Sunshine


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EN EL ESPACIO NADIE PUEDE OÍR TUS GRITOS

“En el espacio nadie puede oír tus gritos” fue el leitmotiv de la reinvención del cine fantástico a finales de los años setenta. Era el momento del estreno de la gran película de Ridley Scott, Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979). Dos años antes de este estreno, en 1977, el género espacial se vería abocado a una serie de interminables exploits de La Guerra de las Galaxias (Star Wars, 1977). Estos exploits reincidían en conspiraciones planetarias, viajes a la velocidad de la luz y combates con malignos emúlos fantásticos de tropas soviéticas y nazis. El estilo argumental y formal que inaugura La Guerra de las Galaxias correspondía más a una necesidad propagandística para ganar la Guerra Fría entre los bloques comunista y capitalista,  que a una necesidad de género. El análisis de La Guerra de Las Galaxias pocas veces se ha hecho desde este punto de vista ya que la mitomanía creada a su alrededor han impedido un estudio serio de los personajes, situaciones, y los paralelismos con la realidad sociopolítica de su  tiempo, análisis que no trataremos aquí por la magnitud de su alcance y del impacto mediático que la saga Star Wars sigue provocando. En el momento de la creación de “Alien, el octavo pasajero”, el guionista Dan O´Bannon  olvidó los complejos políticos arrastrados por el éxito de La Guerra de las Galaxias. Esto posibilitó que el género se  pudiera redefinirse asimismo, añadiendo un componente que lo enriquecería de forma notable: el survival horror. El guión de Dan O´Bannon hablaba de tranquilos viajes espaciales en cruceros de mercancías, en una galaxia en paz, de reencuentro con formas de vida alienígenas y, lo que es definitivo, de la soledad, el silencio y la desesperación de saberse sin escapatoria ante una amenaza biológica desconocida, superior a la tecnología humana en medio del espacio, donde “nadie puede oír tus gritos”. Así, la nave Nostromo se convierte en la casa gótica espacial, donde los fantasmas se cambian por entes alienígenas cuya única intención es comer y reproducirse, sin ningún tipo de respeto a la sacrosanta biología humana: nace el SPACE HORROR SURVIVAL. “Alien, el octavo pasajero” sufrió, aparte de unas buenas y merecidas secuelas, una exploitation de muy bajo presupuesto que nunca llegó ni a acercarse a los resultados obtenidos por Ridley Scott. Como título señero de esta avalancha de imitaciones recordemos el film La Galaxia del Terror (Galaxy of Terror, 1981), producido por Roger Corman.

Habría que esperar a finales de los años 90 para encontrar una película que retomase de forma digna el Space Survival Horror, Horizonte Final (Event Horizont, 1997) de Paul S.W. Anderson, director afincado en el terreno fantástico desde sus primeras creaciones, y que ha aportado títulos tan importantes como Soldier (Soldier, 1998), Resident Evil (Resident Evil, 2002) o Alien Vs. Predator (Alien Vs. Predator, 2004). Esta película introduce el argumento de la misión espacial y del reencuentro con su nave predecesora en dicha misión, ahora nave convertida en un ente maldito e intangible que aniquilará uno a uno a todos sus visitantes. Como guiño a “Alien, el octavo pasajero”, se rememora la escena en la que los tripulantes se afanan en recolectar bombonas con líquido refrigerante para asegurar su supervivencia en el viaje de vuelta a la Tierra. La cinta es puro cine de terror ambientado en un entorno espacial, tecnificando entidades malignas y convirtiendo a hombres de ciencia en pervertidos entregados a orgías y automutilaciones poseídos por el Caos primordial, analogía del Mal en la cultura clásica.

 

Con una línea argumental parecida a Horizonte Final, otro de los directores contemporáneos más arriesgados de nuestro tiempo, Danny Boyle, realiza la película Sunshine (Sunshine, 2007). Danny Boyle es firmante de otra cinta que reinventó el género zombi, 28 días después (28 days later, 2002) en un momento en el que el zombi estaba devaluado, debido al estancamiento del prototipo de muerto viviente creado por George A. Romero.

 

Los parecidos con Horizonte Final pueden distraernos de los verdaderos valores de la película, empezando por la contemporaneidad de su argumento: el Sol se muere y ha sumido a la Tierra a una decadencia climática que supondrá la desaparición de gran parte de la vida; una misión, encargada de arrojar una bomba nuclear al Sol ha desaparecido, ahora una nueva nave afronta ese reto. Este argumento recupera para el cine el angst ecológico del hombre moderno, la existencia de una civilización hiperdesarrollada, con tecnología que cada vez nos suena menos a ciencia ficción, causante de su esplendor y su ruina, y la inminencia de un cambio climático que ya ha sido asimilado por nuestra cultura.

La segunda de las naves enviadas a arrojar la bomba al Sol encuentra señales de la primera de ellas. Durante el encuentro, un ente desconocido penetra en la segunda nave y trata de eliminar  los tripulantes para evitar que cumplan su misión. Los protagonistas deberán poner a salvo la nave y acabar con el ente, que resulta ser el Capitán de la anterior misión, trastornado y abrumado por la magnificencia del astro rey.

El Sol ha sido considerado desde antiguo como un Dios que da la vida a la Tierra. Esta circunstancia cultural es aprovechada por el guionista de la cinta, Alex Garland (La Playa, 28 días después) como revulsivo de las obsesiones personales de algunos de los protagonistas y detonante de la historia de horror que sucede dentro de las ambas naves.

Es el sacrificio y el heroísmo de toda la tripulación, junto a la excelente banda sonora de John Murphy, lo termina de imprimir un tono épico y redentor a la cinta. En este aspecto se podría recordar a la catastrofista Armageddon (Armageddon, 1998) pero ésta no cubre ni de lejos el amplio aspecto de referencias y argumentos fantásticos que tiene Sunshine. Recordemos el lacrimógeno discurso de Bruce Willis antes de salvar al planeta frente la sobria y madura declaración de sacrificio del personaje de Cillian Murphy en Sunshine. En definitiva, Sunshine es una película que, gracias a su sinceridad y modestia, debería ser incluida como referencia dentro del imaginario espacial del cine fantástico. Esperemos que el tiempo dé la razón al autor de este artículo.

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2 comentarios

  1. Muy buena película, bastante entretenida y visualmente muy conseguida, quizás flojea un poco el reparto, no hubiera estado de más incluir algún actor veterano que diese el contrapunto de la experiencia….todos parecen novatos y no es precisamente una tripulación así la más idónea para una misión vital para la tierra. En cualquier caso es un placer el visionado de esta película y muy original el tema del Sol y la adicción que produce el recibir su luz.

    1. A mí solamente por el hecho de ser una producción europea de estas características, ya me parece algo increíble. Te recomiendo que eches un vistazo a una peli sueca llamada Cargo. Con un argumento un poco más flojo pero bueno…cabestroooooooooooooo.

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