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Rojo Oscuro (Profondo Rosso)

Alfredo Bonzo on 20 Abril, 2013 - 8:48 pm in A Contracorriente Films, BLU RAY / DVD, Giallo, PELÍCULAS

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Título: Rojo Oscuro (Profondo Rosso). Año: 1975. Duración:100’ País: Italia. Director: Dario Argento. Guionistas: Dario Argento y Bernardino Zapponi. Música: Goblin. Fotografía: Luigi Kuveiller. Reparto: David Hemmings, Daria Nicolodi, Gabriele Lavia, Macha Méril, Eros Pagni, Giuliana Calandra, Piero Mazzinghi, Glauco Mauri, Clara Calamai, Nicoletta Elmi.

Crítica: Rojo Oscuro (Profondo Rosso), de Dario Argento

Sinopsis de Rojo Oscuro: Roma, durante una exhibición pública de sus facultades, una famosa médium sintoniza con una mente criminal. Mientras, en el fondo de la sala, una figura misteriosa abandona su asiento. Posteriormente, Mark, un pianista de jazz inglés, vecino de la parasicóloga, contempla atónito desde la calle cómo una figura desconocida estrella la cabeza de su vecina contra la ventana de su apartamento. Sin quererlo, Mark sigue la pista del sádico asesino dando inicio a la peor de sus pesadillas.

Parece insistente, y casi hasta extenuante, volver a explicar en estas líneas lo que ya ha hecho correr ríos de tinta, tanto en prensa escrita como en libros y publicaciones especializadas, y obviamente, también en esta web, el cine conocido ya académicamente como giallo. El cine de horror contemporáneo no se comprende sin la inclusión en los glosarios de títulos de algunas de las cintas que pertenecieron a este género, que llegó a tener una entidad por sí mismo, aunque su procedencia era un puro exploit de estilos y tendencias de éxito entre el gran público. Sin dilatar más la inevitable explicación -aunque la haremos breve y ya está ligeramente adelantada- el giallo fue género cinematográfico cultivado en Italia en la década de los 70, cuyo estilo narrativo y visual era único, construido a base de unos cuantos  clichés que paradójicamente concedían al realizador una gran libertad creativa, basado más que nada en un enfoque novedoso del relato criminal, cimentado en el who dunit? (¿Quién lo hizo?) de la literatura pulp de la época y del thriller estadounidense, todo ello  salpicado de sadismo, sexo y estética que mezclaba la vanguardia  pop el clasicismo del cine italiano gótico. Vamos con Rojo Oscuro.

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Los creadores del giallo pertenecieron a una generación nacida en la posguerra italiana.  A su edad adulta tuvo lugar entre la década de los sesenta y setenta, durante el llamado miracolo económico, momento en el cual la economía italiana obtuvo un repunte tal que se creó una industria cinematográfica de género (giallo, poliziesco, spaguetti western, comedia a la italiana).  De entre la larga lista de realizadores que cultivaron el género fueron Mario Bava y Dario Argento los exponentes más dedicados y reconocidos. En esta ocasión nos quedamos con ese segundo nombre, el del romano Dario Argento, firmante de Rojo Oscuro (Profondo Rosso, 1975), una obra provocativa e intensa, y paradójicamente  un encargo que le realizan sus productores para sacar jugo al beneficioso filón del giallo. El análisis de esta obra del horror clásico en esta web no es casual, hay un motivo para celebrarlo, la salida al mercado español  de un bluray que contiene la película vista en cines y la versión remasterizada, y vuelta montada por su director. Gracias a la editora A Contracorriente Films los aficionados tenemos la oportunidad de realizar un visionado único de esta obra y comparar los resultados de un montaje realizado a capricho del director y de otro fruto de la conveniencia comercial de la época.

Las últimas películas de Dario Argento muestran a un cineasta desgastado y sin el fuelle y el talento artístico de las películas que realizó entre la década de los setenta y principios de los ochenta, su época más fértil no sólo en cuanto a número de películas dirigidas, sino también en cuanto a la calidad de las mismas. Poco tiene que ver su Giallo (2009) con el título que nos ocupa, Rojo Oscuro; aquí Argento se muestra como un esteta del horror, un creador que muestra un universo ateo, amoral y asexuado, en el que el asesinato es casi un acto obligado, sin motivación más aparente que la enajenación producida por un trauma infantil. Siendo sujeto influido e influyente de una estética común al giallo italiano de la época, sus planos son composiciones pictóricas donde el espacio de los cuadros está más que medido. Observamos en Rojo Oscuro como los encuadres quedan perfectamente delimitados por objetos, personas, colores, o formas determinadas. También queda patente un malsano voyerismo en el que la cámara y el montaje establecen un macabro juego entre la víctima, el verdugo y el espectador. A este respecto, nada más recordar la escena en la que la presencia del asesino es representada por un ojo rodeado de una mancha negra, o aquella en la que –pretendiendo confundir al espectador sobre el sexo del asesino- éste se mira ante un espejo que ofrece un reflejo imposible al estar cubierto de suciedad; queda también en ese ámbito discursivo aquella escena en la que una de las víctimas es escaldada viva y en su último estertor, con la cara cubierta de ampollas logra vislumbrar el rostro del asesino para intentar escribir su nombre en el baldosín del cuarto de baño.

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Rojo Oscuro es una película con una enorme carga de psicología. El fatalismo de la mente criminal tiene su origen en un trauma, que se rememora justo antes de cada crimen mediante la melodía infantil, leitmotiv de la película diametralmente opuesto a la banda sonora que Argento utiliza para enfatizar los momentos de mayor tensión, obra de los ya clásicos Goblin. Este grupo de música electrónica se estrenaba con Argento en ésta su primera colaboración, aunque indudablemente su  mejor trabajo fue el que realizaron para la siguiente película de Argento, Suspiria (1977). El esoterismo, aunque no figura como factor psicológico determinante en el argumento de la película, está presente en la figura de algunos de los personajes, el de la primera víctima, Amanda Righetti (Giulianna Calandra), médium judía que vive en un piso de estética pop  en el que el candelabro judío es una  forma cúbica que preside la pared de su salón, y el del también judío Profesor Giordani (Glauco Mari), enigmático conocedor de temas ocultistas que es víctima de uno de los crímenes más brutales.

En Rojo Oscuro Las referencias cinematográficas nos remiten a un sinfín de caminos pero es el del continuo “homenaje” a Alfred Hitchcock el más recurrente. Tanto es así que el comienzo del film es un claro guiño a Psicosis (Psycho, 1960) y a mitad de metraje de Rojo Oscuro  un personajes es acosado por unos pájaros muy enfadados antes de ser asesinado. Las referencias hitchcocknianas nos dirigen al thriller pero la estética y la puesta en escena de Argento –salvando los momentos más truculentos- nos devuelven al camino ya ollado por otros colegas de profesión como Mario Bava o Ricardo Fredda, al cine gótico. Argento se muestra un apasionado por las mansiones barrocas y los escenarios monumentales, ajados por el paso del tiempo, que irradian la densidad del mal. También queda extasiado por los corredores, adornados de papel sucio y decadente o de los densos lienzos expresionistas de la casa de la médium; en definitiva el cine gótico italiano parece haber dado un cambio de timón y se aproxima a terrenos donde la abstracción atmósférica de aquellos Bava o Fredda se sustituye por la densidad y la corrupción de Argento, un decadentismo macabro y poco apto para los estómagos más poéticos.

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La utilización del travelling, el zoom o el plano corto refuerzan la sensación –ya atisbada en esa composición pictórica de la que hablábamos antes- de encontrarnos ante una obra de cuidada planificación, donde este tipo de recursos , nuevamente deudores del  Hitchcock más inspirado, juegan un papel primordial como expresión del hecho terrorífico, el mal  y la locura. El travelling en plano corto que recorre al principio del film diversos objetos infantiles hasta llegar a las armas del asesino, acompañado de la música de Goblin, confiere a la película una dimensión de macabra autoría, un preludio al horror que ya anuncia con letra capitular su título: ROJO OSCURO, y que se concluye en ese plano fijo en el que el protagonista Marcus Daly (David Hemmings) queda reflejado en un charco de sangre profondo rosso (rojo oscuro).

Tal es la influencia que Rojo Oscuro tiene en el cine actual que la mascota de la franquicia  SAW no es sino una mera actualización del muñeco mecánico que acosa al profesor Giordani en un momento del film, diseñado por el habitual técnico del cine de terror italiano, Sergio Stivalleti. Éste es sólo un apunte mirando el cine de terror más taquillero que podemos encontrarnos hoy en día en el panorama fantástico.

La edición de Rojo Oscuro lanzada por A Contracorriente Films resulta interesante para comparar los diferentes montajes “oficiales” con los que cuenta hoy en día Rojo Oscuro. En primer lugar, el montaje visto en salas tiene al idioma inglés como lengua principal, al que se le añade el subtítulo en castellano, mientras que en el nuevo montaje es el italiano el idioma primordial de la cinta. La diferencia en la duración del metraje, que pasa de 102’ en su versión oficial a 126’ en el director´s cut, no afecta al desarrollo de la trama ni ensombrece el planteamiento que Argento plasmó en su día en el celuloide. Este extenso metraje se esfuerza en afianzar las relaciones entre los personajes, especialmente entre Marcus y Carlo (Gabriele Lavia) y entre el primero y su compañera de reparto, la periodista  Gianna Brezi (Daria Nicolodi). Las secuencias más truculentas de Rojo Oscuro quedan incólumes tanto en su duración como en su dureza visual, para bien o para mal. Este nuevo montaje también elimina y en ocasiones alarga algunas elipsis que quizás debieron quedarse como estaban, pero en resumen, el aficionado puede quedarse tranquilo en cuanto al respeto que se ha tenido a la obra original. El espíritu de lo macabro, la putrefacción del alma y el ensañamiento de la carne inocente permanecen en el nuevo montaje y Rojo Oscuro sigue siendo aquella película que sigue impresionando a los aficionado de dos generaciones.

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3 Comments
  • 23 Abril, 2013

    La verdad es que este cine siempre me pareció demasiado efectista. Buscando quizás cierto enjuague plástico que no le es necesario. Aun así, Argento me gusta en sus delirios…….

    Aunque prefiero la atmosfera que crea Mario Bava, su Mascara el diablo es una película imprescindible en el cine de terror. Y aunque esta llena de delirios de la camara y encuadres imposibles. Su ambientación y fotografía son sublimes. Genial obra de un director menos conocido que Argento y bastante mejor en todos los aspectos

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    • 24 Abril, 2013

      Por lo que he leído a Argento en algunas de sus entrevistas (a este punto te recomiendo el libro Antología del Cine Fantástico Italiano) es un hombre que se puede decir de él que es un esteta. Bava es una persona más pragmática y que cree más en los cánones clásicos. La diferencia entre ambos, viendo la carrera que desarrollaron es que ARgento se fue a la mierda cuando terminó la moda del giallo, mientras que Bava tuvo (a pesar de la diferencia generacional) un recorrido más heterogéneo pero más interesante.

      También te recomiendo que eches un vistazo a los últimos lanzamientos del sello REgia Films, que está editando giallos y algunas cositas muy interesantes de Mario Bava.

      Un abrazo.

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      • 24 Abril, 2013

        Lo que es curioso es que siendo mejor y mas interesante y larga la carrera de Bava..Argento es mucho mas conocido…….O eso creo, por lo menos en circulos digamos que ajenos a los aficionados

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