Sucker Punch


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Año: 2011. Duración: 109 minutos. País: EE.UU. Director: Zack Snyder. Guión: Zack Snyder, Steve Shibuya. Reparto: Emily Browning, Vanessa Hudgens, Abbie Cornish, Jena Malone, Jamie Chung, Carla Gugino, Jon Hamm, Scott Glenn, Oscar Isaac, Danny Bristol, Vicky Lambert.

La escena del cine fantástico ha venido polarizándose durante la última década. Entiendo que para bien. Frente a grandes producciones que juegan sus bazas a los efectos especiales y la nueva tecnología en 3D, hay un panorama independiente, que podría mal llamarse serie B. En el pasado, la serie B era el hijo tonto de estas grandes producciones; películas que querían imitar a sus entronizados modelos fílmicos, sin llegar, en muchas ocasiones, a la calidad que éstos últimos ofrecían en todos los aspectos, no solamente los técnicos y presupuestarios. En la actualidad, este movimiento independiente cuenta con medios muy medidos a la historia que quieren contar, con mejor o peor fortuna, pero insuflando unas dosis de creatividad desconocidas desde los años 70. Dentro aquel  primer segmento alejado del panorama independiente, tenemos a producciones como Origen (2010), 2012 (2009), Airbender (2010) y otras muchas, sólo por citar ejemplos que tenemos cercanos. Muchas de estas superproducciones, diseñadas para satisfacer las exigencias del público de todas las edades, anestesiándole con un despliegue apabullante de efectos especiales, dejando enormes lagunas en la parte argumental, e incluso prescinden de la épica que, con poco esfuerzo, lograrían gracias a su gran disponibilidad de medios. Sucker Punch (2011) está incluida en este grupo.

El film fue concebido como un proyecto personal por su creador, Zack Snyder, cineasta clásico ya por sus buenos resultados conseguidos en Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead, 2004) y 300 (2007). Tal es así que fue toda una sorpresa para el realizador ver culminado su sueño de contar una historia con varios niveles narrativos en los que se combinasen diversos escenarios, acción sin límite y una sensualidad al estilo “manga”.

Tras una apresurada introducción, la protagonista, Babydoll (Emily Browning), es internada en un manicomio por su malvado padrastro, con el objeto practicarla una lobotomía, y así poder hacerse con la herencia familiar, quitando de en medio el último obstáculo tras la muerte de su esposa e hijastra menor. Durante el internamiento, a modo de flashback, se van dibujando los otros dos niveles de narración. En el primero de ellos, Babydoll reside en un prostíbulo donde las chicas son educadas para ejecutar un sensual  baile para disfrute de los hampones de turno. Dicho baile obnubila las mentes de los presentes y sume a Babydoll en un trance, que es último nivel narrativo de la historia: una serie de set-pieces de acción con una débil relación entre sí, y que son el último y principal objetivo de Snyder. Es en estas escenas de acción donde se despliega toda la destreza técnica de la producción: escenarios imposibles (steam-punk, fantasía épica, oriental y futurista), luchas increíblemente coreografiadas y grandiosos trucajes digitales que se muestran eficaces, e incluso verosímiles, dentro del marco de acción en el que se desarrolla cada una de las escenas. Todas las secuencias, comenzando por la introducción en blanco y negro, están ambientadas con rock industrial de ritmo sostenido que aumenta la angustia del espectador mientras aguarda el clímax de la violencia que está por llegar.

Desde el minuto veinte de la cinta, en la que comienza la primera secuencia de acción está claro que la historia de Babydoll en el mundo real ya ha dejado de tener sentido y sólo nos queda recrearnos en la propuesta visual de Snyder. Es ésta la gran virtud y el gran defecto del film. El contenido dramático de la cinta es tan insustancial que ni siquiera presta atención a la supuesta sensualidad de los bailes de Babydoll -¡que nunca vemos!- como pasaje a esa otra dimensión de lucha sin cuartel. Tampoco sabemos de qué referencias culturales saca Babydoll esos universos que reflejan las escenas de acción. En el plano actoral, las intérpretes están vacías de emoción y sentimientos como llenas de hostilidad a la hora de escenificar el espíritu combativo norteamericano, empuñando el CAR-15 y llenando de plomo todo bicho vivo y no-vivo que se cruza en su camino. A este respecto, las pocas escenas dramáticas que las actrices tienen entre ellas se resuelven sin apenas un cruce de miradas. En el último acto, aparece otro de los defectos de este film: tras el confuso combate con los robots tres de los personajes son eliminados rápidamente, en apenas unos minutos, para agilizar la conclusión de la película.

¿Falta de presupuesto? ¿Falta de pretensión? ¿Snyder quiere un blockbuster? Cualquier cosa es posible pero lo que está claro es que si el realizador quería dar a la película una dimensión más dramática, ha fallado de forma inexplicable. Si quería que fuese un olvidable e impecable ejercicio de acción y técnica, ha acertado de pleno. No obstante debemos recordar que en el futuro, la cinta no se proyectará en pantalla grande sino en formato doméstico, y entonces ya veremos que queda de las pocas virtudes que contiene.

 

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