Backrooms póster

Crítica de Backrooms, dirigida por Kane Parsons

Backrooms. Año: 2026. Duración: 110 min. País: Estados Unidos. Dirección: Kane Parsons. Guion: William Bromell, Kane Parsons. Historia: Kane Parsons. Reparto: Chiwetel Ejifor, Renate Reinsve, Finn Bennett, Lukita Maxwell, Mark Duplass.

Backrooms es todo un fenómeno de cultura popular. Y no hablamos únicamente de la película Backrooms (2026), que cuenta con producción de A24 y un elenco de lujo encabezado por Renate Reinsve y Chiwetel Ejiofor, también de la webserie que dio lugar a la mitología creada por Kane Parsons y que se puede encontrar gratuitamente en el canal de Youtube del realizador. La webserie, un creepypasta de manual, ha acumulado millones de fans a lo largo de todo el mundo. Sus capítulos, sucintos, monótonos, y siempre con sorpresa final, son más el fruto de un guion improvisado que de una minuciosa planificación, pero su efectividad como pieza en corto es evidente. Paralelamente a la webserie, el fenómeno fandom no ha dejado de crecer hasta el punto de crear derivadas de todo tipo y color. Y para muestra un botón: The Backrooms Wiki.

La película no traiciona la dinámica de la webserie. Con una escenografía basada en espacios liminales, al estilo de un videojuego en primera persona, nos muestra una sucesión de pasillos y salas de morfología desconcertante. En su mayoría, con un decorado monótono que parece realizado por un diseñador de mapas de videojuegos de los años 90, el caminante se encuentra con enormes salas diáfanas en las que permanecen anclados muebles de manera desquiciada, o con aberturas aquí y allá que no responden a ninguna planificación aparente. Tal es la puesta en escena de la serie y así es trasladada rigurosamente a la película. 

Pelíciula Backrooms 2026

Backrooms plantea además la existencia de una compañía tecnológica encargada de la exploración de estos espacios, Async. Operarios equipados con trajes biohazard y a veces armados, deambulan por las backrooms mapeando los espacios y haciendo frente, de vez en cuando, a diversas entidades poco amistosas que aparecen en mitad de los pasillos o de las estancias. El total de los episodios de la webserie de Kane Parsons es de veinticuatro. Concebidos en su mayoría como found footage, en ellos no se encuentra el origen de estas entidades; solamente sabemos de ellas que deambulan aleatoriamente por los espacios. Pero en ese punto, y para interés de la película, el largometraje arroja mucha luz.

La película de Kane Parsons es un producto ideal para la productora A24. Sigue la línea de esas producciones de art house que tanto se prodigan en su catálogo. Kane Parsons ha tenido las manos libres para adaptar su universo y dotarlo de todos los elementos característicos de su webserie. La nota de altura la ponen los protagonistas, Renate Reinsve y Chiwetel Ejiofor, que se adentrarán en los mundos paralelos de las backrooms. Estos dos personajes darán la profundidad dramática inexistente a la webserie, contribuyendo a la creación de un producto más manejable, accesible y, a la par, más lleno de contenido. Hay un paralelismo claro con la producción Exit 8 (2025), cinta japonesa basada en el videojuego homónimo y que también contaba el trasiego de los jugadores, y en el largometraje del protagonista, en los espacios liminales de una estación de metro.

Y lo que el largometraje Backrooms aporta de nuevo es la propia idea de la génesis de las backrooms y sus entidades. Los mundos paralelos que conviven con nosotros no son concebidos ahora como espacios casuales, perdidos en una dimensión paralela, sino espacios creados por el inconsciente colectivo, estancias cuyo aparente desorden está relacionado con las experiencias y vivencias de los seres humanos y su proyección mental. Al igual que las entidades, al menos las que muestra la película Backrooms parecen estar relacionadas con el concepto psicoanalítico de “La Sombra”, la parte inconsciente del ser humano que nos habla de ese reflejo tenebroso, heredero de todos nuestros vicios y temores. 

Renate Reinsve en Backrooms

El principio de manifestación de lo inconsciente fue estudiado por la teósofa Annie Besant en su libro Formas del pensamiento (1905), donde la escritora británica intentaba relacionar el estado vibracional de los pensamientos humanos con las formas y colores que este genera en forma de manifestaciones. En Backrooms, Kane Parsons sugiere que los pensamientos generan un laberinto de estancias, algunas de aspecto similar, otras de apariencia cercana al protagonista, en el que moran entidades directamente creadas por aquellos que interaccionan más directamente con esos espacios. Aunque, en la webserie, nada de esto podemos apreciar, puesto que los espacios son monótonos y aleatorios y las entidades son típicos seres creepypasta.

El final de Backrooms está abierto a una continuación. Mucho queda por contar de este sitio infinito y de las sorpresas (desagradables) que nos podemos encontrar. Renate Reinsve ha sido inteligente al formar parte del elenco y asegurarse un puesto en la futura secuela, y quizás en las que vendrán. 

Backrooms no es una película que convence por su planteamiento, ni por su acción, ni por puesta en escena, es un título que fascina por todo el fandom que la rodea y el trabajo previo de Kane Parsons en la webserie. La película ha añadido elementos imprescindibles para aupar la historia a otro nivel. Es algo que no ha conseguido hacer, aunque lo ha intentado, la saga española El Hoyo, otra propuesta de espacios planteados por niveles, está vez con fondo distópico, que entrega tras entrega se está diluyendo en su propia falta de robustez.