Reflejos (Mirrors)


Mirrors poster

Año: 2008. País: EE.UU. Duración: 110’ Director: Alexandre Aja. Guión: Alexandre Aja, Grégory Levasseur. Música: Javier Navarrete. Fotografía: Maxime Alexandre. Reparto: Kiefer Sutherland, Paula Patton, Cameron Boyce, Erica Gluck, Amy Smart, Mary Beth Peil, Jason Flemyng.

¿Y si los espejos reflejaran algo que está más allá de nuestra realidad? (Ben Carson / Kiefer Sutherland)

Ya queda un poco olvidado aquel tiempo en el que la nueva ola de cine de terror oriental arrasaba entre los aficionados al género, e incluso alcanzaba gran popularidad entre el público en general. Directores como Hideo Nakata (Ringu, 1998), Takashi Miike (Llamada perdida, 2003) o los Pang Brothers (The Eye, 2003) llenaron nuestras pantallas con fantasmas vengativos de rostros pálidos como la cal, que no mostraban compasión alguna con sus víctimas. Todo lo contrario, el castigo de estas entidades tenía gran un componente orgánico y a sus víctmas les procuraban muertes a cada cual más cruel y aparatosa. Así se consolidó un fenómeno basado en la estética del terror minimalista, con sustos y atmósferas sombrías, en el que los espíritus fagocitaban las almas de todos aquellos que se cruzaban en su camino. El vínculo entre el mundo de los espíritus y el nuestro presentó una diferencia importante con respecto al cuento de fantasmas clásico, incluyendo a la tecnología actual (televisión, fotografía o teléfono) como moderna tabla de ouija para el nexo entre espectro y víctima. Se abandonaban así algunos cánones de los relatos de fantasmas aunque, en realidad, lo que los cineastas orientales pretendían era redefinir el género mediante la combinación de la estética sombría clásica con elementos posmodernos como el gore o la tecnología.

La andadura del cine de fantasmas oriental fue corta pero intensa. Ante los primeros éxitos de taquilla, Hollywood puso en marcha su maquinaria y, uno por uno, se fueron haciendo los remakes de los títulos más populares. Unas veces el encargado de llevar a la pantalla el remake era un director norteamericano (The Ring, de Gore Verbinsky), y  otras el propio director (El Grito de Takashi Shimizu), y así hasta que la fórmula llegó al agotamiento y las salas de cine se empezaron a vaciar; las películas se parecían unas a otras como gotas de agua y normalmente los remakes USA no estaban a la altura de la obra original. Tardíamente le llegó el turno a la película surcoreana El Otro lado del Espejo (Geoiul Sokeuro, 2003) del realizador Kimg Seo-ho; el encargado de dirigir el remake sería un peso pesado del fantástico actual, el francés Alexandre Aja; y el título del la versión USA sería Reflejos (Mirrors, 2008).

Ben Carson (Kiefer Sutherland) es un policía suspendido de su cargo que consigue trabajo como guardia de seguridad en los grandes almacenes neoyorkinos Mayflower, devastados por un incendio décadas atrás. Durante sus rondas se enfrentará a misteriosos sucesos paranormales relacionados con los espejos del centro comercial. Pronto los fenómenos serán más violentos y él y su familia se verán acosados por una presencia maligna que habita en cualquier superficie reflectante. Carson deberá resolver el misterio que encierran los espejos o él y su familia morirán de una forma horrible.

El arranque de la película no puede ser más brutal: un guardia de seguridad busca refugio en los baños de una estación de metro. Su propia imagen dentro de un espejo hará que se corte el cuello y muera chapoteando en un gran baño de sangre. Alexandre Aja deja una cosa clara con este epílogo, él fue el creador del cinema de la carnage –corriente de cine de terror francés caracterizado por el gore y la brutalidad- con su segunda película, Alta Tensión (Haute Tension, 2003), y no va a renunciar a sus señas de identidad; la película ya promete ser truculenta y bestial. No decepciona en ese aspecto pues contiene escenas que ya se han convertido en clásicos del cine gore, no sólo la del degollamiento del guardia ante el espejo, también se nos ha quedado grabado en la retina el impactante desmembramiento en la bañera, otro de los platos fuertes del film -ahí, como en otros momentos, los efectos especiales de Greg Nicotero son impresionantes-. Tras la introducción, los títulos de crédito, acompañados de la sólida partitura de Javier Navarrete, nos muestran un Nueva York especular, construido con acero y cristal, reflejo de sí mismo y marco contemporáneo donde se desarrollará la historia, aunque en realidad casi todo el rodaje tuvo lugar en Bucarest.

Aja y su guionista habitual Gregory Levasseur saben que lo que tienen entre manos es un típico relato gótico, en el que se sustituye la casa encantada por el ruinoso centro comercial. Los fantasmas que habitan una mansión gótica quieren algo de los humanos y normalmente los protagonistas deben satisfacer la demanda de los espectros, o harán frente a las represalias de los seres de ultratumba. Así, la película contiene una extensa trama detectivesca que llevará al protagonista a multitud de escenarios (desde una granja perdida hasta un convento) para averiguar quién es Esseker. Todos aquellos que han sido acosados por el espectro de los espejos han sido conminados a encontrar a alguien o algo llamado Esseker. En este punto, la cinta entronca de forma clara con el argumentario del cine oriental de fantasmas (por ejemplo las pesquisas que realiza la protagonista de Ringu), ganando en interés y dando aliento a un  metraje que a veces se atasca, y que sólo consigue tirar adelante con el inserto de fórmulas narrativas muy mecánicas, que demuestran que una de las ambiciones de este título es la de ofrecer una trama densa, y en ocasiones efectista, para obtener el beneplácito del gran público, no sólo de los aficionados.

Entre todos los escenarios donde se desarrolla el film, el centro comercial es el centro neurálgico del Mal, donde la trama comienza y termina, y donde el espectro posee toda su fuerza. Al igual que el Hotel Overlook (El Resplandor, 1980) los grandes almacenes Mayflower almacenan la energía psíquica del espectro y de sus víctimas, convirtiendo aquí los espejos en contenedores de almas atormentadas, emponzoñadas por la maldad de un ser vengativo. Este escenario ha sido recreado con mucho acierto y fotografiado de forma limpia y explícita por Maxime Alexandre –otro habitual del equipo de Aja-. El diseño de producción también ha sido muy esmerado y nos ofrece cuidados sets de pasillos, stands y probadores calcinados, con harapos quemados como cortinas, tras las que se ocultan las víctimas abrasadas del incendio -a modo de ecos del pasado, pueden ser contempladas en plena agonía poniendo en frente un espejo-. Los maniquíes sucios y calcinados son testigos mudos del horror, incidiendo en el aspecto sobrecogedor y desangelado del edificio. Los grandes espejos acosan al protagonista como ojos invisibles y tiene capacidad de cambiar y regenerarse, son objetos “mágicos” que cumplen su función de nexo entre el mundo de los vivos y de los muertos. En The Ring, la televisión era el objeto impregnado por una feroz energía negativa que lo convertía en pasarela a nuestro mundo, en Mirrors son los espejos.

También el sótano es un espacio imprescindible en el walkthrough de una casa gótica. Es en el sótano donde el Mal es siempre más fuerte. La ocultación a la luz de los más terribles secretos juega a favor del espectro y en contra del protagonista que, como buen héroe, no se amedrantará en sumergirse en estos pasillos húmedos y oscuros. Es ahí donde Ben Carson descubre una de las piezas clave para desentrañar el misterio detectivesco que propone la cinta, y también el sótano es el sitio donde se determinará el sangriento desenlace de la película; un final granguiñolesco con monstruo incluido, proeza de la maestría Greg Nicotero. El final es una pieza repleta de acción y efectismo, punto positivo para un metraje que a veces chirria entre el drama familiar y la trama policíaca.

Mirrors es una película que navega entre dos aguas, la del compromiso del realizador de Las Colinas Tienen Ojos (The Hills have Eyes, 2006) con el género pero también la de compromiso de éste con un público más amplio. Los clichés del cine de terror y policíaco están por doquier, haciendo de bisagra a una historia que a veces avanza con lentitud, sin saber muy bien adónde. Éste es el principal escollo para el aficionado al género. Si otras películas de Aja se distinguían por su dinamismo, en Mirrors esta virtud se diluye a favor de un enfoque más comercial. No obstante, Aja deja su impronta y un puñado de momentos imprescindibles para el cine de terror contemporáneo.

Antes de decididir si incluir o no esta película en nuestra colección, bien merece una oportunidad por cuanto Alexandre Aja representa, y por esos momentos impagables que contiene Mirrors. Se considera necesario echar un vistazo a los extras del dvd/bluray. En ellos encontraremos el capítulo Anna Esseker Footage, una pieza imprescindible que hubiese enriquecido la película si se hubiera incluido en el metraje, y que daría una dimensión más profunda y terrorífica a la historia. Al menos los productores han tenido a bien incluirla en la edición doméstica. Y tras el visionado de Mirrors seguimos creyendo en Alexandre Aja, su figura dentro del fantástico es grande, inmensa.

2 comentarios

  1. Una muy buena pelicula, con trama inquietante y la justa dosis de escenas brutales para que no pase a ser un espectaculo dantesco. Junto a sesion 9, de lo mejor que recuerdo ver en los ultimos tiempos. Me gusto mucvho, buen comentrio

    1. Con la gente que he hablado a casi nadie le gusta mucho, lo cual no entiendo. Igual que tú, me parece que las dosis de gore están muy medidas y tiene un argumento suficiente para mantener una trama con interés. Si tienes acceso al dvd mira el Anna Esseker Footage, que enriquece mucho al film.

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