Cisne Negro


Año: 2010. Duración: 109′ País: EE.UU. Dirección: Darren Aronofsky. Guión: John McLaughlin, Mark Heyman, Andres Heinz (Argumento: Andres Heinz).  Música: Clint Mansell. Fotografía: Matthew Libatique. Reparto: Natalie Portman, Mila Kunis, Vincent Cassel, Winona Ryder, Barbara Hershey, Christopher Gartin, Sebastian Stan.

Nina (Natalie Portman) es una bailarina de ballet que vive con su madre (Barbara Hershey), una ex bailarina ultraprotectora, que la trata como a una niña, y que no la permite conocer más espacios vitales aparte de su piso y la academia de baile. Al anunciarse el nuevo montaje de “El Lago de los Cisnes”, el director de la academia (Vincent Cassel) elegirá a Nina para interpretar a ambos cisnes, el blanco y el negro, lo que provocará que la inocente joven penetre en un lado oscuro, atrayente y peligroso, en busca de alcanzar una meta que puede acabar con su cordura.

Podría decirse que Cisne Negro (Black Swan, 2010) juega a tratar varias temáticas dentro de su trama, aunque la propuesta a priori pueda parecer sencilla, sin embargo, todas ellas se pueden resumir en una: cambio. El cambio que se produce como resultado de la lucha de opuestos, y que afecta irremediablemente a todos aquellos que rodean al sujeto cambiante. Y mucha culpa de que ese cambio afecte incluso al espectador la tiene su director, Darren Aronofski.

Aronofski confirma con esta película que su estatus como director de culto no hace sino aumentar con cada segundo de metraje que rueda. Apoyado en un diseño visual y de producción que (aunque realista) tiene mucho de onírico y paranoico (esos espejos de doble visión, las ilusiones de Portman caminando por la calle o en el metro), crea una realidad multiforme, donde los monstruos aparecen y desaparecen con cada parpadeo de ojo o, en este caso, paso de baile. Porque sin pretenderlo, (o a lo mejor lo pretendía) Aronofski compone una de las películas de terror más agobiantes del panorama actual.

Como ya hiciera en su anterior obra, El Luchador (The Wrestler, 2008), intenta equilibrar dos mundos, dos personalidades, dos personajes que viven (o intentan vivir) en lucha constante por superponerse el uno al otro, como si de un simbionte luchando contra su huésped se tratara; porque ¿qué es Cisne Negro, sino la eterna lucha entre el bien y el mal, creados por una sociedad cada vez más exigente con aquellas personas dotadas de un don para lo extraordinario? Y por extraordinario me refiero a ser capaces de escenificar un ballet hasta el punto de creer que realmente vemos un cisne sobre el escenario. De llegar a tales extremos de perfección, que nos haga sentir meros insectos contemplando erigirse ante nosotros, a una diosa oscura salida de la imaginación de un Mefistófeles cualquiera.

Por supuesto funciona como metáfora, pero también funciona como crítica. ¿Qué estamos dispuestos a pagar por alcanzar el límite de lo humanamente perfecto? ¿Está justificada tanta presión por parte del mundo externo si ello nos lleva al éxito? ¿Realmente los padres necesitan seguir viviendo sus sueños a través de sus hijos sin importar la esclavitud a la que se les somete?

Tal vez la película derive hacia territorios fantástico-alucinógenos en ciertos momentos de la trama (la visita al hospital con posterior aparición en la cocina) e incluso se permita juguetear un poco con lo erótica del espectáculo y sus enfermizas fantasías (personificadas en una carnal y ambigua, Mila Kunis), pero es precisamente esa extraña mezcla entre realidad y ficción, ese extraño atractivo morboso sobre los oscuros deseos del alma, lo que hace que al terminar la película, se te haya quedado una especie de secuela hipnótica que hace que la recuerdes sin remedio. Ese diseño de producción que degenera en entornos paranoicos, con una fotografía realmente fría, siniestra, con contrapuntos cálidos que te mantiene en un sube y baja constante, anímico y cerebral, el uso del plano holandés para reflejar lo caótico de la personalidad de Nina… magistral.

La banda sonora de Clint Mansell, colaborador habitual de Aronofsky, contribuye igualmente a crear esa atmósfera de oscura angustia ambiental, tomando como punto de partida la obsesión por “El Lago de los Cisnes” que sufre Nina. Apoyándose a la vez en varios fragmentos de la obra de Tchaikovski, de tal forma que, modificando la obra original como si de una lucha entre dos compositores se tratara, (de nuevo la lucha de los opuestos) consigue expandir su límite creativo, hacia un espacio en el que un simple tono de piano se convierte en un metrónomo que oscila entre la calma tensa y el ataque de paranoia más peligroso.

Mención aparte merece todo el reparto. Desde un Vincent Cassel, (perfecto como mentor y seductor), a Mila Kunis (increíble como rival de Natalie Portman), pasando por una Wynona Ryder que parece reflejar su ascenso y caída como actriz en esta película. Y por supuesto, Natalie Portman, auténtica alma torturada en su afán por alcanzar la excelencia, que es capaz de llegar al espectador sufrido, a base de sacrificio, entrega y sangre. Es el ejemplo último de cómo el cambio que se produce en el interior de una persona, puede afectar a todos los que la rodean, orquestando una metamorfosis irreversible e inexorable.

Al final, y después de tanta oscuridad, paranoia, agobio y locura, llega la calma. Y solo nos queda levantarnos y aplaudir, mientras el telón cae para siempre sobre la figura eterna de quién fue capaz de alcanzar la perfección, para demostrarnos al resto de mortales que la inmortalidad tiene un precio. Un precio que, en muchas ocasiones, es impuesto por la voz de la locura.

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6 comentarios

  1. Pues sinceramente, a mi pareció una película que no va hacia ningún lado. Que Aronofski navega a través de una mente enferma sin terminar de mostrar nada, mas que quizás, imágenes impactantes que juegan con nosotros.

    Eso si, el numero final impresionante y esos minutos fastuosos con una puesta en escena realmente brillante. Pero no creo que esos 15 minutos finales, salven la película….. Eso si, la protagonista esta esplendida, la película es ella, lo único malo es que hasta el final no consigue interesarme. Cuidate

  2. Es lo que pasa con estas películas tan crípticas. O de repente sufres el síndrome de Stendahl o te dejan muy frío. Muchos títulos de este tipo se pierden en el oscurantismo y la estética. No obstante, la lectura que Aronofski hace del mito del doppelgänger es cuando menos inquietante.

    Paso copia del comentario al autor del artículo.

    Un abrazo Plared.

  3. Jose Luis García-Calvo Jaime · · Responder

    Supongo Plared, que no es una película que vaya a gustar a todos por igual, pero lo bueno que tienen este tipo de películas es que producen reacciones de todos los tipos, y eso alimenta el debate sano.

    Reconozco que al igual que tú, la primera vez que la vi, me quedé sobre todo con la fuerza visual del conjunto y con la increíble interpretación de Portman, pero después comencé a darme cuenta de que había más detalles, más fondo en esa paranoia… aparte de las razones que da Alfredo, yo también me quedaría con esa obsesión por la perfección, inducida por el entorno que rodea a una persona y las consecuencias que puede traer. Y sobre todo ese mensaje subliminal de que todos tenemos una máscara, todos somos dos personas, la que mostramos al mundo, y la que escondemos en la oscuridad (el mito del doppelgänger), y todo ello en una línea evolutiva coherente a lo largo de todo el metraje, que va desde la inocencia más restringida a la pasión más peligrosa.

    Creo que Aronofski dejó claro con “The Wrestler” que era muy bueno a la hora de ver las dos caras de una misma persona. De hecho, él iba a dirigir “Batman Year One” antes de que Nolan dirigiera “Batman Begins”, otra historia de doble personalidad. Y creo que ahí radica el éxito de esta película, y sus posteriores debates: Aronofski. El poder convertir una historia aparentemente sencilla, y vista (porque historias sobre doble personalidad ha habido siempre) en una película diferente, arriesgada, valiente y capaz de generar debate, polémica, y comentarios de todo tipo, como el tuyo, que me parece muy bien argumentado y razonado.

    Gracias por comentar!

    Un saludo, Plared.

  4. No si el planteamiento, me parece bueno. Lo único es que me da que naufraga y al final ni sabe que quiere contar. Si algo salva la película es la interpretación de Portman, realmente notable y lo único que hizo que aguantara hasta el final. Cosa que me alegro, ya que los últimos minutos, si son esclarecedores y rodados con un sentido del tiempo espectacular. Hay, parece que recupera el sentido y en esas escenas me cuenta mas que en toda la película…

    Y en cuanto a El luchador, pues no es que sea mala, pero me parece una chapucera copia en intenciones, que no en argumento de Fat city, Pelicula a la que no llega ni a la suela de los zapatos. Cuídate y de cualquier forma, tu articulo es bueno, coincida o no en la opinion

  5. El film es un pedrusco dentro de la carrera del director, y un burdo plagio de Perfect Blue del finado y llorado Satoshi Kon; eso sí con mucho menos sentido estético y capacidad de fabulación.

  6. Supongo, Carl que en cierto sentido, cuando realicé esta crítica hace un par de años, lo hice llevado por el subidón de haber visto una película que me motivó de forma especial, tanto a nivel visual, estético como de argumento. Pero quizás mi crítica abusa de demasiado momento de euforia y poco objetivismo, aunque lo intenté. En mi opinión dentro de la carrera de Aronofski me parece de lo mejor que ha hecho, básicamente porque me parece que a “El Luchador” le faltaba fuerza visual, y porque “La fuente de la vida”, era demasiado pretenciosa. “Pi” y “Réquiem por un sueño” sí que me parecen buenas películas. Pero bueno, es solo una opinión. Por supuesto, respeto la tuya, aunque no la comparta, pero está bien que al menos la película de para diferentes opiniones y argumentos. Un saludo.

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