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M. NIGHT SHYAMALAN

Alfredo Bonzo on 26 agosto, 2016 - 12:08 pm in DIRECTORES, REPORTAJES

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M. NIGHT SHYAMALAN, la irresistible atracción de un buen guión

El apocado panorama del cine fantástico de la década de los 90 dio un interesante vuelco con el estreno de una película cuyo único punto interesante, a priori, era el de contar con Bruce Willis como líder de un reparto desconocido del que también formó parte uno de los que parecía ser nuevo niños prodigio de Hollywood, Haley Joel Osment. El firmante de esta película era un director cuyo peso era prácticamente nulo dentro del cine comercial norteamericano, un joven realizador de ascendencia india llamado M. Night Shyamalan, el título de la película era El Sexto Sentido (The Sixth Sense, 1998), una cinta que explora con mucha inteligencia nuevos terrenos para el cine de terror, haciendo una deconstrucción del cuento clásico de fantasmas. A pesar de la modestia en la factura de la película, el Sexto Sentido supuso para M. Night Shyamalan su primera incursión en el cine mainstream desde una perspectiva netamente fantástica que se saldó con un reconocimiento de crítica y taquilla de forma unánime. La producción de El Sexto Sentido tiene un mérito doble ya que, por una parte acercó el cine de horror al público con gustos más comunes, no especializado en cine fantástico, la película contaba con un guión que incidía en la redención en la vida ultraterrena, dejando a un lado a aquellos insidiosos fantasmas vengativos con los que el cine oriental se estaba abriendo hueco en el género; por otra parte, Shyamalan comienza a crear escuela con un su estilo parco y minimalista, con un tratamiento fotográfico que rehuye el efectismo estético, poblando la pantalla de tonos marrones y grises. El quiebro final del guión, junto esa estética rayana en lo austero, define, de forma capitular, gran parte de la filmografía de M. Night Shyamalan. El éxito y la influencia de El Sexto Sentido, en lo que respecta a su tratamiento argumental influyó decisivamente en la película de Alejandro Amenábar, Los Otros (2001), de donde extrae el espíritu de ese giro final como pieza clave de su guión.

El gran éxito de El Sexto Sentido aúpa a M. Night Shyamalan como uno de los directores más rentables y prometedores del Hollywood de entonces. Sin decepcionar, aunque el público no terminara de comprender la propuesta, El Protegido (Unbreakeable, 2000) vuelve a deconstruir otro género fantástico, el de los superhéroes. Sin necesidad de invertir una fortuna en efectos especiales, apoyándose nuevamente en sus habituales giros de guión y en el carisma de sus dos protagonistas: Bruce Willis y el emergente Samuel L. Jackson. El fantastique no abandona a M. Night. Shyamalan y filma Señales (Signals, 2002), quizás su película más completa e interesante hasta la fecha, donde repite el mismo esquema narrativo de sus anteriores filmes: se plantea una situación que por cotidiana resulta creíble, desarrollándola hasta su extremo fantástico hasta su hipótesis más improbable, dotándola de un realismo casi mágico. Protagonizada por Mel Gibson, la experiencia de visionado de Señales es asimilable a una versión independiente y minimalista de aquella Guerra de los Mundos (War of the Worlds, 2005) que rodaría años más tarde Steven Spielberg.

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 Sin distanciarse del género fantástico pero incluyendo elementos más cotidianos, M. Night Shyamalan seguiría escribiendo y dirigiendo películas en las que el peso de un buen guión sería un elemento decisivo para sorprender al público y mantener su estatus de realizador intocable, de Rey Midas de la taquilla. Una nueva apuesta dio al traste con las expectativas puestas en su buena vista comercial. El Bosque (The Village, 2004) fue una curiosa reinterpretación del American Gothic más telúrico y al mismo tiempo miltoniano, retratando aquel paraíso perdido de los primeros pioneros que poblaron Norteamérica. Quizás el factor sorpresa con el que M. Night Shyamalan solía sorprender a sus seguidores se había desvanecido, el filme fue un fiasco en la taquilla, y su carrera continuó con una serie de títulos con mucho menos interés y peor resultado. La Joven del Agua (Lady in the water, 2006), con el entonces popular Paul Giamatti, fue un auténtico descalabro, desechada por el público que desconfiaba de la nueva propuesta de M. Night Shyamalan. Esta película supuso la puntilla a una trayectoria que el realizador dio por concluida, decidiéndose a apostar por la comercialidad a la hora de elegir su siguiente proyecto: El Incidente (The incident, 2008), fue una cinta resultados aún más que pobres, un somero y lánguido retrato de un apocalípsis global con guiños a la descomposición de la clase media norteamericana y a su sistema de bienestar. Decidido a subir el listón, M. Night Shyamalan debió pensar que los tiempos en los que arrasaba con su genuina visión del fantástico habían pasado y necesitaba reciclar completamente su estilo, sopesando una mirada más grand guiñolesca al cine fantástico, mirada, empero, de la que siempre había huido. Así, M. Night Shyamalan inaugura y termina esta etapa con dos películas de escaso interés que no es otro que la exhibición de unos fastuosos efectos CGI: Airbender, el último Guerrero 3D (The last airbender, 2010) y After Earth (2013), cintas que mantuvieron el tipo en taquilla pero que no aportaron nada a su peculiar visión del género de M. Night Shyamalan.

A pesar de los desaires de la última etapa de su filmografía, el genio de M. Night Shyamalan parece estar recuperándose y adaptándose a los nuevos usos narrativos del cine de horror, su última película, La Visita (The Visit, 2015), retoma su visión más indie del género, un filme que guiña al manido found footage pero al que dota de un corazón orgánico gracias a la inquietante interpretación de los actores principales. La Visita es una producción amparada por la Bloumhouse Productions, una productora especializada en los productos de terror de bajo coste responsable de la saga de La Noche de las Bestias, Paranormal Activity o Sinister; sin duda son aires de cambio para la filmografía de un realizador que comienza a desperezarse de una resaca de CGI que estuvo a punto de convertir su carrera en un callejón sin salida.

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