Crítica de Los Mercenarios 2

Los Mercenarios 2. Año: 2012 Duración: 102′  País: EE.UU. Director: Simon West. Guión:  David Agosto, Ken Kaufman. Música: Bryan Tyler. Fotografía: Shelly Johnson. Reparto: Sylvester Stallone, Jason Statham, Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger, Jean Claude Van Damme, Chuck Norris, Jet Li, Dolph Lundgren, Terry Crews, Randy Couture, Liam Hemsworth, Scott Adkins, Charisma Carpenter, Yu Nan, Amanda Ooms.

El reverdecer de los laureles de Sylverster Stallone ha sido casi milagroso. El bueno de Sly siempre se ha movido en el terreno de un cine de acción que, en muchas ocasiones, no ha podido calificarse como excesivamente popular. Sus personajes no han jugado con esa baza redentora de que sí disponían los encarnados por otros actores de su generación, como Bruce Willis o Arnold Schwarzenegger, siendo Stallone tachado de mal actor o apologeta de la violencia. Y es que unos ganan la fama y otros escaldan la lana. Pero, contra viento y marea, Stallone nunca ha decepcionado a sus fans más incondicionales y la vuelta al actioner más puro se produjo con la cuarta parte de Rambo, película de título homónimo, John Rambo (Rambo IV), y de corta duración, en la que Stallone ofrecía una visión renovada, más gore, del cine de acción.

La siguiente jugada de Stallone fue la producción de Los Mercenarios (The Expendables, 2010), película con la que compartió protagonismo con los más famosos actores de acción de la década de los ochenta, contando con incorporaciones extemporáneas como las de Jet Li o Jason Statham. La agenda del musculado italoamericano se iba cumpliendo religiosamente, y su objetivo, acceder a una nueva generación de fans, se había logrado; una nueva hornada de aficionados al cine de acción que no disfrutó en su momento de los hitos del cine de acción de los ochenta pagaba una entrada por ver reunidas a sus estrellas más famosas en esta incipiente saga, en la que el guión tiene menos importancia que la mitomanía. Y es que a estas alturas, Stallone, buen conocedor del mercado cinematográfico de entretenimiento, tiene claro que hay una gran parte  del público quiere ver películas de acción a la antigua usanza, con las estrellas que marcaron aquella época. El producto que Stallone diseñó como guionista y director del mismo funcionó tan bien que ya nos ha llegado su secuela, Los Mercenarios 2 (The Expendables 2, 2012), otro acierto seguro merced a la nueva congregación de esos actores que llenan la pantalla de músculos y armas pesadas.

Esta vez Stallone deja las riendas de la dirección a Simon West, un especialista en el cine de acción que obtuvo su éxito más sonoro con Con Air (1997), y que hace una temporada nos entretenía con The Mechanic (2011), demostrando nuevamente un gran dominio técnico del género. El trabajo de este realizador inglés presenta una rotunda diferencia en cuanto a planificación y calidad respecto al trabajo de Stallone para la primera entrega de la franquicia. Queda patente en la introducción del film, diez adrenalíticos minutos de disparos, explosiones y mamporros donde se hace la presentación de la mayoría de los “expendables” que aparecerán a lo largo del metraje: Sylvester Stallone, Jason Statham, Jet Lee, Dolph Lungred, Arnold Schwarzenegger, Terry Crews, Randy Couture y Liam Hemsworth. Quedan en recámara para su irrupción posterior Bruce Willis, Jean Claude Van Damme y Chuck Norris.

Y aparte de la larga secuencia de presentación del film, deudora de la estética violenta de John Rambo, Los Mercenarios 2 no tiene demasiadas cosas que ofrecer al público que acuda a la sala no sólo para ver a todos los astros de acción juntos. La cinta contiene un poco de entretenimiento y la impresionante presencia de Jason Statham, el actor que mejor forma física ofrece –la entrada en escena de los estáticos Chuck Norris, Bruce Willis y  Arnold Schwarzenegger es poco menos que patética-, todo dentro de un guión elaborado a brochazos, con una cohesión narrativa pueril o prácticamente inexistente, con los personajes entrando y saliendo del film sin venir a cuento, y unos diálogos que pretenden arrancarnos una sonrisa que sólo se queda en un rictus.

Queda claro que una película como Los Mercenarios (1 y 2) no debe analizarse desde un punto de vista ni por asomo académico; se trata de un producto de mero entretenimiento que obedece a una estrategia de marketing, calculada para hacer una buena taquilla y poner en valor a los incansables actores de acción, que no hay tantos, y están sujetos a las veleidades del público. Pero la inconsistencia de la cinta puede con todas las buenas intenciones que se quieran depositar en ella. Si se quiere ver, y por sacar una lectura de cierta profundidad, el nuevo orden geopolítico del mundo, con Rusia de nuevo en el punto de mira de los justicieros globales -y torturadores, véase la escena en off de la torturadora Maggie Chang (Yu Nam) a un macarra caucásico, o el chiste que uno de los personajes hace sobre Guantánamo-, va imprimiendo en el público occidental la idea de que la confrontación cíclica entre el bien y el mal, cacareada como inevitable por nuestros mandatarios, tendrá lugar contra el supuestamente caótico régimen eslavo.

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