CRÓNICA DE UNA FRAGILIDAD MASCULINA: CÓMO UNA VIUDA CON MACHETE DESTROZÓ 40 AÑOS DE “CINE” PARA INCELS
ADVERTENCIA: Este artículo contiene altas dosis de posible feminismo (porque yo no me lo considero) y tal, burla explícita al pensamiento de mente colmena y una disección forense de por qué llamar «woke» a algo es el comodín de los que no saben argumentar ni una puta mierda pinchada en un palo. Si te sientes aludido, probablemente seas parte del problema. Y si además has tuiteado «God of Laundry», enhorabuena: este texto va dedicado a tu neocortex prefrontal.
Si en el imaginario colectivo el gamer es el fantasma de un cuerpo que no ha pisado la ducha en tres días, su contraparte contemporánea es el Incel-Warrior. El que se emociona con el hacha del Bárbaro pero llora con la de su ex. El que cree que ser hombre es no llorar, pero luego monta un pollo de mil páginas en un foro porque una mujer pixelada tiene la mandíbula demasiado cuadrada.
Es la criatura que, cuando Sony Santa Monica anuncia un nuevo God of War, no pregunta por los sistemas de combate, la verticalidad de los niveles o la calidad del doblaje. No. El filtro es más visceral y más podrido: «¿Se puede ser mujer? Entonces es propaganda feminazi. ¿No se parece a una modelo de OnlyFans? Entonces es la castración del hombre occidental. ¿La dirige una mujer? Entonces es el fin de la civilización judeocristiana tal como la conocemos»
PRÓLOGO: “WOKE” ES LA PALABRA MÁGICA PARA DECIR “ME DA MIEDO UNA MUJER CON HACHA”
Vamos a dejarlo claro desde el primer párrafo, porque me he levantado con el hígado lleno de bilis y memes estúpidos.
El término «woke», acuñado por la comunidad negra estadounidense para referirse a la conciencia social sobre la injusticia racial, ha sido secuestrado, violado y abandonado en una cuneta por una manada de señoros con barba sin afeitar, sudadera de Attack of Titan y una relación con la ducha que podría describirse como «esporádica». Ahora, «woke» significa cualquier cosa que no les guste. Es el «me cago en la mar salada» de los que no saben argumentar. Es el comodín del imbécil.
Y han elegido su nueva víctima: God of War: Laufey. Un juego que ni siquiera ha salido a la venta. Un juego que solo ha mostrado 20 minutos de gameplay. Pero esos 20 minutos han sido suficientes para desatar el síndrome de abstinencia testosterónica más grande de la historia desde que Brie Larson dijo que no quería más entrevistas con hombres blancos de 50 años parriba.
¿El pecado mortal de Santa Monica Studio? Haber tenido los ovarios (nunca mejor dicho) de hacer un spin-off protagonizado por Fey, la madre de Atreus. Una mujer. Una gigante. Una guerrera que en el lore original YA ERA UNA PUTA LEYENDA. Pero claro, como no sale Kratos enfadado, los mismos que lloraban porque «queremos más desarrollo de Fey» ahora la insultan porque «como no me la quiero follar por “fea”, luego ya no me sirve».
La división sexual del trabajo no es un accidente. Es un mecanismo de control.El hecho de que lo primero que se le ocurra a un tío cuando ve a una mujer empuñando un hacha sea ponerla a planchar no es un chiste inocente. Es la revelación de cómo su cerebro tiene internalizado que el espacio de lo femenino es lo privado, lo doméstico, lo invisible. Y que cualquier intento de ocupar el espacio público (o el espacio épico) debe ser ridiculizado y reducido a tareas de cuidado.
Pues sí, campeón. Exactamente eso. Y la hostia que no te esperabas es que eso no es un problema de ella. Es un problema del sistema que te crió para creerte el centro del universo.
Bienvenidos al pensamiento red piler en estado puro: si un personaje femenino no la puedes sexualizar, es que es «propaganda».
Este artículo no es una crítica al juego. Todavía no lo he jugado. Puede ser un truño infumable o una obra maestra. Me da exactamente igual. Lo que me importa es el espectáculo putrefacto que ha montado internet: la alianza entre incels, machirulos de salón y creadores de «contenido» que se han dedicado a llorar por un cubo de gelatina parlante y una viuda que empuña un hacha mejor que ellos su pene.
Preparaos, que vamos a reírnos de como esta el percal. Y si os sentís ofendidos, aún mejor: significa que os hemos dado justo donde más os duele.

CAPÍTULO 1: LA ARGUMENTACIÓN DE LOS RED PILLER (O CÓMO DECIR ABSOLUTAMENTE NADA CON MUCHAS MAYÚSCULAS)
Lo primero que hay que hacer es desmontar la falacia del «no es God of War». Porque es la base de toda su pirámide de estupidez.
«El juego se llama God of War, pero no tiene al Dios de la Guerra».
Genio. Erudito. Aristóteles revive. ¿Sabes qué más no tenía a Kratos? Toda la mitología nórdica original. Porque Kratos es un invento, querido campeón. La saga siempre ha sido una reinterpretación. ¿O es que vas a decirme que en la mitología real existía un espartano cabreado que mató a Ares? Claro que no. Pero eso no te molestaba porque te masturbabas con las ejecuciones.
El argumento de «el título exige a Kratos» es tan estúpido como decir que Halo no puede funcionar sin el Jefe Maestro (spoiler: Halo Reach existe y es brutal) o que Final Fantasy necesita a Cloud o a Squall. Las sagas evolucionan, se expanden, exploran otros personajes. Eso se llama mundo narrativo o mitología, pero claro, para entender eso habría que leer algo que no sea el hilo de un subforo de Steam que se caga en Sweet Baby inc.
Pero vayamos al fondo del asunto: lo que realmente les duele. No es el título. Es el género.
Fey es mujer. Y no es una mujer «bien» como ellos requieren. No tiene el culo de la Lara Croft clásica ni las tetas imposibles de un gacha japones plagado de microtransacciones. Tiene arrugas. Tiene expresiones de cansancio. Tiene una mandíbula que no es de muñeca sexual. Y eso, para el imaginario incel, es un insulto personal.
Lo llaman «woke» porque no saben articular la frase: «No me atrae sexualmente, luego no merece ser protagonista«. Porque en su cabeza, la única función de una mujer en un videojuego es ser el trofeo, el premio o el objeto de deseo. Si una mujer ocupa el centro de la acción sin ofrecer su cuerpo como carnaza, entonces es «política».
Y aquí viene la frase que les va a hervir la sangre: Toda representación no hegemónica es política para el hegemónico. Cuando todos los juegos tenían a un tío blanco musculoso, eso no era política. Era «normal». Ahora que sale una mujer madura, un personaje negro o un gay, de repente es «ideología». Qué casualidad, ¿verdad?
Si algo delató, de hecho, la podredumbre interna de esta nueva derecha cavernaria fue el termino «Ugly-Faye«.
Apareció el tipico randomazo cualquiera de turno, ese profeta de la posverdad que escribe con el culo y cree que su opinión sobre el modelado 3D vale más que la de los artistas que han trabajado tres años en el juego. Soltó la perla: «Nadie con un pene funcional trabaja en Sony», en respuesta a la supuesta «fealdad» del personaje.
Faye rompe eso. Faye tiene una mandíbula funcional. Tiene arrugas de haber peleado. Tiene un cuerpo de guerrera, no de muñeca hinchable. Y eso, para el ojo entrenado en la cosificación, es «feo». Porque si no puedes ponerla de fondo de pantalla con la polla en la mano, entonces no sirve.
Esa es la revolución de Laufey: un personaje femenino que existe por sí mismo, no como un trofeo.Y por eso les duele. No porque sea fea. Porque se les escapa del control. Porque no pueden poseerla ni siquiera con la mirada.

CAPÍTULO 2: EL TERROR AL CUBO DE GELATINA (SÍ, EN SERIO)
Una de las cosas que más ha llamado la atención del gameplay es la presencia de un cubo de gelatina parlante que hace las veces de compañero cómico. Es literalmente un cubo verde azulado, que se mueve haciendo blop blop y suelta comentarios sarcásticos sobre el «Everywhen» (el infierno interdimensional donde transcurre el juego).
Pues bien, este cubo ha sido el detonante de la segunda oleada de odio. ¿El motivo? «Es muy infantil». «Parece de Fortnite«. «Rompe la seriedad de la saga».
Mentira. El motivo real es que no entienden la ironía. Porque estos mismos tipos aplauden cuando God of War (2018) tiene a un cabeza cortada que habla (Mimir) y lo adoran. Ah, pero si el cabeza parlante es un cubo de gelatina de pichicolorines, entonces es «ridículo». ¿Diferencia? Mimir es un hombre con cuernos. El cubo no tiene género, no tiene forma humana, no es un guerrero viril. Y eso les aterra.
El cubo de gelatina es, paradójicamente, el personaje más inteligente del metraje. No pelea (la mayor parte del tiempo), no grita, solo observa y comenta. Es la mirada exterior que ridiculiza el absurdo de la masculinidad tóxica que impregna el género. Cuando Fey se prepara para matar a un dios, el cubo suelta: «¿Siempre resuelves tus problemas a hachazos? Qué aburrido».
Y eso, señores, es una crítica directa a los veinte años del «Kratos pega gritos».
Pero claro, el red piler no soporta que le señalen su monotonía. Quiere lo mismo una y otra vez. Quiere la fórmula. Quiere la dopamina fácil del combo cuadrado-cuadrado-triángulo. Y cuando le das algo diferente, dice que es «woke» porque su vocabulario emocional tiene la profundidad de un charco en el Gobi.
– Mira este bosque, Kratos. Tan pacífico. Lástima que el mundo exterior esté lleno de gentecilla que no se pispan de nada.
– ¡Yo soy Kratos!
– Hablo de los guardianes del sótano. Lloran porque existo. Dicen que mi mandíbula es «demasiado masculina». Dicen que soy «inclusión forzada».
– Yo soy Kratos?
– Como oyes. Mi mera presencia les rompe la psique. Les aterra una mujer que no fue diseñada para sus fantasías de píxeles.
– Yo soy… Kratos?
– Se quejan de mi fuerza. De mi ropa. De que no les sonrío. Su masculinidad es más frágil que el cristalito llorón de Franco de la Jungla.
– ¡YO SOY KRATOS!
– Lo sé. Pero tu furia no asusta tanto como el olor a encierro de esa gente. Déjalos con sus rabietas. Nosotros a lo nuestro.
CAPÍTULO 3: DOMINO’S PIZZA, DAVID JAFFE Y LA TRINIDAD DEL WOKISMO SEGUN ELLOS
No podía faltar el momento Homer Simpson en el cielo: el tuit de Domino’s Pizza UK. Porque nada grita «autoridad en videojuegos» como una cuenta corporativa de pizza congelada metiéndose en política cultural.
El tuit decía:
«God of War game with no Kratos = Pepperoni Passion with no pepperoni»
Traducción: «Cambiar algo por otro elemento es malo porque sí». Es la analogía más pobre que he visto desde que un youtuber comparó The Last of Us 2 con un sándwich de mierda. La falacia es evidente: están asumiendo que Kratos ES el pepperoni. O sea, el ingrediente principal. Pero el pepperoni en una pizza es un sabor. Kratos no es un sabor. Kratos es una marca. Y las marcas pueden expandirse. ¿O acaso Domino’s no vende pizzas sin pepperoni? ¿Las margaritas no existen? ¿Las cuatro quesos no son pizza?
La cuenta oficial de God of War respondió con la elegancia de un cuchillo:
«ok thanks for the feedback, dominos pizza corporate account.»
Y aquí vino la segunda parte del circo: David Jaffe, el creador original de la saga, entró al trapo. Jaffe, que últimamente parece haberse convertido en el abuelo cascarrabias que odia todo lo que no ha hecho él, se puso a ver el gameplay en streaming y dictaminó que el juego era «una basura» y que parecía Forspoken. Espero que odiase Forspoken no porque la protagonista fuese mujer, si no porque era literalmente una mierda seca.
Jaffe dijo: «El cubo de gelatina es una idea estúpida. Fey no tiene carisma. Esto es un ‘woke fest'».
Y aquí es donde hay que separar al artista del producto. Jaffe es el padre de Kratos, pero también es un hombre de 50 años que no ha dado un acierto creativo desde hace decadas. Su opinión es tan relevante como la de tu tío borracho en Nochevieja. Pero los incels lo adoran porque les da permiso para odiar. Porque si el creador original dice que está mal, entonces ellos no son machistas, son «puristas».
No, queridos. Sois machistas. Y Jaffe es un señor mayor que no soporta que su hijo adoptivo (Santa Mónica) haya crecido y le haya salido mejor que él. Ha llegado a decirle a Alexelcapo que es más socialista que socialín.
La palabra woke ha perdido ya cualquier significado real. Es como un cuchillo sin filo que usan para apuñalar cualquier cosa que no entienden. Y al igual que ocurrió con Angrboda en Ragnarök (acusada de ser negra en una mitología fantástica donde hay serpientes gigantes, martillos voladores y caballos de ocho patas, pero lo inverosímil era su tono de piel), el péndulo de la sinrazón vuelve a golpear. Yo cuando alguien dice “Woke” ya puedo localizar a otro subnormal.
Pero vamos a llamar a las cosas por su nombre: el «woke» no es más que la palabra comodín para designar cualquier intento de inclusión, diversidad o justicia social en el entretenimiento. Y lo usan porque no tienen argumentos. Porque decir «esto es woke» es más fácil que decir «me incomoda que una mujer negra tenga un papel relevante en mi videojuego de mitología nórdica porque mi concepto de lo nórdico está basado en el imaginario nazi del siglo XX».
Porque el verdadero debate no es si el juego es bueno o malo. El verdadero debate es: ¿por qué te molesta tanto que una mujer sea el centro de la historia? ¿Por qué tu primera reacción no es «a ver qué historia cuentan» sino «me han quitado a mi Kratos»? ¿Por qué sientes que cualquier espacio que ocupa una mujer es un espacio que pierdes tú?
Y aquí viene el chiste, que es brutal y triste a partes iguales: Deborah Ann Woll, la actriz que da vida a Faye, es una mujer notablemente agraciada. Pero eso no importa. Podría ser la mujer más hermosa del planeta y aún así la llamarían fea. ¿Por qué? Porque el problema no es su cara. El problema es que no está diseñada para ser mirada.
El concepto de «mirada masculina» que teorizó Laura Mulvey hace décadas sigue vigente en cada píxel de la industria. Durante años, los personajes femeninos en los videojuegos fueron diseñados por hombres, para hombres, con un único objetivo: ser objetos de deseo pasivo. Cintura de avispa, tetas como melones, armaduras que dejan el 80% de la piel al aire. No importa que sea una guerrera: tiene que estar buena.Eso, amigo mío, no es crítica de videojuegos. Eso es fragilidad masculina en estado puro. Y no se cura con parches. Se cura con terapia y con leer un puto libro de feminismo de vez en cuando.

CAPÍTULO 4: «GOD OF LAUNDRY» O LA MISOGINIA SIN COMPLEJOS
Llegamos al momento más bochornoso, el que merece un capítulo propio. El meme de «God of Laundry».
¿Qué es? Una campaña de desprestigio basada en el chiste fácil: «Laundry» suena a «Laufey». Por tanto, hay que hacer montajes de Feye planchando, fregando o cambiando pañales. La escena más repetida es una donde Kratos aparece con una cerveza en el sofá y Fey le dice «¿Cuándo acabes las misiones, me friegas los platos?».
Es decir, han reducido a una diosa guerrera (literalmente una gigante de hielo que empuña un hacha bendecida por los enanos más forjadores, que no folladores, del universo) a una ama de casa. ¿Por qué? Porque es una mujer. Porque en su cosmovisión, el lugar de la mujer es la cocina o la cama, no la primera línea de batalla.
Lo más triste es que ellos lo ven como «humor». Es el humor del patio de colegio donde las niñas son tontas y los niños son fuertes. Pero el humor machista no es humor, es violencia simbólica. Y cuando una legión de miles de personas repite el mismo chiste durante días, se convierte en un discurso de odio normalizado.
Y no contentos con eso, un «artista» de Midjourney (llamémosle así por no llamarle ridículo con tiempo libre) generó un vídeo falso de IA donde Fey, con “mecanicas de videojuego” aparece pariendo, barriendo el suelo y cocinando mientras Kratos se entrena. El vídeo se hizo viral en foros incels con el título «Así debería ser el verdadero God of War».
Ahí lo tenéis. Su fantasía húmeda no es matar dioses. Es tener a una mujer sumisa que les limpie la mierda mientras ellos hacen flexiones. Eso es el «red pill». No es ninguna filosofía de superación, es una patología de la dependencia emocional envuelta en gimnasio y suplementos.
Pero no nos quedemos en la superficie, porque el problema es más profundo que cuatro comentarios de odio en YouTube. Esto no es solo «no me gusta una mujer en mi juego». Esto es el miedo a la disolución de la identidad masculina como categoría universal.
God of War siempre fue Kratos. Un hombre blanco, musculado, enfadado, con problemas de gestión emocional. Era la garantía de que, por muy mal que te fuera en el curro, podías conectarte y ser ese tío. Era la prótesis de poder para los que, en el mundo real, no pueden ni pedir un café sin sudar.
Ahora, de repente, te piden que manejes a Faye. Que te pongas en sus zapatos de gigante. Que entiendas el mundo desde una perspectiva que no es la tuya. Que empuñes su hacha, que llores sus silencios y que pelees desde la sombra.
El macho machote básico necesita verse en la pantalla. Necesita ese espejo de testosterona que le devuelva la imagen de un macho alfa aunque él sea un enclenque con problemas de ira contenida. Porque el patriarcado no es solo un sistema de opresión de las mujeres. Es también una jaula para los hombres. Les dice que tienen que ser fuertes, que no pueden llorar, que tienen que ser el centro de todas las historias. Y cuando la historia les dice «oye, que esta vez no eres tú», la jaula se cierra y empiezan los gritos.
La consola. Esa caja de plástico que antes era un templo para la proyección del ego varonil ahora se convierte en un espejo deformante. Y el reflejo no es agradable. El reflejo es un tío que nunca ha tenido que escuchar a una mujer sin interrumpirla. Y por eso duele.
Porque el feminismo no quiere quitaros los juegos. Quiere que haya juegos para todos. Y eso incluye juegos donde vosotros no seáis el centro. Y si eso os parece una amenaza, el problema no es el juego. Sois vosotros.

CAPÍTULO 5: EL MACHISTA BASIC TIENE UN DUNNING-KRUGER DE LA HOSTIA PUTA JODER (Y LO PRUEBO CON DATOS)
Vamos a poner sobre la mesa algo incómodo: el 99% de los que llaman «woke» a God of War: Laufey no han entendido la historia de los juegos originales.
Porque si hubieran prestado atención (aunque sea en vídeo de resumen de 10 minutos mientras comen cereales), sabrían que Fey es el eje de toda la trama. Ella es quien marcó el camino. Ella es quien predijo el Ragnarök. Ella es quien entrenó a Kratos en el control de la ira (sí, el macho alfa necesitaba que una mujer le enseñara a no meter de hostias a su hijo). Ella fue quien pintó las marcas amarillas en las rocas que guían toda la aventura del juego de 2018.
Sin Fey, no hay God of War nórdico. Es literalmente el Mcguffin humano que mueve todo. Pero claro, como ella aparece muerta y solo la vemos en flashbacks, no les molestaba. Porque una mujer muerta es segura. Una mujer muerta no protagóniza. Una mujer muerta no les incomoda la erección.
Ahora que está viva (en el infierno, pero viva), la tienen que enfrentar. Y resulta que es más interesante que Kratos. Tiene matices, tiene humor, tiene dudas. Es un personaje real, no una escultura de mármol enfadada.
Y por eso la odian. Porque les recuerda que ellos nunca serán Kratos. Ni siquiera serán el cubo de gelatina. Serán siempre el espectador que se queja en un foro mientras otros crean.
En medio de este lodazal, de esta caca emocional que algunos llaman «debate», Sony Santa Monica fue inteligente. No doblaron la rodilla. No dijeron «perdón por meter una tía en un videojuego de acción, no volverá a pasar». No. Lo que hicieron fue confirmar que Laufey es una entrega principal, y que los juegos de Kratos seguirán saliendo para los que no puedan vivir sin él.
El mensaje fue claro, diáfano, como el agua de un manantial en mitad de un vertedero: el feminismo en los videojuegos no es una moda. Es una corrección histórica.
Porque durante décadas, las mujeres han estado en los videojuegos como princesas que rescatar, como trofeos sexuales o como compañeras de reparto que morían para darle motivación al héroe. El tropo del «fridging» (ese término que acuñó Gail Simone) es la norma: mata a la mujer para que el hombre tenga un arco emocional.
Laufeyle da la vuelta a todo eso. La mujer no es el sacrificio. Es la protagonista. No está muerta para motivar a Kratos. Está viva en el recuerdo para ser ella misma. Y eso, en la industria del videojuego, es tan revolucionario como lo fue Fahrenheit 451 en su momento.
Sony no pidió perdón. No recortó contenido. No cambió el diseño de Faye para ponerle unas tetas más grandes y contentar a los lobbys de la testosterona. Siguió adelante. Yo lo llamo una decisión valiente.

CAPÍTULO 6: LA HUELLA DIGITAL DE LA FRAGILIDAD (O CÓMO IDENTIFICAR A UN INCEL EN TRES TUITS)
Voy a aprovechar para hacer un manual de campo del red piler ofendido por God of War: Laufey. Así cuando veis uno por Twitter, podéis señalarlo con el dedo y despollaros bien fuerte.
Síntoma 1: Usa la palabra «woke» al menos una vez cada dos frases. No sabe definirla, pero la pone en mayúsculas. Ejemplo: «Esto es el WOKISMO destruyendo mi infancia».
Síntoma 2: Menciona a «Santa Monica vendida a Sony» como si antes fueran una cooperativa artesanal. Ignora que Sony es el dueño desde 2005.
Síntoma 3: Dice que «prefiere jugar a los originales de PS2». Lo dice mientras tiene 2.000 horas en Fortnite o cualquier juego como servicio de turno.
Síntoma 4: Publica un meme de Feye lavando platos. Cree que es original. No sabe que el meme número 239.847 con el mismo chiste ya no es gracioso, solo es triste.
Síntoma 5: Se queja de que «han feminizado la saga». No puede explicar qué significa eso sin sonrojarse.
Síntoma 6: Llama «basura» a un juego que no ha jugado. Defiende su derecho a opinar porque «con el tráiler basta». Luego defiende que Cyberpunk 2077 era una obra maestra desde el día uno.
Síntoma 7: Tiene en su bio la bandera de algún país (normalmente USA o España) y la frase «Dios, Patria, Familia». Su foto de perfil es un personaje de anime con espada.
Si cumples 4 de estos 7 síntomas, enhorabuena: acabamos de encontrar a un ser humano que necesita un abrazo real (y una terapia de choque con feminismo básico).
CAPÍTULO 7: EL MIEDO AL CAMBIO (Y POR QUÉ EL 2026 HA SIDO EL AÑO DEL BOFETÓN)
Hay que poner esto en contexto. Junio de 2026. Llevamos dos años de una industria donde los juegos con protagonistas femeninas han arrasado en ventas. Stellar Blade (con todo su postureo de muñeca sexual. Yo de hecho lo llamo “CULOS EL VIDEOJUEGO”) funcionó, pero también lo hizo Hellblade 2 con Senua o Alloy de Horizon Zero.
El mercado ha hablado: las mujeres compran juegos. Y los hombres también compran juegos con mujeres. Porque no somos todos idiotas. Pero la minoría ruidosa (los incels, los red piler, los antiwoke profesionales) no entienden de números. Ellos viven en una realidad paralela donde todo lo que no sea un tío con una espada gigante es «una conspiración de los medios a sueldo del gobierno».
Y cuando una empresa como Santa Monica, que tiene el prestigio de haber hecho dos de los mejores juegos de la última década, se atreve a apostar por una protagonista femenina madura y un cubo de gelatina, les explota la cabeza. Porque no pueden cancelarla. No pueden boicotearla porque Sony es más grande que sus mierdas. No pueden hacer que el juego fracase porque los precompras ya están por las nubes.
Solo les queda llorar. Y nosotros, reírnos.
Ya que estoy, os dejo este video bastante interesante sobre el tema de videojuegos y chicas. Créditos a Baitybait por supuesto
CAPÍTULO 8: FEMINISMO PARA PRINCIPIANTES (Y PARA INCELS QUE NECESITAN DIBUJITOS)
Ya que estamos, voy a tomarme la molestia de explicar por qué este juego es feminista, no «woke». Lo voy a hacer con palabras simples, por si acaso.
El feminismo no es «odiar a los hombres». El feminismo es querer que las mujeres tengan las mismas oportunidades que los hombres. En los videojuegos, eso significa: que haya protagonistas mujeres, que tengan arcos argumentales complejos, que no sean solo el interés amoroso, que puedan ser guerreras sin ser objetos sexuales, que puedan ser madres sin ser amas de casa, que puedan ser viejas sin ser brujas malvadas.
God of War: Laufey cumple todo eso. Fey es guerrera, es madre, es viuda, es estratega, es bromista, es cariñosa y brutal a partes iguales. Tiene más capas que una cebolla. Mientras que Kratos en el primer juego era «me enfado y grito», Fey es «me enfado, pero lo canalizo para proteger a los míos».
Y eso es más revolucionario que mil discursos. Porque no te dice «los hombres son malos». Te dice «las mujeres también pueden ser complejas«. Y eso, para un incel, es terrorífico. Porque su cerebro binario solo entiende de dominadores y dominadas. Si una mujer no es sumisa, entonces es dominante. Y si es dominante, él queda en posición de sumiso. Y eso le produce vergüenza.
Es una patología. Y la solución no es darles la razón, es reírse de ellos en artículos como este.
Aquí os dejo el video que levanto ampollas entre la intolerancia cavernaria. Ningún agradecimiento a Sony porque es una megacorporacion corrupta y encima ha quitado sus juegos para los Pceros como yo. Cago en su put…
EPÍLOGO: EL CUBO DE GELATINA TENÍA RAZÓN DESDE EL PRINCIPIO
Termino con una reflexión que me ha dado mientras escribía esto y me tomaba un whisky barato (porque en Fiebre de Cabina no financiamos la industria del lujo).
El cubo de gelatina dice en el gameplay, tras ver a Fey masacrar a tres demonios interdimensionales:
«Vaya, qué sorpresa. La humana resuelve todo a golpes. Yo hubiera intentado hablar. Pero bueno, supongo que no todos podemos
permitirnos el lujo de no tener brazos.»
Esa frase es una meta-clavada a toda la controversia. Nos está diciendo que la violencia es el recurso fácil, el camino de la testosterona mal canalizada. Y que la verdadera inteligencia está en otra parte. En la negociación, en el humor, en la capacidad de reírse de uno mismo.
Los incels no entendieron esa frase. Se quedaron en el «cubo pichicoloristico = gay». Y por eso están condenados a repetir el mismo ciclo una y otra vez: un juego con una mujer les parece una amenaza, la atacan con memes estúpidos, el
juego es un éxito, ellos dicen que «los haters les dieron publicidad», y luego buscan otro objetivo.
Nosotros, los que sí entendemos el chiste, solo podemos hacer una cosa: aplaudir. Porque mientras ellos patalean, el cubo de gelatina sigue
paseando, feliz, sin brazos, sin género, sin prejuicios.
Y eso, amigos míos, es el verdadero God of War.
Mark Novoa es un comunicador en proceso de extinción. Escribe cuando el hígado se lo permite y publica memes que nadie entiende. Su opinión no representa a nadie más que a él mismo y a su psiquiatra. Si has llegado hasta aquí y te sientes identificado con los incels, te recomiendo leer a Chimamanda Ngozi Adichie. Y si no sabes quién es, ya eres parte del problema.
F I N (porque ya no me quedan insultos suaves en mi recamara).









