Star Trek Starfleet Academy poster

¡MIRE USTED QUÉ COSAS! STAR TREK STARFLEET ACADEMY: DE LA VISIÓN BUENRROLLISTA DE RODDENBERRY, AL CAMPUS DEL TRAUMA Y LA LOCURA RANDIANA

(Nota del autor: este artículo contiene un 80% de sarcasmo, un 15% de análisis friki y un 5% de ganas de pegarme un tiro en la punta del nabo por tener que verme este puto engendro audiovisual)

¡Aloha Chavales! Soy Mark Novoa y vosotros no, y esto es… bueno, esto es un lamento. Un lamento en forma de artículo patrocinado por «No me pagan lo suficiente por tragarme esta mierda, pero alguien tiene que hacerlo».

Hoy, sentémonos un momento porque, queridos cadetes Fiebre-Cabineros, estamos ante un momento histórico en la franquicia Star Trek. Y PARA NADA es bueno. Vamos a hablar de Star Trek: Starfleet Academy, la nueva serie de la franquicia. La que promete llevarnos de vuelta a los orígenes de la Flota Estelar, a los jóvenes idealistas llenos de vigor, a los sueños de un futuro mejor… ¡pero que en realidad nos va a meter en un puto manicomio galáctico con forma de campus universitario!

Porque, seamos sinceros. Esto ya no es el Star Trek de nuestros padres. Esto no es el Star Trek del tío abuelo Roddenberry. Esto es… ¿cómo decirlo? Esto es como si J.K. Rowling hubiera conocido a Ayn Rand en una orgía de ego y pesimismo, y de esa noche de pasión hubiera nacido el aborto de un guion escrito por un algoritmo encocado hasta las cejas de Netflix.

Y habría que meterle un disparo en el cerebelo para darle paz.

El Gran Misterio: ¿Cómo hemos pasado de Roddenberry a Rand?

Vamos a ponernos serios, que luego la gente dice que solo sé hacer chistes de pedos. Y sí, sé hacerlos, pero también sé leer. Y he leído a Ayn Rand. Demasiado diría yo. Sí, esa tipeja rusa con cara de haber mordido un limón mientras le robaban los muy malvados bolcheviques la farmacia de su familia, que escribía rollos de papel higiénico de mil y pico páginas para decir que el egoísmo mola y que los pobres se lo han buscado porque quieren. La autora de La Rebelión de Atlas y El Manantial, la gurú del capitalismo extremo y la de que la peña que es realmente inteligente es la que se mea en los pobres porque «no producen ningún valor».

¿Y sabéis qué? Gene Roddenberry la odiaba. Con toda la puta intensidad de su ser. Y no era un odio cualquiera, no. Era un odio activo, creativo. No tengo ninguna duda de que creó Star Trek como una bofetada filosófica en toda la cara de Ayn Rand. Mientras ella decía «el hombre es un lobo para el hombre y el que vale, vale», Roddenberry decía: «No, colega, el futuro es ir todos juntos de la mano a tomar algo a un restaurante en el fin del mundo y que las máquinas trabajen por nosotros para que podamos ser mejores personas».

En el Star Trek de Roddenberry, no hay dinero. Lo leéis bien. NO HAY DINERO. La humanidad ha superado la enfermedad de la escasez. Ya no necesitas ser el puto amo del universo para tener un plato de lentejas con chorizo en la mesa. Todo el mundo tiene lo básico: casa, comida, educación, sanidad, todo de calidad, y un viajecito a las playas de Salou si te apetece. La motivación para trabajar no es «sobrevivir», es «mejorarse a uno mismo y a la sociedad». ¡Es jodidamente revolucionario! Es el «comunismo de lujo» que siempre quisimos y que nos niegan continuamente.

Es el final de la historia, pero en bueno.

Y ahora, fijaos. Mirad lo que estos inestables ejecutivos de Paramount han hecho con ese legado. Mirad Star Trek: Discovery, pispaos de lo que pasa por Star Trek: Strange New Worlds. contemplad el desastre de Starfleet Academy. ¿Qué vemos? Gente que grita. Traumas. Gente que llora. Crisis existenciales. Y un universo que se cae a putos pedazos cada dos por tres, cuando estaba todo superado hace tiempo.

¿Recordáis La Nueva Generación? ¿El episodio de «La Zona neutral» (The Neutral Zone)? Unos putos pijos privilegiados del siglo XX son criogenizados y despiertan en la Enterprise. Y lo primero que preguntan es: «¿Cuánto vale esto? ¿Cuánto cuesta aquello?». Y Riker, con una sonrisa de suficiencia, les suelta: «Caballeros, bienvenidos al futuro. Aquí ya no usamos dinero. Trabajamos para mejorarnos a nosotros mismos y a la humanidad».

¡Esa frase es un misil nuclear contra la linea de flotación de los panfletos infantiloides de Ayn Rand! Es decirle: «Señora Rand, su puto libro de 1.200 páginas sobre lo guay que es ser un cabrón con pasta se queda obsoleto en el primer episodio de esta serie de los ochenta».

Entonces, ¿cómo cojones hemos llegado al punto en que la nueva serie, Starfleet Academy, parece una pasarela de la imbecilidad supina? ¿Cómo hemos llegado al punto en que lo que motiva a los cadetes ya no es «conocer nuevas civilizaciones», sino conseguir comida y recursos como en un survival casposo de Steam, porque literalmente todo el mundo se ha vuelto pobre for no reason?

Resumen de la “filosofía” de Ayn Rand. Siempre mierda, nunca no mierda

Starfleet Academy: El Campus de las Almas Perdidas del Doctor Moreau

Vamos a analizar la premisa, porque tiene bemoles. Nos venden una serie sobre jóvenes que entran en la Academia de la Flota Estelar y así de gratis, se torna en una serie de blanqueamiento anal súper deep a los militares. En teoría, debería ser como Harry Potter en el Comunismo bien pero plagada de Aliens con prótesis faciales aquí y allí. Gente joven, con dudas, con ilusiones, aprendiendo a pilotar naves, a resolver conflictos con la lógica y a no meter la polla en un primer contacto. Un «Voy a vivir como funcionario para siempre… en la Flota Estelar». Pero no. Porque en el universo actual de Star Trek, la Flota Estelar no es una organización de exploración. Es una organización paramilitar sumida siempre en una crisis perpetua. Y sus academias no son para formar diplomáticos o científicos, son para forjar soldados del trauma y de la angustia vital.

Según las filtraciones y las declaraciones de los productores (esa gentuza que nunca han visto un episodio de LOWER DECKS y que le comen el coño podrido al cadáver de Ayn Rand), los cadetes de esta nueva serie van a lidiar con sus «demonios interiores». Van a tener que enfrentarse a… ¡un gran mal que amenaza la Federación! ¡Otra vez! ¿¡Otra vez!?

Señores inestables productores de Star Trek, un momentito. Un inciso. ¿Os habéis dado cuenta de que en los últimos años la Federación está en una UCI permanente? En Discovery, la Federación está hecha polvo por un evento cósmico apocalíptico. En Picard, la Federación está llena de conspiraciones y putos robots a pilas asesinos. En Lower Decks todo es un puto caos. En Prodigy está desaparecida. ¿Sabéis cuándo estaba bien la Federación? Cuando no hablaban de ella. Cuando era el telón de fondo estable y aburrido que permitía a los personajes ir a vivir aventuras. Era el hogar. Y un hogar no es interesante. Lo interesante es lo que hay fuera. Pero ahora, el hogar es una puta ruina y tenemos que ver cómo los putos pros del server intentan arreglar el pifostio que tienen montado mientras los niños pequeños (los cadetes) lloran porque la civilización se va a tomar por culo.

¡Esto es jodidamente ranciano! Porque en el mundo de Ayn Rand, si tu hogar es una ruina es porque no has sido lo suficientemente egoísta y listo para mantenerlo. La responsabilidad recae en el individuo. Y en Starfleet Academy, toda la responsabilidad va a recaer en estos críos. Van a ser los «héroes individuales randianos» que salvarán a la galaxia de sus padres incompetentes.

¿Os acordáis del Wesley Crusher interpretado por Will Weathon? El puto Wesley Crusher era un niño repelente, sí, un «niño genio precoz» que se creía el puto amo. Pero, ¿qué hacía Wesley? Aprendía. Escuchaba. Metía la pata. Y cuando salvaba la situación, lo hacía porque aplicaba algo que le habían enseñado a lo largo del episodio o porque tenía una intuición, pero siempre bajo la tutela de unos adultos que, aunque a veces parecían bastante imbéciles, eran competentes. El capitán Picard era su mentor, no su compañero de piso en una residencia estudiantil del abuso hacía los demás.
Ahora, imaginad a los nuevos Wesley de la vida. No van a tener un mentor, van a tener un «entrenador emocional». No van a aprender sobre la Primera Directriz, van a aprender sobre cómo procesar el trauma de que un compañero de clase haya sido apuñalado por un Vulcaniano jincharudo en los testículos por dos barritas de proteína de bichos. Todo es personal. Todo es íntimo. Todo es un drama psicológico. Pero sin el puto humor de LOWER DECKS.

Y aquí es donde la filosofía de Rand se cuela por la puerta de atrás. Si, por el culo sin escupitajo de cortesía ni nada. Para Rand, el mundo era una lucha constante del individuo contra la mediocridad colectiva. Sus héroes (como Howard Roark o John Galt) son tipejos solitarios, que se creen incomprendidos, que dan por culo a un sistema que quiere aplastar su genio y que no les gusta para nada, porque es demasiado socialista. Son egocéntricos, se creen brillantes y siempre son insoportables. Ahora mirad a los personajes de las nuevas series de Star Trek. Burnham en Discovery es una genio incomprendida que siempre tiene la razón, que se salta las normas porque «su intuición» se lo dice, y que carga con el peso de la galaxia en sus hombros como Atlas, mientras todos los que la rodean la admiran o la odian. Es un personaje randiano hasta la médula. No trabaja en equipo por convicción, lo hace por necesidad, y siempre cree estar por encima de los demás a nivel intelectual y moral.

¿Y qué pasa por Starfleet Academy? Exactamente lo mismo. Vamos a tener un reparto de jóvenes genios, cada uno con su trauma donde tendrán que demostrar que son realmente especiales y no unos putos imbéciles. No será una historia de crecimiento colectivo, de forjar amistades que durarán décadas. Será un concurso de talentos donde al final el más especial (léase: el que más llore o el que más grite) salvará el día.

El Fin de lo Básico: ¿Dónde están los putos replicadores?

Pero hay una cosa que me jode más que ver a mi amigo Aitor borracho intentar ligar con una farola, y es la estupidez apocalíptica de la que hablábamos. ¿Por qué cojones ahora todo es una emergencia de nivel galáctico?

En La Nueva Generación, una amenaza de nivel galáctico era algo que pasaba una vez cada dos temporadas, y cuando pasaba (como los Borg), era LA HOSTIA. Te cagabas. Pero en el día a día, los problemas eran menores, digamos que rutinarios de oficina. Una plaga en una colonia, una fisura en el espacio, unos romulanos de mala hostia, un planeta que no sabía si quería entrar en la Federación, unos cuantos embarazos no deseados. Y eso permitía explorar, coño. Permitía hablar de ética, de filosofía, de lo que significa ser humano y de porque hay que abortar de vez en cuando.

¿Y por qué podían permitirse ese lujo? Porque, como dije, lo básico estaba cubierto. Nadie pasaba hambre. Nadie necesitaba un riñón. Si alguien se ponía malo, ibas a la enfermería y la Dra. Crusher te lo curaba con un aparatejo del atrezzo. No había historias de «no tenemos medicamentos, tenemos que robarle las vacunas a los klingons». ¡Eso es The Expanse, joder! Y mola en The Expanse, porque es su universo. En The Expanse la gente muere de hambre y de frío. En Star Trek no.

Pero ahora, en el universo Star Trek moderno, la escasez ha vuelto. Y no ha vuelto como un concepto filosófico para que los personajes lo superen, ha vuelto como un puto recurso narrativo barato para darte un mensaje de los Neo-con para violarte pero bien, de puta madre, las sinapsis. En Picard temporada 1, la Federación está bloqueando a los refugiados sintéticos. ¿Por qué? Porque hay escasez de… ¿qué? ¿De qué cojones hay escasez en una sociedad post-escasez? ¿De espacio? ¿De tolerancia? Pero no se explica. Solo que se vuelven locuelos y dicen cosas como ¡Allahu akbar!, por cierto, una frase cotidiana manchada por los atentados terroristas de los de siempre.

Todo esto para que tengamos dramita. Toca convertir a la Federación en mala. Y para que sea mala, tiene que comportarse como los gobiernos de ahora. Racista, clasista, egoísta like Trump, que para ellos ser así ESTA BIEN. Pero la serie Picard o Lower Decks, aun eran buenos tiempos en el que el Randianismo aun no le había hecho un dedo en el ojete al lore de Star Trek.

Y aquí viene la conexión con Starfleet Academy. Si el universo está surfeando una ola de aguas fecales, ¿qué van a enseñar en la academia? ¿Ética en el primer contacto? No, hombre, no. Van a enseñar «Tácticas de supervivencia en un universo hostil 101». Van a enseñar «Cómo disparar un faser mientras lloras por tu ex 202». Van a hacer ejercicios de simulación donde la Flota Estelar ha caído y ellos son la última esperanza. Vamos a ver a cadetes de primer año lidiando con crisis existenciales que ni el puto John Nieve podría superar. Y esto es, de nuevo, profundamente ranciano. Porque en un mundo donde todo es una puta emergencia, la única forma de sobrevivir es ser el más fuerte, el más listo, el más rápido. La cooperación pasa a un segundo plano. La solidaridad se convierte en un problema para ellos.

La isla del doctor Moreau
Al igual que el clásico culo o codo ¿Personaje de Starfleet Academy o Mark Dacascos?

Lógica y Sutileza: ¿Por qué ha pasado esto?

Llegamos al meollo. La polla en la boca del espectador que todos habéis decidido IGNORAR. ¿Por qué? ¿Porque han destrozado el legado de Roddenberry para convertirlo en este churro de Reality Show de Supervivientes con Alienígenas buenorros?

Pues tengo varias teorías. Vamos a enumerarlas, como si fuéramos la Capitana Freeman de Lower Decks proponiendo ideas:

1. El Síndrome del Puto Miedo (O «Miedo a Aburrir»):

Los productores actuales creen que la audiencia es idiota y tiene un déficit de atención de puta madre. Piensan que si no hay una amenaza de destrucción masiva en cada episodio, la gente se va a ir a ver TikToks de gatitos y tartas de queso. Han confundido el «sentido de la maravilla» con la «descarga de adrenalina». Ya no interesa explorar un planeta donde la gente se comunica mediante canciones o movimientos circulares de ya sabéis que tipo de trompa; interesa ver cómo un planeta explota mientras la heroína grita. Y como ahora tenemos plataformas de streaming que nos permiten hacer temporadas de 10 episodios como si fueran una puta película de diez horas, necesitas que esa «película» tenga un clímax constante. No hay respiro. Todo el metraje es el puto clímax.

Bueno, si que hay respiro, anuncios cada dos por tres aun pagando.

ME CAGO EN…

2. La Muerte del Episodio Autocontenido:

Esto está matando la narrativa. Antes tenías 26 episodios por temporada. Podías hacer un episodio tonto de holocubierta, un episodio serio sobre la guerra, un episodio de viajes en el tiempo, y otro donde solo hablaban en una sala de reuniones. Ahora, con temporadas de 10 episodios, todo tiene que estar conectado para justificar el «evento». Y si todo está conectado, todo tiene que ser IMPORTANTE. Y si todo es importante, nada lo es. Y al final, una puta Academia de cadetes tiene que ser el centro del universo, porque si no, ¿por qué íbamos a ver diez episodios de sus mierdas?

3. La Dictadura del «Fandom» en Redes Sociales:

Los showrunners actuales están más pendientes de Twitter que de los libros de historia de la Flota. Ven lo que se dice. Y claro, en las redes sociales, la gente se queja de que los personajes no tienen suficiente «trasfondo». Que no se profundiza en su trauma. Que no sabemos por qué están tan cabreados. Y los productores, en lugar de entender que a veces un personaje es interesante por lo que hace y no por lo que le pasó de niño, deciden: «¡Vale! Vamos a hacer una serie entera sobre sus traumas de la infancia. ¡En el espacio!». Han convertido el desarrollo de personaje en un catálogo de desgracias personales. Y lo han hecho en el peor lugar posible: una academia militar/filosófica donde deberían estar mirando al futuro, no al pasado.

4. La Vergüenza del Optimismo:

Vivimos en una época cínica. Da vergüenza ser optimista. Si dices que el mundo puede mejorar, te tachan de imbécil. La cultura pop actual se alimenta de distopías (ya sean zombies, ya sean juegos del hambre, ya sean imperios galácticos malvados). Y los creadores de Star Trek se han contagiado. Les da corte hacer una serie donde los problemas se solucionan hablando, porque eso es de «frikis de los noventa». Ahora lo guay es que los personajes estén llenos de contradicciones, que la Federación sea un estado fallido, y que los cadetes tengan que aprender a sobrevivir en la jungla. Es como si alguien hubiera decidido que Star Trek es un videojuego de rol oscuro y no una carta de amor a la humanidad.

5. El Éxito de «The Mandalorian» (O la Envidia del Mal): Esto suena a topicazo, pero creo que tiene su miga. The Mandalorian funcionó porque era un tío solitario en un universo duro, con un toque western. Y los ejecutivos, que no entienden de matices, pensaron: «¡Hostia! La gente quiere personajes solitarios y universos duros. Pues pongamos eso en Star Trek!». Y así nació el Burnham random en Discovery, entre otros, y ahora estos cadetes que vivirán en un universo duro y solitario… pero juntos. Es una mezcla extraña. Quieren el «realismo» oscuro de The Expanse y Battlestar Galactica, pero también quieren los colores brillantes y la estética de Star Trek. El resultado es un batiburrillo esquizofrénico.

Starfleet Academy
– Esta uno de Lepe, un Catalan, una holograma neurodivergente, un random, un Klingon pacifista gay, un imbécil, una rubia ridícula, un pobre que es pobre porque quiere…
– !!!!Es un chiste rancio macho!!!!
– No, es el reparto de Starfleet Academy.

6. El olor putrefacto a Objetivismo por parte de los Neo Con:

Vale, chavales. os voy a ser sincero y hablaros del núcleo de este articulo. Me he quedado un rato mirando la pantalla de mi Smart TV con estupefacción por el pestazo a objetivismo y neocon que echa la nueva caspa “elesedetica” esta de Starfleet Academy. Es absolutamente imposible no darse cuenta del fist fucking por parte del trumpismo metida en el ano de Paramount plas, que parece que todo el mundo esta ignorando a conciencia, todo para cargarse el comunismo de toda la vida de Star Trek y, de paso, usar la serie como ariete en la guerra cultural para que lo woke sea tan agradable para todos, como cuando JK Rowling se ve obligada a ver Priscilla Reina del Desierto porque esa película es la favorita de su hija.

Vamos por partes, que esto es un menú del día con entrante, plato fuerte y un postre muy amargo. Aderezado con una puñalada “jincha” por parte de los Neocons.

Lo primero que hay que tener claro es el pecado original de Star Trek, lo que los curas de la derecha mediática llevan sesenta años intentando exorcizar. Star Trek, desde su concepción, es profundamente anticapitalista. Es una sociedad post-escasez donde no existe el dinero, la gente no trabaja por salario sino por autorrealización, y los replicadores han hecho que la acumulación de bienes sea una manía de viejos rancios. Eso, en el lenguaje de la calle, es un puñado de hostias comunistas. Y durante décadas, la Federación era el ejemplo de que, si gestionabas bien los recursos y te cargabas el puto ansia voraz, la humanidad podía vivir en paz y progreso.

Pero claro, ahora tenemos esta nueva serie. Starfleet Academy. Y el tufo que echa no es a replicador de café, sino a sudor de think tank neoliberal. ¿Y por qué? Porque la serie plantea una premisa que es la antítesis del mensaje de Gene Roddenberry: la escasez ha vuelto . Han tenido que poner un contexto post-apocalíptico galáctico con «La Combustión» para justificar que la Flota Estelar ya no es ese faro de esperanza, sino una especie de internado cutre con delincuentes espaciales y problemas de racionamiento.

Y aquí es donde entra la jugada maestra de los que mandan ahora. Resulta que Peter Thiel, el padrino de la locura tecnologica libertaria y aquel guest star cutre de Solo en Casa 2 (Trump), llevan años diciendo que Star Trek es comunista y que eso no puede ser. Pues bien, con la nueva administración y las presiones de personajes como Pete Hegseth, que ya ha salido a ladrar contra Star Trek por «woke» y el yerno de Trump Jared Kushner que esta metido hasta la braga faja en Paramount, han visto la oportunidad de oro. Van a usar la propia narrativa de la serie para decir: «¿Veis? El comunismo de Roddenberry era un cuento. En cuanto aprieta la crisis, en cuanto no hay recursos ilimitados, la sociedad progresista se desmorona y todos volvéis a robar pan y a iros a la mierda».

Es el mensaje de «sálvese quien pueda» aplicado a la ciencia ficción. Te están diciendo que la cooperación, la solidaridad y la ausencia de clases son un lujo para pijos del futuro. Pero cuando vienen mal dadas, lo que toca es el vandalismo, el egoísmo y la ley del más fuerte. Vamos, el sueño húmedo erótico festivo de Ayn Rand hecho serie de Paramount Plas. Han forzado un evento de escasez para reescribir el lore y decir bien alto: «El comunismo no funciona, el ser humano sera siempre un lobo para el hombre, así que dejad de soñar y aceptad que el capitalismo de guerra es el estado natural de las cosas». Eso, amigo, es objetivismo de manual. Es darle la vuelta a la tortilla para que el mensaje utópico de la serie original parezca una ingenuidad de niños de teta.

Pero no acaba ahí la jugada. Esto no es solo un ajuste de cuentas económico. Esto es venganza. Durante años, la derecha más cavernícola ha vomitado bilis contra el «marxismo cultural» y lo «woke». Han convertido esas palabras en un insulto y precisamente de toda vida Star Trek siempre fue Woke desde sus inicios. Y ahora que tienen la sartén por el mango en plataformas como Paramount Plas, no solo van a destruir el comunismo de la trama, van a destruir también la credibilidad de los personajes que representaban esos valores.

Y lo hacen de la manera más ruin y efectista: haciendo el ridículo. En Starfleet Academy ya están apareciendo personajes que son una auténtica parodia. Han convertido a los Klingon, la raza guerrera por excelencia, en una especie de activistas de ONG. Está ese momento hecho a posta para ser viral donde un Klingon con minifalda de secretaria, que en lugar de querer partirte la cara con un d’k tahg a un random que le esta haciendo Bully de manera cutre, sale con un discurso de que «el verdadero guerrero es el que busca la paz» y encima con un amaneramiento que parece sacado de lo que creen los señoros de siempre que sucede en la manifestación del Orgullo en Chueca. El problema no es que lleve una falda, el problema es que lleva una falda de oficinista en vez de un taparrabos ceremonial Klingon. El problema es que usan todos los clichés sobre los gays como hombre de paja y se usa para ridiculizar a ese colectivo y señalarlo como ridículo, alienante y poco deseable. Ser gay para ellos es ser débil, indefenso, ser una dama en apuros y ya de paso ser la persona emotiva que mete en problemas a todos por su sensibilidad.

¿Y esto por qué lo hacen? Porque saben que los haters y los bots de Twitter van a compartir ese clip hasta la saciedad despollandose. El objetivo no es solo que odies al personaje. Es que asocies en tu puta cabeza que «Klingon pacifista» = «gay» = «ridículo». Es la estrategia de la risa. Si consigues que el público mainstream, el que no es fan acérrimo, vea un clip de un minuto de un Klingon soltando memeces en plan súper serio, has ganado la batalla. Has hecho que la gente normal asocie lo progresista con lo poco atractivo, con lo cómico, con lo que da vergüenza ajena. No les importa una mierda la tradición Klingon, ni el canon de Star Trek. Les importa que tú, cuando veas a un activista en la tele, te acuerdes de ese Klingon maricón y te parezca un payaso. Han usado la serie para plantar un meme en el imaginario colectivo: ser inclusivo es ser gilipollas.

Y que decir de la Capitana/Decana. No, su “rollito cantidubi” no es una pose ni una provocación adolescente. La Canciller y Capitana Nahla Ake es, en esencia, una contradicción andante (o, mejor dicho, flotante) hecha personaje. Es la autoridad máxima de Starfleet Academy y, al mismo tiempo, la alumna rebelde que nunca se graduó del todo. Su gran batalla interna no es contra los Klingon o los Borg, sino contra la rigidez de un uniforme que le queda pequeño al alma. Ella intenta compensar su naturaleza contestataria e individualista con una puesta en escena estética que roza el absurdo, pero que en el fondo es una declaración de principios: «He vivido 422 años, no me jodas con el protocolo de sentadillas».

Su obsesión por ir descalza no es un capricho de diva de Hollywood. Es su manera de mantener una conexión telúrica con una realidad que ya casi ni recuerda. Holly Hunter confesó que la idea fue de Alex Kurtzman, y ella la abrazó porque le permitía explorar una «fluidez» física que contrasta violentamente con la rigidez militar de la Flota Estelar. Mientras otros capitanes pisan fuerte con botas de reglamento, Nahla prefiere sentir el frío de un suelo «ultra-pulido» que, según sus propias palabras, «se siente muy bien en los pies». Es un acto de rebeldía silenciosa: despojarse del calzado es despojarse de la parafernalia del poder para recordarles a todos (y a ella misma) que sigue siendo un ser orgánico y, por tanto, imperfecto y libre.

Pero si lo de los pies es la teoría, su manera de sentarse es la praxis de la provocación pura. Ver a Nahla Ake en el puente de mando de la USS Athena es un espectáculo que divide a los Trekkies más puristas. No se sienta en la silla del capitán; la habita como una gata en celo marcando territorio. Se recuesta con los pies en alto sobre el reposabrazos, se balancea, gira sobre sí misma en una silla de oficina como una becaria aburrida mientras sermonea a los cadetes. Su lenguaje corporal grita lo que sus galones callan: «Quiero sentirme líquida. Quiero estar sin columna vertebral».

Esa postura, que a ojos de un almirante clásico parecería la de una «gilipollas», es en realidad el mecanismo de defensa de una mujer que carga con 422 años de tedio burocrático. Porque seamos sinceros: cuando has vivido tanto y has visto caer y resurgir la Federación, lo único que te queda por combatir es el aburrimiento cósmico. Ella sabe que su rango es incuestionable, así que se permite el lujo de subvertir la estética del poder desde el epicentro del mismo. No necesita la rigidez normativista de un Picard, la testosterona de un Kirk o en buenrollismo de la Capitana Freeman; a Nahla le basta con despatarrarse en la silla para demostrar que la verdadera autoridad no reside en la etiqueta, sino en la absoluta comodidad de quien ya no tiene nada que demostrarle a nadie. Su silla es su trono, su diván, su trinchera en la guerra contra la formalidad militarista y la doble personalidad que parece que cohabita en su cerebro de Jueza exagerada e injusta, a Decana ridícula que no pueda dar ejemplo a nadie.

En resumen, lo que han hecho con Starfleet Academy es una operación de demolición por partida doble. Primero, dinamitan el sueño comunista de la Federación con la excusa de la crisis para decirnos que el capitalismo es inevitable. Segundo, utilizan el campo de batalla cultural para caricaturizar a los que piden igualdad, convirtiéndolos en personajes de risa. Todo ello con el padrinazgo de una administración trumpista que lleva años queriendo poner a la cultura pop a sus pies. Joder, qué triste. Han cogido el futuro optimista de Roddenberry y lo han convertido en un campamento de verano de la Fundación Francisco Franco, pero con naves.

Star Trek Starfleet Academy poster

El Legado de Roddenberry en una Licuadora con lluvia dorada

Y así llegamos a Starfleet Academy. Una serie que, en esencia, debería ser la antítesis de todo esto. Debería ser un faro de esperanza. Un lugar donde los jóvenes van a aprender a construir puentes, no a volar mierdas. Pero ya sabemos que no.

Va a ser un Euphoria en el espacio. Va a ser un Élite con vulcanianos. Adolescentes guapos, con problemas de adultos, en un entorno de alto riesgo, mientras una conspiración galáctica (probablemente relacionada con la brecha transwarp o los alienígenas de la semana pasada) amenaza con cargarse el campus y por consiguiente todas las becas.

Y lo peor es que probablemente tenga éxito. Mientras nosotros, los viejos roqueros, los que crecimos con Picard soltando discursos sobre la condición humana, nos quedaremos con cara de tontos, abrazados a nuestro pack de latas de refresco vacías, pensando: «En mis tiempos, esto era un jodido FUTURO por el que merecía la pena vivir».

El problema de fondo es que hemos perdido la fe en el ser humano. Y al perderla, hemos perdido la capacidad de imaginar un futuro mejor. Y si no podemos imaginar un futuro mejor, lo único que nos queda es proyectar nuestras miserias presentes hacia las estrellas. Y eso es exactamente lo que está haciendo Star Trek ahora. Ya no es un espejo para mejorar, es un espejo para ver lo jodidos que estamos.

Ayn Rand estaría orgullosa. Al fin, su visión del hombre como un lobo solitario y brillante en un mundo hostil se ha impuesto. Ha conquistado incluso el universo de su mayor detractor. Roddenberry debe estar revolviéndose en su tumba, intentando contactar con alguien de la Flota para que venga a arreglar esta línea temporal. Pero la Flota ya no manda a nadie, porque está muy ocupada llorando sus propios traumas.

En fin. Me voy a tomar un MONSTER. Y a cagarme en algo. Porque dentro de poco, en Starfleet Academy, veremos a un cadete quejándose de que en su planeta no tenían replicadores de calidad, y tendremos que sentir pena por él. Y yo, mientras tanto, recordaré cuando los replicadores eran gratis y la única queja de Picard era que el pescado que le habían servido no era lo suficientemente fresco.

Solo soy un tipo que escribe estas cosas para no tener que pagar un psicólogo y cumplir con mi contrato por esta web. Si te ha gustado, maldito seas. Si no te ha gustado, probablemente seas productor de la nueva Star Trek y la acabes cancelando como ha acabado sucediendo.

Cetacean ops
Matt y Kimolu de Operaciones Cetáceas en Lower Decks. Lo mejor de Star Trek con diferencia