICAS: POR SI ALGUIEN QUIERE PONER PEGAS (Y TIENE RAZÓN EN PARTE)
No todo iba a ser bueno. También hay cosas que no funcionan del todo en Psycho Goreman. Y como soy un crítico honesto (y un poco amargado), voy a señalarlas.
Para empezar, el ritmo. La película tiene un arranque arrollador, pero en el tramo medio se toma un respiro que puede hacer que el espectador se despiste. Hay escenas que alargan innecesariamente la trama, como las discusiones entre los niños o las apariciones de los padres, que aunque tienen gracia, a veces rompen la tensión.
Luego está el tema de los personajes secundarios. Aparte de los protagonistas, el resto de personajes están poco desarrollados. Los villanos, aunque visualmente espectaculares, tienen muy poco tiempo en pantalla y sus motivaciones son bastante planas. Quiero decir, son malos porque son malos, y punto. No hay matices. Y en una película que se toma la molestia de crear un universo tan rico, da pena que no se exploren más.
También hay quien critica que Mimi es demasiado insoportable. Y es cierto. Hay momentos en los que dan ganas de que PG o cualquiera la mate, la verdad. Pero creo que esa es la intención. Mimi no es un personaje para querer, es un personaje para soportar. Y al final, cuando ves su vulnerabilidad, entiendes que su actitud es una coraza. O no. Igual es solo una niña psicópata. Pero funciona para la historia.
Y por último, el final. Sin spoilers, el final es un poco precipitado. Todo se resuelve en una batalla final que, aunque espectacular, deja algunas tramas colgando. ¿Qué pasa con tal personaje? ¿Y con tal otro? Parece que Kostanski se quedó sin presupuesto o sin metraje y tuvo que cerrar como pudo. Aún así, el epílogo es bonito y deja una sonrisa.

COMPARACIONES NECESARIAS: ¿DÓNDE ENCAJA PSYCHO GOREMAN EN EL CINE DE GÉNERO ACTUAL?
Para entender la importancia de Psycho Goreman, hay que ponerla en contexto. Vivimos en una época dorada del cine de terror, pero también en una época de saturación. Cada semana sale una nueva película de terror en Netflix, Amazon, HBO, y todas son más o menos lo mismo: casas encantadas, posesiones demoníacas, slashers con mascaras, chavalas embarazadas a los diecisiete…. Cine correcto, pero olvidable.
Psycho Goreman no es correcta. Es ruidosa, es fea, es violenta, es absurda. Y eso la hace destacar. Es como si en medio de un concierto de música clásica, alguien se pusiera a tocar el air guitar con una canción de la banda sonora de Inception. Puede que no sea del gusto de todos, pero desde luego no deja indiferente.
En los últimos años, ha habido un resurgir del cine de serie B gracias a directores como Adam Wingard («You’re Next», «The Guest»), S. Craig Zahler («Bone Tomahawk», «Dragged Across Concrete») o los propios Astron-6. Pero Psycho Goreman lleva esa tendencia al extremo. No es una película que intente ser «cool» o «moderna». Es una película que abraza su cutrez y la convierte en virtud.
También se puede comparar con otras películas recientes que mezclan niños y monstruos, como «The Babysitter». Pero esas películas son más conscientes de sí mismas, más irónicas. Psycho Goreman es más inocente en su maldad. No hay dobles lecturas, no hay meta-humor. Es lo que ves, y lo que ves es un bicho morado matando gente mientras una niña le dice que se porte bien.
Y eso, en 2026, es casi revolucionario.
LA BANDA SONORA: UN PERSONAJE MÁS
No puedo terminar este artículo sin hablar de la música. La banda sonora de Psycho Goreman, compuesta por Blitz//Berlin, es una pasada. Mezcla sintetizadores ochenteros con riffs de guitarra heavy, y crea una atmósfera que es a la vez épica y casposa. Es como si John Carpenter y un grupo de thrash metal se hubieran juntado para hacer una jam session.
Los temas principales tienen ese sonido que te transporta a las películas de los ochenta, con esos sintes que parecen sacados de un teclado Casio. Pero también hay momentos más tranquilos, más melódicos, que subrayan las escenas emotivas. Y por supuesto, cuando llega la acción, la música se vuelve más agresiva, con guitarras distorsionadas y baterías potentes.
La canción de los créditos finales, que no voy a desvelar, es una auténtica joya. Merece la pena quedarse hasta el final solo para escucharla. Y para ver los dibujos que salen, que también son una maravilla.
CONCLUSIÓN: ¿MERECE LA PENA VER PSYCHO GOREMAN?
Mira, voy a ser claro. Si te gusta el cine de terror con humor, si creciste viendo películas de monstruos cutres, si aún conservas algún muñeco de los ochenta en tu habitación, si te parece bien que una película tenga sangre a espuertas pero también corazón, entonces Psycho Goreman es para ti.
Si eres de los que piensan que el cine tiene que ser serio, profundo, con mensaje y con acting de método, probablemente esta película te parezca una estupidez. Y tienes derecho a pensar eso. Pero te estarás perdiendo una de las experiencias más divertidas que ha dado el cine de género en años. Y ademas eres gilipollas.
Psycho Goreman no es una obra maestra. Es una película menor, hecha con cuatro duros y mucha pasión. Pero a veces, las películas menores son las que más llegan. Porque no intentan gustar a todo el mundo, no intentan ser perfectas, no intentan ganar Oscars. Solo intentan hacerte pasar un buen rato. Y vaya si lo consiguen. Así que ya sabes. Busca la película, ponte cómodo, prepárate para ver a un demonio morado hacer cosas horribles mientras una niña le dice que convierta a un amigo random en un cerebro gigante con piernas. Y si te gusta, genial. Y si no, al menos habrás visto algo diferente. Que en estos tiempos, ya es mucho.
Y Setenta Nou, si estáis leyendo esto: la próxima vez, mandadme copia. O no. Pero si no lo hacéis, igualmente si me da la gana hablare de pelis que editeis ya que tenéis cosas muy interesantes y bien editadas como de la Full Moon y porque soy así de cabezón. Y porque esto es Fiebre de Cabina, y aquí no nos calla ni Trump.
Mark Novoa – Fiebre de Cabina
PD: Si has llegado hasta aquí, te mereces un premio. O un tratamiento psiquiátrico. Probablemente ambas cosas. Ni puta idea.
– Trece hijos Steven, ¿te acuerdas? No entiendo porque trabajo con este hombre.
– Estoy tan orgulloso de ti Cerebro de Latex cutre, que te meteré en el remake de Deathstalker aunque no pegues ni con cola. A martillazos si hace falta.
– A TOMAR POR CULO. DIMITO POR INCOHERENCIAS.
– ¿Que dices Cerebri? ¿Que acabe con el tío de FX que se acaba de despedir? Tengo ganas de continuar con mi recolección de testículos para mi collar de huevitos.<
– ME CAGO EN









